Monday, September 25, 2017

COMO SOBRELLEVAR UNA DOBLE VIDA. Capitulos 15, 16, 17 y 18

15. EL ESTRENO
 En tres semanas estaba en las oficinas de Benjamín con los DVD de la película editados. El productor y otros dos individuos que no conocía y que me fueron presentados aunque  puse poca atención a sus nombres, la secretaria y su pollera ajustada y yo entramos a una pequeña sala de cine con unos diez o doce sillones y en la pared una pantalla de plasma de considerable tamaño. Un operador casi mudo pues lo único que hacía eran gestos genuflexos, no solo con Benjamín sino con todos los demás, yo incluido, colocó el DVD y comenzó la función.
Silencio, silencio, silencio. Aún en los momentos que tenían un toque de gracia. En la inesperada escena del crimen uno de los individuos saltó imperceptiblemente de su asiento lo que noté pues estaba sentado justo a su lado. El resto parecía estar en otro mundo, muy lejos de allí.
 Llegó el fin, los créditos, la luz. Acomodé la vista acostumbrada a la penumbra y miré a los hombres esperando una reacción.
-Buena, buena.- Dijo lacónicamente Benjamín.
-No solo buena, ¡Buenísima!- Acotó el que había dado el salto.
-Bueno, no es para tanto- Insistió Benjamín.
El otro no dijo nada. La secretaria me tomó del brazo y cuando la miré me hizo un guiño cómplice de aprobación.
-El jueves próximo la estrenamos en ocho salas del centro, luego vemos. Espero verlo en el  preestreno, el miércoles- Dijo Benjamín.
A la semana siguiente estaba firme como un soldado en el hall del cine al que habían sido convocados los periodistas especializados. Yo era un soberano desconocido para ellos salvo uno, especializado en cortos publicitarios, que me abordó en cuanto me reconoció. La curiosidad de los otros al ver que me estaba haciendo un reportaje se hizo patente al rodearnos solicitando turno para que les dijera unas palabras.
En eso estaba cuando llegó Benjamín que no se perdió de acotar.
-Disfrute, disfrute, el problema es que van a decir mañana en los diarios-
Decidí ignorarlo.
En medio de la muchedumbre de invitados especiales, actores, actrices, modelos, figurones y representantes de distribuidores y cadenas de salas de exhibición, apareció Sissy, totalmente travestida.
-Hola cielo- Me dijo dándome un beso en la mejilla.
Un periodista la reconoció y la llevó a un costado para reportearla. Otro se me acercó.
-¿Sissy se vino vestida como su personaje?- Preguntó y yo supe que pasaba algo raro pues ese no es su nombre artístico sino el que usa cuando está como crossdresser.
-¿Quién sos?- Pregunté al periodista.
Acercó su boca a mi oído y murmuró.
-Rosa-
-Debí sospechar que te iba a encontrar algún día-
-Yo no estaba seguro de si eras o no Sabrina, pero en cuanto vi a Sissy lo confirme pues Carmen me había dicho que estaba trabajando en una película que vos dirigías-
-Y ahora te toca opinar. Espero que seas imparcial-
-Lo soy, siempre lo soy-
En ese momento se abrieron las puertas para facilitar el ingreso a la sala. Sissy se paró a mi lado y entramos.
Sentarme en las primeras filas me resulta incómodo para disfrutar de la película, por ello, a pesar de que tenía un lugar reservado adelante me ubiqué mucho más atrás y por el medio de la fila de asientos. De esa manera podía, también, observar mejor las reacciones del público. Esas reacciones fueron satisfaciéndome. Los silencios, las risas, el salto ante la escena del crimen, la tensión cuando el protagonista era acusado, el alivio sobre el final, fueron expresados con el inconfundible lenguaje corporal. Pero no estaba preparado para lo posterior. Cuando apareció la palabra fin, comenzaron a aplaudir, luego uno se paró, y luego otro y otro y de pronto estaban todos incorporados de sus asientos aplaudiendo a rabiar. Yo que continuaba sentado sin hacer ningún gesto sentía las miradas curiosas de los que estaban a mí alrededor hasta que Benjamín que pasaba por el pasillo buscándome, me ubicó.
-Vamos, muchacho, a disfrutar de la gloria-
Y cuando me incorporé sentí muchas manos que trataban de tocarme y muchas bocas que expresaban su admiración. Benjamín me llevó al escenario en tanto continuaban los aplausos. Cuando estuvimos arriba, mientras me levantaba la mano como a un boxeador, gritaba al público
-¡Es la nueva revelación del cine nacional!-
Y dirigiéndose a mí agregaba
-Siempre supe que íbamos a triunfar-
-Cállese viejo hipócrita- Contesté aunque no estoy muy seguro de que lo haya escuchado.
En tanto, todo el elenco incluida Sissy, subieron al escenario respondiendo a los vítores y aplausos que no habían cesado.
-¿Vamos a festejar?- Me preguntó Sissy en cuanto se calmó la reacción del público.
-No, no estoy de humor, prefiero disfrutar de esto a solas, en mi casa- Le contesté intentando huir de allí lo antes posible.
Benjamín me detuvo en el pasillo.
-Vamos a festejar- Propuso.
-No, mañana hablamos-
Se quedó mirándome sin comprender.
-Es tu momento de gloria-
-Veamos mañana cuando venga el verdadero público- Contesté y continué mi salida.
La avenida Corrientes estaba llenándose de la gente que salía de los cines. Paré un taxi y le pedí que me llevara a la Estación Retiro. Tomé el tren y luego de un corto viaje bajé en mi estación vacía y en penumbras. Caminé las trece cuadras que me separaban de mi casa sin pensar siquiera en la posibilidad de ser asaltado. Debía ser mi día de suerte pues llegué sin novedad. Entré, me saqué toda la ropa de hombre y me puse las primeras prendas femeninas que encontré en el ropero. Abrí una botella de vino, me la tomé sin usar vaso siquiera y me dormí sentada en el sillón con la televisión encendida.
Al otro día me levanté temprano para hacerme de todos los diarios. El canillita se sorprendió por la compra. Los leí detenidamente. Las críticas eran un mar de elogios. Tanto a mí como al elenco todo. La recomendación para verla era absoluta. O casi. Uno solo de los críticos opinaba que era una obra intrascendente. Anoté su nombre. Aunque no lo conocía, sabía de quién se trataba.

 16. ESTADO DE SITUACIÓN
Pasado el trance del estreno volví a mis tareas habituales. Había logrado mi propósito y estaba seguro que Benjamín volvería con más propuestas. No era cuestión de dinero sino la satisfacción de que fuera reconocido mi trabajo, pues durante los reportajes el día del estreno y en algunas notas posteriores para diversas radios y revistas había aclarado que la parte artística de la película era totalmente obra mía y que el productor no había tenido nada que ver en ello. Así que si a Benjamín no le gustaban mis declaraciones podía muy bien ir a martirizar a otro director, mi nombre era conocido y ya podía pensar en hacer las valijas pues la película estaba invitada para el Festival de Cine de Berlín.
Entretanto continué asistiendo a las reuniones en lo de Claudia. En ocasiones iba vestida de hombre y me cambiaba allí y en otras iba directamente vestida de mujer, según los estados de ánimo. También sentía la necesidad de salir sola, y no solamente de noche sino en pleno día. La luz diurna puede ser más reveladora de nuestra verdadera identidad, pero me fui acostumbrando. Solía ir al Centro Cultural Recoleta, al Museo de Bellas Artes o al Paláis de Glace. Para no llamar la atención procuraba vestirme sobriamente, usaba blusas cerradas, saquitos, polleras hasta las rodillas y botas media caña o zapatos clásicos.
Me animé a salir en bicicleta, actividad que solía realizar como hombre, pero que con el uso de unas calzas ajustadas, cortas o largas, musculosa, la peluca bien firme para que no se vuele y anteojos para sol me convertía en una presa apetecible para los varones que suelen andar por diversos lugares, ya sea para hacer ejercicio o como una buena excusa para huir de sus esposas los domingos como yo lo había hecho antes. De manera que me hice ver por los lagos de Palermo, la Reserva Ecológica, sitio habitual de encuentros homosexuales, el Tigre, el Paseo del Tren de la Costa, Puerto Madero y las Costaneras, norte y sur. A estas aventuras ciclísticas se sumaron Julia, Carmen y Jenny cuando no estaba de guardia en el Hospital, lo que las convirtió en una actividad esperada durante la semana y que reemplazábamos juntándonos a tomar mate en la casa de Julia cuando llovía.
En lo de Claudia nos encontrábamos la mayoría del grupo. Para ser sincera debo decir que nos llevábamos bien a pesar de las diferencias de carácter. La realidad era que no había ningún motivo para que no fuera así. En todos los grupos humanos hay personas con diferentes puntos de vista ante la vida y eso no significa que se lleven mal. El hecho de no haber sido mencionado por bastante tiempo el proyecto de Julia y Carmen aquietó las aguas y pareció como si el tema estuviera definitivamente olvidado. Yo me sentía más tranquila. No tenía intención de confrontar con ninguna de las chicas, había quedado en el centro de la polémica por que, siendo una recién llegada, las autoras de la idea me habían propuesto para llevarla a cabo y eso había generado, sin dudas, los celos de las demás.
Siendo más detallista sentía diferentes sensaciones con cada una de ellas. Mónica, después de las bromas iniciales era una incógnita para mí. Con Jenny nos unía aquella relación lésbica de la primera noche y aunque no la volvimos a repetir fue como un pacto de amistad profunda. Gabriela, aunque les pareciera molesto a las demás que anduviera creyéndose una diosa, a mí me causaba gracia y le hacía bromas comparándola con Moría Casán. Rosa me contaba a cada rato que a veces deseaba terminar con todo eso del crosssdressing pero que no podía evitar volver a hacerlo.
-No lo evites, no tenés por que hacerlo- Le repetía yo una y otra vez.
Sweet era una liberada, como yo, y no le importaba nada, como yo, la única diferencia era que le gustaban las mujeres y a mí no.
Antonia me consultaba a menudo si debía o no mudarse de la casa de sus padres
-¿Vas a esperar que te descubran, como la esposa de Rebeca?- Le preguntaba a mi vez y ella se quedaba pensando hasta que me aseguraba que iba a ponerse a buscar departamento, lo que nunca hacía.
Agustina se sentía fea. Martirizaba a todas diciéndole lo lindas que eran y en cambio ella no podía igualarlas. Lo cual no era cierto. Tenía un delicado y grácil cuerpo y sus rasgos no delataban su masculinidad e incluso, habiéndola visto mientras se cambiaba en una de las reuniones diría que hasta era muy atractiva como varón. Amanda se había pegado a mí como una rémora. Continuamente me abrazaba y me besaba y si no fuera por que comprendía que esa conducta era producto de su timidez y veía en mi algo así como una madre protectora la hubiera llevado a la cama para una relación aunque fuera lésbica. Rebeca pasó del odio al amor. Cuando comprendió que lo mejor que pudo haberle pasado era separarse me lo agradecía constantemente. Y Sissy, agradecida por haberle dado el papel en la película insistía en saber si existía la posibilidad de viajar juntas a Berlín. Julia y Carmen eran tema aparte. Se habían convertido en las mejores amigas. Con Carmen me sucedía que era la primera vez que me sentía completamente relajada hablando con una mujer real. Desde mi separación tuve varias pretendientes dispuestas a sacarme de mi estado de soltería, que, por supuesto ignoraban que hacía rato que no quería saber nada de ellas y no solo por mi homosexualidad sino porque las veía insinuarse y temblaba, recordando lo despóticas, manipuladoras y culpabilizadoras que son, además de su propensión a jugar su rol preferido, el de víctimas. Yo, mujer, jamás sería como ellas, pensaba a menudo. Carmen era otra cosa. El hecho de haber aceptado a su marido con su pasión por el crossdressing, acompañarlo y alentarlo la convertía, a mis ojos, en una excepción maravillosa.
En cuanto a mis hijos, continuaron viniendo a mi casa al almorzar un sábado cada mes o cada dos meses. Jamás me atreví a vestirme de mujer delante de ellos, que lo supieran era una cosa pero todo tiene sus límites y yo tenía los míos. En realidad no volvimos a hablar del tema que quedó cubierto con un manto de olvido. Sabiendo que en medio de la primera sorpresa cada uno de ellos reaccionó de acuerdo a su carácter no quise volver a tensar la cuerda para no generar molestos momentos. De todas maneras lo dicho, dicho estaba y no se podía volver atrás. Lo que había logrado en lo personal era sentirme más relajada. Ya no tenía que andar disimulando y lo mejor de todo era que no sentía culpa por la revelación. Antes bien, pensaba que su reacción era una cuestión de ellos. Yo tenía bastante con mi vida.


 17. UNA NOCHE TERRIBLE
 Las noches y la ciudad eran mi tiempo y mi territorio.  Cuando comencé a hacer mis paseos era muy poco propensa a andar después de ciertas horas por la calle temiendo por la inseguridad reinante. De a poco me animé en esta situación que conllevaba  más riesgo. Una mujer es una víctima propicia y, aunque no fuera mujer en realidad, la ropa que lucía, aunque no fuera provocativa, podía generar en los hombres actitudes violentas difíciles de evitar, agregado al hecho que debajo de las prendas femeninas sentía una cierta indefensión. Suponía que ante un ataque no podría responder como hombre.
De todas maneras trataba de no sentir temor. Era precavida pero no podía dejar de salir como Sabrina ni dejarme llevar por el miedo.
Una noche salí de Angel´s caminando lentamente hacia Córdoba y Callao decidida a tomar el subte. Sabía que no había mucha gente a esas horas pero tomé el riesgo sintiéndome menos aprensiva  después de tantas veces de haber salido montada a la calle.
Bajé las escaleras, saqué el pasaje y continué descendiendo hasta el andén. Decir que había poca gente era una descripción optimista. Yo era la única persona a todo lo largo de la estación. El silencio y la oscuridad de los túneles eran atemorizantes. Me paré pegada a la pared, lo más lejos posible del borde de la plataforma. Miraba a un lado y al otro esperando ver la aparición de personas para no sentirme tan desprotegida. Pero solo uno llegó por las escaleras. Un individuo alto, fornido, de cabello muy corto, vestido con botas negras, pantalón militar y campera. En ese instante temblé de miedo. Supe que algo lamentable iba a suceder y disimuladamente traté de llegar a la otra escalera pero el hombre corrió hacia mí y me detuvo tomándome del brazo. Sus manos eran fuertes, traté de desasirme pero no pude. Sin soltarme me llevó consigo hasta un recoveco oscuro en el extremo del andén. Adivinando que iba a pedir auxilio me colocó una navaja en la garganta y dijo.
-Ni se te ocurra gritar por qué es lo último que vas a hacer-
Al refugio de las sombras me quitó el bolso, lo arrojó a un lado y me empujó de manera que caí de espaldas al suelo y totalmente inerme. Sin sacarme la navaja del cuello trató de quitarme la pollera hacia abajo, pero al ver que estaba sujeta por el cinturón me la levantó. Estaba por llegar el momento que más temía. En cuanto se libró de la minifalda tomó con la mano libre mi tanga y trató de arrancármela.
Ese segundo de sorpresa, al quedarse mirándome sin comprender debido a lo que había encontrado entre mis piernas, me bastó para reaccionar. Levanté con fuerza una de ellas y le clavé la punta de las botas en medio de los testículos. Abrumado por el dolor cayó a un costado. Sin saber cómo, me acomodé la tanga medio rota, tomé el bolso y salí corriendo por el andén gritando por auxilio. Al llegar a la escalera me encontré de golpe con tres individuos. La sorpresa me hizo quedar muda hasta que noté que eran policías.
-¡Me quisieron violar!- Grité totalmente desencajada.
Me miraron, luego miraron detrás de mí y me di cuenta que habían visto a mi agresor. Dos de ellos corrieron hacia él, el tercero sin sacarme la vista de encima murmuró.
-Y también, como se te ocurre andar así vestida, ¿No sabés que haces calentar a los hombres?-
Comprendí que la cosa se iba a poner peor. Para colmo el otro individuo se puso a gritar que yo era una travesti, una puta que le había querido robar-
-¿A ver?- Dijo otro de los policías mientras hurgaba desconsideradamente  en mi entrepierna y exclamó - Es cierto, es un travesti-
-¡Pero ese tipo me atacó, me quiso violar!- Exclamé desesperada.
De nada valieron mis protestas. Nos esposaron a ambos y nos llevaron caminando por los pasillos del subte mientras una gran cantidad de gente que salía de los cines se volcaba hacia la estación. Me sentía como desnuda de vergüenza, bajé la cabeza y traté de no mirar a nadie. En la calle nos subieron a patrulleros separados que unos pocos minutos después nos dejaron en la Comisaría. En cuanto entré mi presencia atrajo todas las miradas, me llevaron hasta una sala cerrada y allí me dejaron sola un buen rato. Estaba segura de que estarían observándome por lo que me senté en una de las dos únicas silla que había y esperé lo más paciente que pude.
Entraron dos individuos de civil, cabello largo, jeans gastados y zapatillas de marca. Uno se sentó en la otra silla, el otro permaneció de pie.
-¿Sabes, nena que te acusan de intento de robo?-
-Es mentira- Contesté mirándolo fijamente a los ojos.
-Mirá muñeca, la cosa es sencilla, el juez le va creer a él porque es un hombre y no un pervertido como vos- Dijo el otro.
Sentí que me corrían las lágrimas por las mejillas.
-Tengo derecho a una llamada- Supliqué.
-¡Ah, mirá, la nena se sabe sus derechos!- Exclamó uno de ellos.
En ese momento uno le tocó el hombro al otro y se retiraron a un extremo de la sala a conversar en voz baja. Cada tanto me miraban y yo creía saber el motivo de esas miradas.
Al terminar se acercaron a mí.
-Mirá, bebé, el tema es sencillo, vos te ponés obediente y con suerte mañana salís limpia de culpa-
-No- Contesté terminante- Quiero hacer mi llamada-
Uno de los policías me abofeteó con fuerza haciéndome dar vuelta la cara y luego me aplicó un rodillazo en el estómago. Sin saber cómo estaba aún en pié me doblé al medio de dolor. Pensé que iban a continuar con el castigo pero cesaron. El otro policía llamó a una agente femenina y le ordenó que me llevaran a las celdas.
-Ahora vas a saber que es hacerte la guapa, maricona-
La mujer, contrariamente a lo que esperaba de ella, me trató con rudeza- Le rogué que me dejara pararme mejor mientras me arrastraba por un pasillo húmedo y oscuro.
-A las putas como vos hay que tratarlas así- Dijo mientras abría la reja de la celda- Por culpa de ustedes los hombres cada vez se interesan menos en nosotras-
Y me arrojó dentro. Caí de rodillas raspándomelas contra el piso de cemento. Por unos segundos traté de incorporarme pero no lo lograba. En ese momento sentí una mano fuerte que me alzaba. Reaccioné tratando de cubrirme pues esperaba un golpe más pero cuando se me aclaró la vista pude ver que quién me había alzado hasta sentarme al borde del catre era una travesti, de enormes pechos, pelo largo y abundante, rubio, casi desnuda, solo cubierta por un vestido semi transparente corto hasta la mitad de sus glúteos y botas bucaneras negras.
-Gracias- Atiné a decir.
-De nada, ¿Qué te pasó?-
Y le conté mi historia, con todos los detalles.
-Malo, malo, lo tuyo no es por prostitución. Te van a endilgar un intento de robo y aquí eso se paga muy caro-
-¿Cómo?- Pregunté.
-¿No te dijeron? Lo único que te puedo asegurar es que no te vas a poder sentar por varios días-
El miedo reflejado en mi cara debió ser bastante elocuente.
-Pero, podemos hacer algo- Dijo mientras extraía un celular de su cartera.
-¿Cómo tenés ese celular? ¿No te revisan?- Pregunté asombrada
-¿A mí? ¡No! De mi lo único que esperan es que venga algún amigo con la guita de la coima para ellos, por eso entro y salgo a menudo-
Extendió su mano y me alcanzó el aparato. Temblando aún marqué con dificultad el número de Julia.
-¡Hola Sabri! , ¿Dónde estás?- Preguntó Julia sin sospechar nada.
-En cana, me están acusando de querer robarle a un tipo que estaba tratando de violarme- Dije en un susurro por el temor de ser escuchada por el policía de guardia.
Se hizo silencio.
-July, ¿Estás ahí?- Dije desesperada.
-¡Si, si! No te preocupes, ya llamo a Sweet que es abogada. Decime en que comisaría estás-
Le pregunté a mi compañera de celda y le informé a Julia.
-No te preocupes, ya vamos- Fue lo último que escuché
En ese instante dos policías introdujeron en la celda contigua a mi agresor. Tuvieron con él un trato mejor que conmigo. El hombre me miraba a través de las rejas y me hacía gestos tomándose los genitales.
-Te salvaste de mi pero no sabés la que te espera- Exclamó.
No pasó más de media hora cuando un hombre vestido elegantemente, con pantalón pinzado y remera de marca llegó acompañado de un policía. Se dirigieron a la celda de al lado y la abrieron dejando salir al sujeto.
-¿Ves muñeca, como salgo?- Gritó desde el pasillo.
Temblé de indignación.
-No te gastes, aguantá que ya deben estar por llegar tus amigas- Me calmó la travesti a mi lado y continuó- Para conocernos mejor ¿Cómo te llamas?-
-Sabrina- Contesté.
-Lindo nombre, yo me llamo Natalia- Y me abrazó con fuerza. Sentí que sus brazos me protegían.
Otra media hora tuve que esperar para que dos hombres y un policía entraran al pasillo. Esta vez reconocí a Julia por haberla visto una vez sin estar montada y Sweet vestida con traje y corbata era la típica imagen de un abogado.
El policía me franqueó la salida. Julia tomó del brazo a mi nueva amiga y le preguntó a oído.
-¿Vos le prestaste el celular?-
Ante la respuesta afirmativa, aclaró.
-Tranquila, les dijimos que una persona los vio cuando la detenían a Sabrina-
Otro policía llegó hasta la celda y ordenó dirigiéndose a Natalia.
-Vos, tomátelas, ahí vino tu patrón a pagar tu parte-
-Yo no tengo patrón- Afirmó Natalia.
-Bueno, tu macho, tu chongo, lo que sea -
-¿Ves que fácil?- Me dijo mientras salía con nosotras por  el largo pasillo.
En el salón estaba los agentes que me habían detenido y los que me habían golpeado. Se hicieron a un lado en silencio cuando pasamos. Sweet reclamó mis pertenencias. Se las entregaron prestamente y me las dio.
-El tipo que intentó violarte estaba suelto por una excarcelación a pesar de haber abusado de una menor. Ahora se pudo ir pero ya hablé con el comisario y lo van a buscar para arrestarlo, y ten la seguridad que esta vez no lo van dejar salir, no por lo tuyo, pues sería un despelote verte envuelta en un juicio así, sino porque se supo que antes que a vos había violado a una mujer en otra estación del subte-
-¿Y yo como quedo?- Pregunté.
-Nada, sin entrada, no te tomaron los datos ya que ni pensaban hacerlo, solo querían divertirse con vos en una noche de orgía-
-¿Entonces, todo arreglado?- Volví a preguntar cuando ya llegábamos al auto.
-Todo- Dijo Sweet.
-Todo- Repitió Julia, y cuando abría la puerta del auto para que entrara, agregó.- No te imaginas las relaciones con el poder que tiene Sweet como abogado-
No me lo dijo y me quedé con la incógnita.


18. LA VUELTA, LAS REUNIONES, LAS EXPLICACIONES
 Después de concurrir a hacerme estudios médicos para constatar que no me hubiera quedado ninguna lesión interna a causa de los golpes que me habían dado en la comisaría y de tomarme una semana de reposo, decidí que no debía rendirme y por lo tanto no abandonar mi necesidad de salir montada a la calle.
El sábado siguiente fui a Angel´s a bailar saliendo travestida directamente de mi casa. Los vecinos ya ni me prestaban atención. Ignoraba lo que pensaban pero era evidente que se habían acostumbrado a mi presencia y estando como Sabrina o como Eduardo me saludaban con cortesía.
De modo que munida de un aerosol para defenderme y vestida con elegancia salí al mundo. Lo peor de la experiencia no había sido el intento de violación sino la manera en que me habían tratado los agentes lo que demostraba que la ciudad es gay friendly solo para los turistas con dinero, que la homofobia está tan latente como siempre y que una vez bajo el poder policiaco tus derechos no valen ni cinco centavos, al menos para los que no tenemos experiencia en estos hechos pues los delincuentes no solo entran y salen sino que además, a través de sus abogados explotan un sistema que deja indefenso a los honestos.
Varias chicas habían estado llamándome por teléfono a lo largo de esa semana y a ninguna le conté de mi decisión de volver a la calle tan pronto, lo que constituyó una verdadera sorpresa para las que estaban en el boliche cuando me vieron llegar. Las palabras de bienvenida mostraron dos tendencias. Unas se alegraron y me elogiaron el valor, otras se alarmaron pensando que me había vuelto loca.
Julia aprovechó la situación para volver sobre el tema de realizar el video. Al principio me pareció que no era momento de hablar de esas cosas pero luego comprendí que no había ocasión más oportuna pues conmocionadas por lo que me había sucedido era probable que estuvieran de acuerdo. Y así fue. Convinimos para la semana siguiente una reunión en lo Julia para elaborar una idea del guión.
Esa noche bailé despreocupadamente. No quería pensar en el momento más álgido, que sería el del regreso a mi casa. Jenny se puso a coquetear conmigo y hasta nos dimos unos besitos en la boca pero su atención estaba puesta en un hermoso muchacho que la miraba insistente. Yo no me preocupaba por ello ya que me gusta también este juego de toco y me voy por lo que finalmente se podría decir que casi la empujé a los brazos de ese hombre. Luego bailé un rato con Amanda tratando de no convertir el refugio de su timidez en una invitación a sexo y finalmente cuando llegaba la hora del amanecer me despedí de todas. Quería probarme a mí misma por eso no acepté la invitación de Jenny a llevarme hasta mi casa. Ella estaba con su conquista y además de desear encarar la calle sola, no quería importunarles.
Cuando salí comenzaba a asomar el sol en medio de unas hermosas nubes rojizas. En la calle se mezclaban los madrugadores de domingo, diareros, repartidores, con los trasnochadores que buscaban el descanso. Evité el subte y viajé en colectivo hasta la estación de ferrocarril. El viaje fue tranquilo y me entretuve viendo por la ventanilla el paisaje, luego otro colectivo hasta mi casa y finalmente una vez que cerré la puerta, me saqué los zapatos y me acomodé en el sillón para tomar un café sentí que había pasado la prueba.
El domingo siguiente, asado en lo de Julia. Debo admitir que el solo hecho de reunirnos para comer me producía placer, deseaba el olor a la carne cociéndose, las ensaladas y los buenos vinos que traía Sweet, regalo de un cliente dueño de una bodega
Gabriela, Jenny y yo ayudamos a Carmen con las ensaladas y colocamos los cubiertos y la vajilla en la mesa que habían armado Mónica y Rebeca bajo el techo del quincho, Julia era la asadora oficial y le ayudaba Rosa, el resto se había acomodado alrededor de la pileta de natación a chismear como verdaderas mujeres.
El tema obligado de conversación fue mi experiencia de dos semanas antes, luego intercambiamos novedades de sitios donde comprar ropa y zapatos, hablamos un poco de política y Julia nos mostró en su notebook las últimas fotos que había subido a Facebook, además yo aproveché a mostrarles mi blog y las notas que había publicado.
Sissy nos sacó varias fotos con su cámara digital y en la sobremesa, cuando varias todavía masticaban algún trozo frío de asado y terminábamos los vinos, mientras Carmen traía dos tartas y el café humeante, comenzamos a hablar del tema que nos convocaba.
Esta vez estuvimos de acuerdo casi unánimemente, salvo algunas que aceptaron aparecer en cámara pero resguardadas de manera que no se vieran sus caras, las demás querían aportar sus experiencias, contar como habían comenzado y como sobrellevaban la vida. Yo hice hincapié en que las que sentían más conflictos internos eran las que debían ser las más explicitas en cuanto a cómo pensaban superar su temores. En mi mente estaban Mónica, Rosa, Antonia, Agustina, Amanda y Rebeca, pero me abstuve de mencionarlas para no herir sus susceptibilidades, esperando que ellas asumieran la importancia de sus testimonios. Otra opinión en la que insistí era la de la propia Carmen en su carácter, poco frecuente, de esposa de una crossdresser.
Convinimos en que filmaríamos una reunión como la que estábamos teniendo en ese momento y se le daría un espacio a cada una que quisiera hablar, luego haríamos algunas tomas en Casa Brandon o Angel´s, entrevistaríamos a otras crossdressers y a algún psicólogo, además de darle un espacio a Claudia para que vierta sus propias inquietudes. Yo propuse que no determinaría un tiempo para cada una y para cada tema previamente sino que daría espacio a que se manifestaran con total tranquilidad lo que facilitaría una mejor expresión. Además, y para no entrar en conflicto con ninguna de ellas, realizaría el montaje en común acuerdo con todas.
Una vez que convinimos en reunirnos nuevamente en lo de Julia, siempre dispuesta a ser anfitriona, el domingo siguiente para comenzar la filmación, decidí que llevaría cámaras de mano que me otorgan más libertad de movimientos e iba a grabar las tomas de la reunión sin guión previo pues deseaba lograr la mayor naturalidad posible.
Haber tomado todas estas decisiones logró que se distendiera el ánimo en el grupo y no surgieran voces en contra. Aproveché ese momento para conversar con dos de las chicas con las que tenía temas pendientes.
Primero, lo más fácil, llevé aparte a Sweet y le manifesté mi más profunda gratitud por lo que había hecho por mí-
-Debo pedirte perdón por que aquella noche estaba obnubilada por la experiencia y los golpes y no recuerdo nada de lo que hice- Le dije a modo de disculpa.
-No te preocupes, es normal, por más fuerte que seas, y tú has demostrado que lo eres, cualquiera se siente en esos momentos como dentro de un profundo pozo del que no ve la boca y piensa que no a poder salir nunca-
-Por lo que veo, tenés bastante influencia en la policía-
-Contactos, hija mía, contactos, en esta profesión hay que tener de tu lado aún a quienes aborrecemos-
Y como adivinando lo que le iba a preguntar agregó.
-El tipo que te quiso violar ya está preso, el mismo comisario me lo informó, y el juez no le díó la excarcelación esta vez por lo que a estas alturas ya debe estar con el culo roto y lavando la ropa de algún preso en Devoto-
La satisfacción por la venganza asomó a mi cara.
-Eso sí, los policías que te arrestaron y los que te golpearon por ahora no han sufrido ningún castigo pero no te preocupes, se van a cuidar muy bien de molestarte, saben que los estoy investigando por otros delitos y no van a desear que les caiga mi ira-
-Me quedo más tranquila-
Sweet me abrazó, y dándome un beso en la mejilla dijo.
-Fuiste muy valiente, te admiro-
La otra persona era Rosa, sabía que podíamos tener una discusión, por lo que le pedí que fuéramos discretas en nuestra charla. En cuanto estuvimos a buena distancia de las demás le pregunté a boca de jarro.
-¿Por qué me hiciste una crítica mala? ¿Sabés que fuiste la única? Los demás críticos ponderaron la película y ya ves, hasta vamos a ir a Berlín para el festival-
-Si- Dijo bajando la vista- Debo confesarte que me dejé llevar por los celos pero eso no es todo, el jefe de redacción me dijo esa noche que no se me ocurriera elogiar demasiado el film, por la presencia de un personaje travesti y por qué se decía por ahí que sos homosexual, su comentario más mi mala leche hicieron el resto-
-¿Pero ese tipo se piensa que vive en la época de las cavernas?- Pregunté
-Sí, y el tema es que nos tiene a todos bajo la mira, así que imaginate como ando yo con mis ánimos de mariquita, además si leyeras todas las críticas del diario o las noticias vas a ver que rezuman homofobia en cada página-
-¿Y cómo lo aguantas?-
-Por el alquiler, por las expensas, por la comida…-
-¿Y la dignidad?-
-Amiga, la dignidad es un bien maleable, mi estómago no-
-¿Y no buscaste otro trabajo?-
-Créeme que sí, pero cuando te hartas de: venga otro día, lo vamos a llamar, deje su currículum o el gerente en este momento está ocupado, finalmente vendés tu alma al diablo y renuncias a todo sueño, por eso el crossdressing es mi refugio, es donde no soy quien soy y puedo ser otro, lo malo es la culpa, porque pienso que no me merezco la dicha de estar así y compartir estos momentos con todas ustedes-
-Muchacha, y disculpa que te diga esto pero, o eres carne de diván o un día vas a tener que mandar todo a la mierda, mirá a Rebeca, como está contenta ahora cuando antes sufría por su matrimonio del que no quería escapar, y no te doy mi ejemplo porque ustedes ya me conocieron liberada y asumida pero también sufrí la indecisión por muchos años pensando que si me iba de casa no sabría que hacer de mi vida y resultó que de golpe todo empezó a mejorar-
-Tal vez tengas razón, o tal vez no, pero lo único que te pido es que me perdones-
Giró sobre si, caminó unos pasos y se volvió diciendo
-No sé, pero hasta me parece que vos son un ángel venida del paraíso de las crossdressers a abrirnos la mente a todas-
-Sí, el problema es que no puedo volar sin alas- Contesté riendo por la ocurrencia.




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