Saturday, July 22, 2006

Poesias y pensamientos

1
Dime como,
puedo amarte, hombre
sin pretender cambiarte
sin pretender manipularte
Dime como puedo,
dame la receta para ser realmente feliz
y utilizar mi energía para complacerte
en lugar de estar guerreando contigo
Dime como puedo ser tuya
sin tener que preocuparme
por el paso de los años
y la rutina
Dime como puedo ser tuya eternamente
aunque sea eternidad de un minuto
un minuto me sobra
para ser todo aquello que tu deseas.

2
En la pared, mi compañero
sigue con atención mis movimientos
mis sonrisas,
mis piruetas para ver como me queda la pollera
En la pared, mi compañero
desde aquella vez del primer corpiño
que a escondidas tomé del cajón de mi madre
En la pared, mi compañero
refleja lo que soy y mis sueños
todo lo que he querido ser:
Mujer.

3
Cuando alguién justifica
su trasvestismo dice:
Es por amor a la mujer.
Yo simplemente digo:
Es por amor a los hombres

Tuesday, July 18, 2006

Una mujer muy mujer

El hombre me seguía a lo largo de la calle. Afortunadamente transitaba gran cantidad de gente y no era necesario temer algún improperio o gesto violento de su parte. Yo esquivaba a los tránseuntes que se detenían a mirar vidrieras, trataba de acelerar el paso aunque cada vez que llegaba a una esquina y era detenida por el semáforo, él se colocaba a mi lado y me hablaba. Yo, sin mirarlo alcanzaba a escuchar algunas de sus frases y debo reconocer que era muy educado. Es más, casi podría decir que formaba parte de una raza en extinción, los caballeros.
Pero el problema no pasaba por ahí. El tema era que sucedería cuando descubriera mi impostura. Cuando advirtiera que no soy una mujer. Que bajo la blusa y la minifalda de jean se ocultaba un cuerpo de varón.
Logró arrancarme una sonrisa en la tercer cuadra. Eso lo animó para continuar. Algunas personas observaban la situación y hasta parecían tomar partido por él. Varios chicos del colegio se dieron vuelta para mirarme. Un señora mayor parecía recordar mejores épocas de su vida. El florista me obsequió una flor que tomé sin detenerme. El del puesto de diarios me hizo una galante reverencia.
Y yo ya no podía detener mi sonrisa, bajaba la cabeza para que no se notara demasiado y trataba de concentrarme en los pasos que daba para no tropezar los tacos de mis zapatos entre las baldosas.
-Mirame y regalame esa sonrisa- dijo mi galán.
Lo miré a los ojos por primera vez, le sostuve la mirada de tal manera que quedó callado y abrió los ojos movido por el asombro.
-Es muy lindo lo que hacés y me siento muy halagada- le dije.
Él continuaba mudo.
-Pero si no lo tomas a mal, yo no soy lo que tú piensas- agregue, sorprendida por mi audacia.
De pronto, cuando recuperó el habla, fue como si todo lo que estaba alrededor desapareciera. La gente, los autos, el puesto de diarios. Durante un instante fuimos él y yo. Y nadie más.
-Ya lo sé, por eso te sigo... y no creas que te delata algún gesto varonil, sino todo lo contrario. Eres demasiado mujer para ser mujer-
De modo que no estaba sorprendido. Pero yo si. No era la primera vez que me animaba a salir trasvestida a la calle pero nunca me había sucedido algo así.
Acepté su invitación a tomar un café. Nos sentamos a una mesa en la vereda del Café de la Paix, justo en donde daba el sol de la tarde que comenzaba a ocultarse tras las torres de la Iglesia. Recuerdo haber escuchado a ese hombre contarme anécdotas de su vida, de deportes, de política, de su ex esposa, y los hijos que iban al colegio y que podía llevar a pasear los fines de semana.
Pero lo que más le agradecí en silencio es que en ningún momento me preguntó por que hacía lo que hacía, o desde cuando, o que sentía. Por que no me veía como un fenómeno. Me veía como una mujer.
En ese momento me di cuenta que si llevábamos más lejos la situación esa magia se perdería. Por eso le dije:
-He pasado el más grato momento que un hombre me ha hecho pasar y te ruego que si quieres conservar el mejor recuerdo de esto, no nos veamos más.
Asintió en silencio. Un silencio muy largo que sólo se quebró cuando llamó al mozo para pedirle la cuenta. Mientras lo esperábamos me miró fijamente.
-Creo que eso mismo te iba a decir- susurró
Nos levantamos, me tomó del brazo y me acompañó hasta la puerta del edificio en donde vivo. Pero no dijo ni una palabra más. Iba sumido en sus pensamientos al punto que en un momento me sentí culpable de haber echado tierra a sus expectativas. Traté de explicarle pero me calló poniendo un dedo en mis labios.
-Es cierto, es así como te quiero recordar, antes que cualquier decepción, antes de cualquier malentendido. Serás como una novia perenne, un amor eterno, el único que vale y el único que se mantiene fiel. El único al que no le hacen mella los años y la distancia-
Le dí un beso suave, en la boca para que junto con mi imagen se llevara el sabor de mis labios y mi perfume.
Nunca lo volví a ver, pero se que en algún lugar de la ciudad alguien me ama todavía.

Monday, July 17, 2006

Poesias sueltas

1
Me sumerjo, pálida
en el aceite primordial de la vida
buscando la eterna caricia
que me transporta, que me eleva,que me transforma
buceando profundidades no holladas
más lejos, me dice mi alma, más lejos

2
Cuando dices que me amas
comprende mi silencio
mi arrobada mirada
mi enigmática sonrisa
la pequeña lágrima que cae liberada
todo dice que me halagas

3
Puedo parecerme a ti
puedohacer todo lo que tu haces
puedo llevarme el mundo por delante
puedo aventurarme en tierras desconocidas
puedo pelear batallas y conquistar nuevos territorios
puedo ponerme pantalones
lo que no puedo es olvidar que sigo siendo mujer

4
Estoy pendiente del teléfono
de tu voz en la distancia
antes del hasta pronto
por favor
dime que me amas

5
La rosa en mi mano
de trémulos petalos conformada
corre riesgo de desmenbrarse
con el temblor de mis dedos
mientras tu mano me acaricia
tambien corro el mismo riesgo

6
En la espera
y tras la despedida
hay un momento de silencio en que comprendemos
que ellos también forman parte de la vida

7
Como iniciada
en algún rito secreto
muero cada noche para renacer al día siguiente
siendo otra y a la vez la misma
con la experiencia de los años
y la feliz arrogancia de la juventud
en cada muerte me despojo del lastre de las dudas
en cada nacimiento adquiero nuevas certezas.

8
Si un hombre es capaz de llegar al fin del mundo
si las empresas que acomete son un desafío para él
si tiene el valor de enfrentar los peligros
si tiene la fuerza de vencer la adversidad
y la constancia de no darse por vencido
¿por que nosotras vamos a ser menos?
y en lugar de encerrarnos en nuestros vanos egoismos
corremos a su lado

9
Tengo el Sol ardiente en las mejillas
la Luna reflejada en el iris de los ojos
el Mar latiendo en el corazón
las Montañas erguidas en el pecho
la Noche hundida en el cabello
los Ríos corriendo por las arterias
las Dunas conformando las caderas
un Bosque para ser explorado
una Bahía para que eche anclas tu navío

10
Mirame a los ojos
los verás negros, profundos y misteriosos
pues son mi ventana
asi soy yo
morocha, profunda y misteriosa
un laberinto donde te dara gusto perderte
y no encontrar jamás la salida

11
Río contigo
lloro contigo
sueño contigo
amo contigo
vuelo contigo
a los cielos en donde no hay mas límite que la eternidad

Love Story

Nos conocimos en nuestra tierna y despreocupada infancia. Yo vivía en un departamento del primer piso de un edificio de la mitad de cuadra y tú en la casa de la esquina, la única que ostentaba un patio con parra y macetas con alegrías del hogar.
A pesar de las diferencias de sexo éramos buenos amigos que, dejando por mi lado las muñecas y por el tuyo la pelota de cuero, solíamos pasar las tardes conversando en el zaguán y soñando con futuros imposibles.
Recuerdo, especialmente, aquellas en que nuestros padres nos dejaban estudiar juntos en tu casa mientras ellos salían a realizar las compras. Libres de las miradas vigilantes, dejábamos los libros de lado y saltábamos alegres sobre los sillones riéndonos sin poder detenernos. En esas ocasiones advertí que simulabas caer al piso para poder verme la bombachita de voladitos de encaje bajo mi falda tableada. Algunas veces fuiste más audaz y simplemente me levantabas la pollera. En ese caso era yo la que simulaba. Simulaba molestarme.
El paso de los años nos separó, Al final del Primario nuestros rumbos se dividieron. Tú fuiste al Comercial y yo al Normal. Circunstancia agravada por que estaban a veinticinco cuadras uno del otro y por que nuestros horarios no coincidían.
Formaste tu barra de amigos, yo me junté con las chicas del Club. Un buen día mi padre compró una casa en la Provincia y ni siquiera pude pasar por la tuya a despedirme.
¿Diez años? ¿Once?. No se cuantos pasaron. Entre la Universidad y las pocas ganas de comprometerme aún seguía soltera. Linda, simpática, agradable, sensual, tentadora. No me faltaban pretendientes a los que rechazaba sin demasiado trámite para desdicha de mis padres.
Y finalmente sucedió. El trámite que debía hacer me llevó a una oficina donde abrumado de burocráticas montañas de papel te encontré
Tratando de que no te viera el jefe charlamos un rato. Para facilitarte las cosas te dije que te esperaba a la salida. Aceptaste.
Y en un mugroso café de escasas lamparitas nos contamos presurosos todo lo que nos habíamos perdido uno del otro.
Intercambiamos teléfonos. Después de dos días esperando que dieras el primer paso, te llamé. Algo debió haber sacudido tu anomia por que a partir de ese momento fuiste tú quien propuso las citas. Citas en donde caminábamos, ibamos al cine, charlábamos...
Me regalaste flores, bombones y hasta un par de aros. Eras atento, gentil, educado. Esperabas que me rindiera a tu cortejo a la antigua y yo comencé a negarme. No te contestaba el teléfono, me hacía rogar para cada cita, llegaba tarde, me mantenía en incómodos silencios.
Una noche fría y lluviosa mientras caminaba sola a mi departamento, una mano fuerte me tomó de la cintura, mientras otra me colocaba un trapo en la boca. Sin poder defenderme, me desvanecí. Desperté en esta habitación sin ventanas, para comprobar que estaba desnuda, atada a la cama y amordazada. Una máscara de cuero me cubría la cara con sólo dos pequeños agujeros a la altura de los ojos que no me permitían ver demasiado. Pero lo suficiente para verte cuando entrabas y colocándote encima mío me violabas una y otra vez, sin dejar de humillarme con cuanto insulto se te ocurría.
Sin poder responderte, sin poder gritar, yo me mordía los labios a cada embate tuyo. Es mejor así, si hubiera podido hablarte te hubiera dicho que eso era lo que estaba esperando de vos.
Y corría el riesgo de que una vez que lo supieras ya no quisieras seguir haciéndolo.