Monday, December 11, 2017

HOMOSEXUALIDAD Y HETEROSEXUALIDAD EN EL CROSSDRESSING

Supe que me gustaban los chicos a los trece o catorce años. Indecisiones y dudas entre las que se encontraba el hecho de que también me atrajeran las mujeres pospuso mi debut homosexual con un hombre hasta los treinta y cinco años. A partir de allí no hubo otra meta en mi vida sexual que ser una dama pasiva y complaciente.

Pero ya a los once me vestía con ropas de mi madre. Y vivía intensamente esa costumbre. Cuando comencé a fantasear con hombres, ambos, el gusto por la ropa de mujer y mis fantasías fueron una sola cosa que se materializaba en fascinantes masturbaciones sintiendo sobre mi piel sus enaguas y sus medias de nylon.

Muchos años después, ya con mi homosexualidad asumida y con varios hombres en mi lista descubrí la palabra Crossdressing. Después del entusiasmo inicial, el hecho de compartir mi vida de crossdresser con otras iguales a mí, me hizo vivir nuevas inquietudes. Y, entre ellas, la definición de Crossdressing fue la que más me hizo ruido.
“Hombres heterosexuales que gustan en ocasiones vestirse de mujer para luego seguir con sus vidas normales” o algo así. Yo no estaba, ni estoy, de acuerdo. En ese momento sentí que esa definición no me abarcaba. Yo no me visto solo por el placer de sentir la ropa femenina. También lo hago para excitar a un hombre.

En la Argentina un grupo bastante numeroso de crossdressers afincado en la Ciudad de Buenos Aires y del cual formo parte comenzó a brindar notas a diversos medios. Esta notas, escritas por periodistas que no entienden nada del tema, tuvieron más o menos aciertos en su contenido, pero la definición seguía siendo la misma: “Hombres heterosexuales que…”
Manifesté mi descuerdo con esa definición y la única respuesta que obtuve fue que para los medios es más vendible la imagen del macho hetero vestido de mujer que la mariquita que todos conocen. No me convencieron.

Meses después de estas esporádicas salidas del closet, llego a la Argentina una obra de teatro traída desde Brodway con el título de “Casa Valentina” y cuyo nombre original era “Casa Susana”. Basada en solo un montón de fotos encontradas de casualidad de un grupo crossdresser que se reunía en una casa por fines de los años 50, el autor recrea una historia en la cual el grupo tiene una crisis debido a que el gobierno plantea legislar leyes contra la homosexualidad y siendo ellos heterosexuales, temen no poder aclarar que sus vestimentas de otro sexo no tienen nada que ver con su orientación e intentan mostrarse como un club social. Eso muestra, a lo largo de la obra, la discriminación al homosexual.

Yo sentí lo mismo en la actualidad. Si bien no hubo contra mí ni contra otros homosexuales del grupo ningún intento de discriminación el hecho de no reconocer que los homosexuales somos una gran parte del crossdressing es una forma de hacerlo.
¿Por qué? Por el temor de los heterosexuales que han llegado a algún endeble acuerdo con sus esposas o parejas mujeres respecto de su deseo de montarse, de que si ellas infieren que si vestimenta de mujer es igual al homosexualidad vayan a perder a sus maridos  o novios.


Mientras tanto, la obra que tuvo bastante éxito y es vista por matrimonios heterosexuales y ampliamente publicitada en la televisión y otros medios sigue insistiendo con el tema de la heterosexualidad, tal vez porque los actores mismos quieren dejar aclarado que no son homosexuales o vaya a saber que otra idea tienen en la cabeza.

Saturday, December 02, 2017

NO TODO ES GLAMOUR



No todo es glamour, a veces hay que largar los tacos altos y ponerse a trabajar, sobre todo cuando no hay un hombre que lo haga.

Tuesday, November 28, 2017

CROSSDRESSER CON PAREJA HOMBRE

Una amiga me pidio una nota para la Revista virtual Playcross sobre como se sobrelleva una relacion con pareja hombre...y esto es lo que escribí:

La foto que nunca será

Resulta difícil poder exponer sobre un tema en el cual la única experiencia que se conoce es la propia y en donde cada persona es un mundo diferente.
Podemos imaginar, como punto de partida, que salir del closet es como saltar al mar con los ojos vendados y sin saber si hay tiburones rondando por ahí. Situación que dada la definición parcial y equivoca del crossdressing siempre se imagina realizando este salto ante una mujer. Pero ¿Que sucede cuando se está en pareja estable con un hombre?
Se podría suponer que el carácter homosexual de la relación supera, de por sí, todas las posible divergencias. Pero esto sucede cuando el hombre busca y conoce a la cross directamente en su mundo.
El problema se manifiesta cuando se establece la relación sin que el hombre sepa que está saliendo con una cross y ésta, confiada, sale del closet sin demasiado preámbulos. Y aún más complicado si el hombre es un homosexual sin trazas de estereotipos visibles y como si fuera poco tiene una posición conocida por mucha gente ante los cuales no saldría jamás del closet ni apuntándole con un revolver. Aunque si con algunos amigos con los que termina blanqueando su relación de pareja sin mencionar el crossdressing ni remotamente, pues esta clase de homosexuales en realidad ignoran y no comprenden sobre el tema cross tanto como los heterosexuales.
Ahí es donde la cross tiene que remarla tanto como si se tratara de una relación heterosexual porque ya habló y quedó expuesta. Lo bueno de este caso es que no hay hijos de por medio y la cosa queda entre los dos.
En mi caso llevaba apenas dos semanas de relación cuando, inocente, se me ocurrió ponerme lencería sin aviso previo para una relación sexual.
Me dijo que para mantener relaciones con alguien vestido de mujer lo haría directamente con una mujer (Tanto él como veníamos de matrimonios heterosexuales). Y yo me dije, en ese momento, algo como “si no te gusta es problema tuyo, yo vivo mi pasión por la ropa femenina para mí”. La facilidad de poder montarme cuando quiera radica en que vivimos cada uno en su casa y yo en la mía me monto todo el tiempo.
Pero, años después, descubrí el crossdressing y a Claudia y sus reuniones. Cuando quise ir se pudrió todo pues él pensaba que iba a una orgia. Fueron horas de discusiones que no llevaban a ningún lado y que tuvieron como consecuencia que fuera sin que él lo sepa a dos reuniones allá por el 2005.
Luego todo pareció entrar en una especia de status quo. Mientras tanto yo me relacionaba virtualmente a través del grupo de Yahoo e iban creciendo mis ganas de volver a las reuniones. Y así fue que regresé a las salidas a escondidas, varias veces por mi cuenta a Casa Brandon y finalmente en Setiembre de 2012 a Logia G.
Tras eso le confesé de mis aventuras aclarándole que iba a seguir haciéndolo le guste o no. A partir de ahí comenzó a tener una actitud bipolar con respecto a mi crossdressing. A veces me regala ropa o bijouterie, festeja mis novelas sobre el tema, le gusta que use lencería, aceptó, aunque al principio le costaba, que esté depilada y que use mascara de pestañas habitualmente, pero en ocasiones se pone molesto, sobre todo cuando ve que me saqué fotos en mi jardín o en mi terraza y en los días previos a una reunión, a lo que yo no hago el mas mínimo caso y sigo en la mía sin remordimientos al punto que luego le muestro las fotos que termina viendo con gusto.
Y ahí estoy, sobreviviendo, pero con la convicción de que tampoco es fácil ser cross en una relación homosexual.


DESCUBRIENDO LA VERDAD

Y...UN DIA TE LEVANTAS Y TE MIRAS AL ESPEJO Y DESCUBRES QUE NO SOS NI UNA REINA, NI UNA DIOSA, NI UNA PRINCESA...SINO SIMPLEMENTE UN VIEJO RIDICULO Y PATETICO DISFRAZADO DE MUJER Y DEL QUE, SEGURAMENTE, SE HAN REIDO A SUS ESPALDAS DURANTE MUCHO TIEMPO.

Monday, October 30, 2017

Leyendo

Volviendo a leer un libro que compre hace unos años

RINCONES DE TRABAJO

    El rincon de la computadors
                                    El atelier

Tuesday, October 24, 2017

Monday, October 23, 2017

LA SOCIA (2003)



              Se miró detenidamente en el espejo. Trataba de asegurarse que no hubieran quedado huellas en su rostro de la reunión del día anterior. Pudo comprobar que no tenía marcas de maquillaje, ni lápiz de labios o delineador de ojos. Lentamente comenzó a afeitarse. Luego en una ceremonia que le agradaba se hizo el desayuno con café caliente y tostadas con manteca. Lo tomó mientras escuchaba las noticias en la radio.
Al salir a la calle le resultó agradable el calor reinante. Amaba el verano. Le permitía estar liviano de ropas y el ambiente reinante era festivo. Observó a las chicas con sus insinuantes minifaldas y sus camisas cortas que descubrían la línea de la cintura. Me tendré que comprar una camisa así pensó mientras se dirigía al estudio.
Cuando llegó su secretaría ya estaba ordenando algunos papeles en su escritorio. La saludó y pasó a su despacho. Hizo algunos llamados y se sentó a dibujar el proyecto que estaba realizando.
“Te quedó bien el vestido que te presté?”. Le preguntó ella desde la puerta mientras en su mano sostenía una taza de té.
“Estupendo. Fui la reina de la noche. Me divertí bastante. Hasta cantamos karaoke luego de cenar”.
Ella era la única que conocía su secreto. Un secreto que guardaba desde niño cuando comenzó a jugar con las prendas de su madre aprovechando los momentos en que  quedaba solo en la casa. La ropa femenina ejercía una fascinación morbosa en él. Sumergirse en ella era como trasladarse a otra dimensión.
No era gay. No se le hubiera ocurrido nunca. Muchas mujeres, entre ellas su secretaria, podían dar fe de su hombría. Pero estaba condenado dulcemente a una doble vida.
“¿Llamó el señor Gutierrez?”.
“No”. Fue la lacónica respuesta.
Las cosas no andaban bien en el estudio. Como consecuencia de la situación del país el trabajo escaseaba. Urgía conseguir nuevos clientes o debería cerrar. Gutierrez era una buena posibilidad de salir adelante. Una obra que llevaría un año de trabajo y jugosas ganancias. Si lo tomaba hasta podría darse el lujo de dejar otros proyectos para más adelante.
Desde la primera vez que se pusieron en contacto, prometiéndole volver, lo llamó varias veces hasta que por prudencia dejó de hacerlo para que no advirtiera su desesperación. Pero conforme pasaba el tiempo perdía las posibilidades de hacer la obra.
Durante toda la semana siguiente ocupó su tiempo pensando que buena excusa utilizar para acercarse a Gutierrez y lograr el contrato. No se le ocurría nada que lo satisfaciera.
Una noche mientras se vestía para encontrarse con sus amigos, en el momento en que frente al espejo se pintaba los labios tuvo la idea. La desechó. Era muy audaz. Luego se prometió pensarlo más detenidamente.
Cuando le expuso la decisión a su secretaría esta no lo podía creer. Debía llamar al señor Gutierrez y decirle que la nueva socia del estudio deseaba tener una reunión para informarse de su propia voz el estado de las negociaciones del contrato.
Era una jugada que podría resultar mal y arruinar el negocio para siempre. Pero más allá de los cálculos optimistas Gutierrez aceptó de inmediato.
Al otro día enfundado en un sobrio traje con pollera y saco de cuero, medias negras, botas de taco alto y anteojos para sol esperó al posible cliente.
“¿El arquitecto Gomez no está?”. Preguntó Gutierrez mientras dudaba en recorrer con la vista el despacho para comprobar su ausencia o mirar fijo a la espectacular morocha que le tendía la mano en gesto de saludo.
“Salió a ver unos clientes”. Le contestó rogando que el tono de voz no lo delatara.
“Conversaremos entre nosotros, solos”.
“Mejor, el arquitecto no me parecía muy seguro como profesional, pero siendo una bella dama su nueva socia podemos llegar a un acuerdo”.
En ese momento se hubiera arrancado la peluca y mostrándose le hubiera echado a patadas. Pero se contuvo. Utilizando toda su experiencia se sentó displicente en el sillón y dio comienzo a las tratativas.
Necesitó de varias reuniones para llegar a un acuerdo. El emprendimiento de Gutierrez no era para decidirlo en poco tiempo. Se trataba de un conjunto de edificios de oficinas de diez pisos incluida toda la estructura de apoyo, servicios y pavimentación desde la ruta. En cada reunión Gutierrez preguntaba por el arquitecto Gomez para asegurarse que estaba solo con su socia. Finalmente para terminar con sus dudas le inventó una dolencia que no le permitía salir de su casa. No preguntó más.
El contrato fue firmado y la obra comenzó. Gomez, cada vez más cómodo en la situación en la que estaba se ufanaba por dentro acerca de la manera en que había engañado a su nuevo cliente. Debió sortear algunos obstáculos burocráticos con respecto a firmas y papeles pero se las arregló sin mayores problemas.
Finalmente, luego de un largo y arduo año de trabajo fue inaugurado el complejo. Gomez respiró aliviado. Había valido la pena. Decidió hacer un viaje a Brasil para visitar a amigos con los que compartía su actividad.
Cuando llegó a la casa sobre la playa en la que había quedado en reunirse la fiesta estaba en su apogeo. Unos bailaban, otros conversaban sentados alrededor de la pileta. Más lejanos algunos contemplaban el mar tomando una caipiriña en silencio. Recorrió los grupos saludó a diestra y siniestra. Cruzó elogios por las vestimentas y datos en donde habían sido compradas. En el camino notó que un bretel del vestido se le caía molestándolo. Se dirigió a un baño para ver como se lo podía arreglar. Al entrar se cruzó con alguien que salía. La mala suerte hizo que se tropezara en un escalón. Al mover la mano para hacer equilibrio un anillo se enganchó en la peluca del otro.
Solo atinó a decir:
“¡Que tal Gutierrez!, ¿cómo está?”.


Fin