Friday, April 17, 2009

Efectos de la crossdressina

Todo empezó esa noche durante el sueño. No era la primera vez que me asaltaban imágenes vestida de mujer, pero en esta ocasión no eran las acostumbradas de andar escondiéndome para que no me descubrieran con ropas femeninas, sino todo lo contrario. Me veía entrando a un inmenso salón iluminado por una gran cantidad de arañas con cristales que pendían del alto cielorraso, en las paredes se alternaban tapices y espejos y el piso era tan brillante que el reflejo de las luces obnubilaba la vista.
Yo, con un vestido ceñido al cuerpo, de color plateado y largo al punto de arrastrarlo por el piso, movía con gracia mi cabellera negra lacia y caminaba afirmando los tacos aguja mientras los presentes, hombres y mujeres, abrían paso, cuchicheaban entre sí y me sonreían o me hacían reverencias que contestaba sonriendo o apoyando un dedo de mi mano derecha sobre mis labios y arrojando besos al aire.
Cuando llegué al centro del salón un hombre me tendía la mano, al tomarla, con el otro brazo rodeaba mi cintura y me decía todas esas cosas que una mujer desea escuchar con su voz tan española, ya que se trataba del mismisimo Antonio Banderas. La música comenzó, bailamos recorriendo toda la pista, el resto de las parejas nos hacían espacio y nosotros reíamos y girábamos, girábamos y reíamos. El me invitaba a su casa, yo decía que si, su brazo me sujetaba con fuerza, bajaba por mi espalda y nos hacíamos gestos cómplices mientras le comenzaba a morder con delicadeza el borde de su oreja.
Para que extenderme en detalles, hicimos el amor en el porch, en el living, en la cocina, en la alfombra del dormitorio y culminamos en la cama. Y gritaba sin cesar de alegría pidiendo mas, mas, mas…
Al despertar comprobé que tenía el camisón mojado. Una sensación placentera me invadió. En ese momento supe que no quería volver a ponerme ropa de hombre. Estaba decidida, saldría a la calle vestida de mujer. Abrí el placard y me dispuse a escoger lo que me pondría. Elegí una mini de jean, cinturón ancho de cuero, musculosa color rosa y las botitas cortas de piel de leopardo. Luego del baño me maquillé, me puse mi peluca negra lacia larga hasta la mitad de la espalda, me vestí, me coloqué aritos y anillos, guardé el celular, la billetera y la agenda en una cartera pequeña color plateado y cuando hube terminado con los preparativos me detuve frente a la puerta juntando coraje. No necesite pensarlo demasiado. Quería salir por primera vez a la calle montada y lo iba a hacer.
Si algún vecino me vio salir tal vez haya pensado que era yo travestida, o no, tal vez una mujer que hubiera pasado la noche en mi casa pero lo cierto es que aquellos que me crucé por la calle no se dieron cuenta quien era. Y conforme caminaba me fui sintiendo mas segura al punto que pronto olvide todos los temores que me asaltaban todas las veces en que había pensado en llevar adelante esta aventura.
Ya no quiero volver a la ropa de hombre, pensaba a cada paso. Pero de pronto me surgió un interrogante, el porque me había animado, por fin, cuando tantas veces lo había postergado anteriormente.
Esto tengo que preguntárselo a alguien, pensé y decidí ir a lo de mi médico para tener alguna respuesta. Elegí al medico por que ya me conoce desde que era chiquito, chiquita, digo y no pensaba ni remotamente concurrir a un psicólogo para que me dijera que todo esto empezó por que quería ser como mi madre y acostarme con mi padre. De manera que llegué al consultorio y entré, por suerte no había muchos pacientes esperando. La secretaría me miro de pies a cabeza, dijo buenos días y sacó una ficha en blanco.
-Ya tengo ficha- dije
-Perdón ¿Usted es…?- y no se atrevió a decir un nombre.
-Ricardo M.-
Já! Hubieran visto ustedes la cara de esa mujer.
-Me está haciendo una broma- Insinuó.
-Soy incapaz, ¿Te parezco una broma?-
Aceptó la situación sin saber que decir. Estaba claro que no acertaba si tratarme como hombre o como mujer. Cuando le di la credencial de la prepaga supo que era yo. Sin decir ni media palabra la pasó por el posnet y me la devolvió, aunque no la veía supe que me clavó la vista hasta que me senté en un sillón.
Mi doctor tuvo reacción parecida, pero era un hombre de mundo y no iba a dejar que pareciera sorprendido por lo que, en lugar de darme la mano, optó por un beso en la mejilla.
-Sentate- Dijo tuteándome. Bueno, en realidad siempre me había tuteado, pero esta vez yo lo sentía como un abuso de confianza.
Obvie mi enfado y le conté lo que me preocupaba, mi sueño y mi decisión de no salir a la calle vestida como hombre. Él escuchó pacientemente y finalmente me hizo pasar tras el biombo y ordenó acostarme en la camilla.
Me revisó concienzudamente. Me hizo decir treinta y tres, escucho mis pulmones, ausculto la garganta, puso aquí y allí su estetoscopio, miro mis ojos, la lengua y hasta los oídos. Finalmente poniendo cara grave como suelen hacer los médicos para que uno se crea lo que dicen sentenció:
-Esto solo puede ser una cosa, debo sacar una muestra de sangre para estar seguro-
-¿De que se trata doctor?- Pregunté, pero procurando hacerse el interesante solo dijo:
-Ya veremos, ya veremos-
Tras sacarme un poco de sangre se escabulló por una puerta lateral con la jeringa cargada y volvió en cinco minutos, antes de que pudiera comenzar a impacientarme.
-Lo que me temía- Aseveró
-¿Qué tengo doctor?- Pregunté, comenzando a preocuparme.
-Un aumento notable en la proporción de crossdressina, sus índices están por encima de los valores normales y probablemente en aumento-
-¿Qué me sucederá entonces?-
-Que su voz se hará mas fina, su cintura se estrechará, sus senos crecerán, sus glúteos también y ya no necesitará peluca, además del hecho de que ya no deseará ponerse más ropa de hombre, aunque creo que eso es mas que una consecuencia, un síntoma, pues ya se ha manifestado-
-¿Y correré el riesgo de quedar embarazada?-
-No, eso no, los efectos de la crossdressina no llegan a tanto-
Respiré aliviada y él continuó
-Pero no se preocupe pues puedo darle un remedio para curarla-
-¿Y cuando dije que quiero curarme?-
-Allá usted, si se niega a recibir tratamiento medico es su responsabilidad, mi deber es curar, así lo he manifestado en el juramento hipocrático-
Lo dejé hablando solo y salí a la calle. De manera que era eso, la famosa crossdressina de la que tanto había oído hablar y pensaba que era solo otro mito como los platos voladores del Uritorco. Debo confesar que no solo no me sentía enferma sino que por el contrario estaba mejor que nunca.
Después de varias cuadras, en una vereda donde las confiterías ponen sus mesas descubrí sentado a una de ellas a Edgardo, el varonil Edgardo, el muchacho por el que había suspirado todo mi paso por el colegio secundario, el musculoso, el atlético, el que me había defendido de una patota en la plaza, el que nunca supo de mis desvelos.
Me acerqué sigilosamente. Al detenerme frente a su mesa no tuvo más remedio que mirarme.
-Hola, Edgardo- Dije más audaz de lo que me hubiera imaginado.
-¿Nos conocemos?- Preguntó.
-Claro, soy Alexia, eh no, es decir, Ricardo M. del secundario-
Me inspeccionó desde la punta de los pies hasta la punta de la peluca y no pronunció palabra-
-¿Te acordás de mi?- Insistí.
Asintió con la cabeza. Al menos no me lanzó un insulto o me trató de puto, pensé, asumí ese gesto como una bienvenida y me senté a la mesa. Él continuaba mudo.
Después de varios segundos en que parecía estar buscando las palabras, habló
-¿Alexia?-
-Si-
-¿Te puedo hacer una pregunta?-
-Si-
-¿Dónde conseguiste esas botas de leopardo? ¿Hay en números grandes? ¿Me podes dar la dirección?-
Sonreí. Saqué de mi cartera la agenda, tomé la lapicera y escribí la dirección en una servilleta.
-¿Ese es el negocio?- Preguntó.
-No, esa es el consultorio de mi médico, pedile que te haga un examen de crossdressina, si te da positivo no encontramos de nuevo y te doy la dirección de la zapatería-
-Gracias- Exclamó mientras llamaba al mozo
- ¿Que tomas?-
-Una gaseosa diet- Contesté
¡Ah, mundo moderno! ¡Ya no quedan hombres!

FIN


Nota: Para ser fiel a mi honestidad y no tener juicios por plagio debo aclarar que la “crossdresina” no es de mi invención, pero no se a quien deberle el copyright ya que he leído sobre ella en varios blogs e ignoro cuál era el original.

Saturday, April 11, 2009

Mi salida del closet


Has recorrido un largo camino muchacha, decía una propaganda de cigarrillos allá por los principios de los setenta, la cuál es aplicable a mi historia personal.
Hoy tengo 55 años y me siento realizada a través de Alexia Montes, ese personaje que creé a partir de mis fantasías y que cobró vida propia hasta convertirse en parte ineludible de mí ser, la que debo ocultar al mundo pero la más importante. La que me permite sentirme la mujer que siempre quise ser a través de la ropa y de las relaciones sexuales pero que pugna por salir a la luz transformándome totalmente.
Esta situación genera una batalla interna que a estas alturas ya no sé quien quiero que gane, si la prudencia de mantener mi afición al crossdressing a ocultas o la hermosa locura de ser totalmente Alexia sin importarme las convenciones sociales.
Atrás quedaron las primeras experiencias, a los doce años, de pedirle ropa a mi madre para jugar a ser nena, de tomarle la lencería a escondidas para masturbarme en el baño, de usar, también a escondidas la ropa de mi ex esposa, de comprarme las primeras prendas y ocultarlas en un bolso en la oficina donde me montaba cuando estaba sola, de cómo le confesé a mi tía de mi secreta afición y como me vestía mientras estaba con ella, de llevar el bolso a la casa de mis padres cuando cambié de trabajo y encerrarme en mi vieja habitación de soltero para darme ese preciado gusto, de cuando, ya separado, trasladé el bolso al departamento que alquile y ¡por fin! poder estar todo el tiempo que quisiera sintiendo la suavidad de esas telas, de cómo un día me asaltó la culpa y tiré todo a la basura y como salí dos días después a comprar nuevas prendas compulsivamente, de cuando me las puse por primera vez ante un hombre, de cuando agregué calzado a mis posesiones, de cuando compré mi primera peluca, de cómo comencé a sacarme fotos frente a espejo, o como convencí a un fotógrafo para que me saque las primeras fotos de buena calidad, de cuando supe que esta pasión se llamaba crossdressing, o cuando pensé el nombre de mujer que utilizaría en más, de cuando fui por primera vez a Crossdressing Buenos Aires y Claudia me maquilló, me vistió y me sacó mas fotos, de cómo pude hablar con con ella como de mujer a mujer, de cuando subí mis primeras fotos a Internet, de cómo segui sacándome fotos con la cámara de disparo retardado y mientras seguía comprando ropa y mas ropa, maquillaje y pelucas. De cuando concurrí a una fiesta de Crossdressing Buenos Aires, de cómo abrí mi blog, de cómo la revista Soy de la comunidad GTTLB me publicó un comentario extraído de mi blog y además lo levantaron otros blogs, de cuando instale la web cam y seguí con las fotos y los videos bailando temas de ABBA y ahora a través del Messenger me exhibo ante mis admiradores montada o desnudita para su satisfacción, de cómo estoy todo el día montada en mi casa, tomo sol en la terraza en tanga y me animo a salir al patio con ropa femenina.
Todo esto ha pasado, mi historia puede parecer la de muchas, pero es esa lucha interna que menciono la que me subyuga y me preocupa. Cuando estoy en casa montada ya no quiero ponerme de nuevo ropas de hombre para salir a la calle. Una larga lista de sensaciones que expuse en mi blog me acercan cada vez más a la mujer que al hombre. ¿Es tarde? Me pregunto, ¿Debería abandonar todo lo que soy hasta ahora para ser Alexia?
De mucho meditarlo solo he podido llegar a una sola conclusión. Es cierto que no puedo estar todo el día montada, es cierto que a pesar de no tener puestas ropas femeninas mi mente sigue pensando como Alexia. Entonces… ¿Por qué no decirle a todo el mundo que soy lo que soy? Que Ricardo M. es Alexia Montes y que Alexia Montes es Ricardo M. Preguntaran por que no pongo mi nombre completo, la verdad es que saldré del closet persona a parsona, cara a cara a con todos aquellos que me conocen. Que lo sepan todos. Que sepan que cuando hablan con Ricardo también lo están haciendo con Alexia o viceversa. Si al fin al cabo no puedo separar ambas personalidades, no puedo dividirme y fingir que cuando estoy como Alexia no existe Ricardo o al revés. Aquí estoy, con todo lo que es uno y la otra, una y el otro. Unificando mi ser salgo del closet. Tal vez una decisión audaz tratándose de crossdressing. Me resulta mucho más fácil salir del closet como homosexual ya que allí no hay nada que explicar, y hasta está de moda dirían algunos, pero como cross es casi impensable teniendo en cuenta la necesaria invisibilidad de esta afición. Además como Ricardo he logrado hacer realidad otro de mis sueños de la infancia, ser escritor, y eso es algo a lo que jamás renunciaré. De todas maneras aquí estoy. Desnuda mi alma y con mi cuerpo vestido con ropa de mujer. No espero que me comprendan, ni que me juzguen, por que nadie está capacitado para hacerlo.


Buenos Aires, 11 de Abril de 2009