Thursday, May 07, 2026

AMOR FILIAL

 

Amor filial

Por

Alexia Montes

 

 Introducción

 Hola amigos…Supongo que no debería contar esta historia. Probablemente sea demasiado escandalosa para los tiempos que corren, o tal vez para todos los tiempos. Aquellos en que la represión moral y religiosa dominaba las relaciones humanas. Y también para esta época en que la cultura woke solo aportó confusión e intereses políticos equívocos donde todo se mezcla sin ningún tipo de orden ni lógica acabando con los valores familiares occidentales y el respeto por el decoro, asociándose, además, a las más terroríficas dictadoras.

Pero hay una fuerza superior que me incita a develar los hechos que he vivido con mi familia y mis amigas. Tal vez parezca que hay cierto morbo en esta revelación. Tal vez parezca que soy una persona políticamente incorrecta o solo me mueve el afán de escandalizar. Pero si es bien entendida nadie debería juzgarme ni a mí ni a mis padres y hermano.

Pero no es disculpa por lo que voy a relatar. Lo que viví en los años de mi adolescencia y juventud me marcaron para siempre o mejor dicho confirmaron lo que ya me acompañaba como persona desde del mismo útero de mi madre y solo yo soy quien puede juzgar sus consecuencias.

Nadie puede opinar sobre las relaciones íntimas de las personas, las que transcurren entre las cuatro paredes de un hogar. Porque la felicidad y la libertad personales son bienes únicos que cada uno determina para sí mismo.

Contar todos estos sucesos tampoco tiene el sentido de exponer mi vida al juicio de mis congéneres. Francamente no me interesa. Nadie es dueño de la moral, sobre todo en un mundo donde la gran mayoría tiene sus trapos sucios que esconder. Cada uno sabrá qué hacer con su vida y sabrá guardarse de opinar basado solo en imposiciones sociales que muchos respetan solo por miedo o por el qué dirán mientras van por la vida jugando a ser honestos. Yo sé perfectamente que hago con la mía.

Y no estoy arrepentida

 

 

Quien soy.

 Tengo veinte años, pero esta historia comienza en mí no muy lejana infancia.

Mi nombre es Sol. Soy alta, delgada, de abundante cabello negro azabache, ojos negros y piel de tono intermedio. Hija de una familia de clase media, ni baja, ni alta, lo suficientemente solvente como para vivir sin sobresaltos. Mi padre es dueño de un taller de tornería que fabrica elementos, accesorios y repuestos a pedido. Mi madre es creadora de vestimenta de alta costura que realiza en casa, pues tiene un coqueto local a la calle donde asisten sus numerosas clientas.

Construyeron una amplia vivienda de planta baja y primer piso en un barrio tranquilo de calles adoquinadas y con profuso arbolado donde los vecinos casi ni se conocen y pasan muy pocos autos por la calle dando un ambiente de tranquilidad provinciana a pesar de estar cerca de la capital. La casa es un chalet con amplio jardín y en la planta alta además del dormitorio principal, mi hermano y yo gozábamos de nuestras propias habitaciones. La actividad de mi padre lo mantenía fuera todo el día y mi madre pasaba largas horas en su local, lo que es lo mismo que decir que estaba en casa, solo saliendo para visitar a sus clientas, y siempre se hacía un tiempo para ocuparse en seguir de cerca nuestros avances escolares.

Como dije tengo un hermano, se llama Maxi. Un año menor que yo. También delgado y de delicadas facciones. Siempre fuimos muy compinches y unidos sin esas clásicas disputas entre hermanos. Y tres grandes amigas Luna, Alma y Cielo. Todos fuimos al mismo colegio desde el preescolar. Una institución de carácter privado. De esos donde el uniforme de los varones era una remera de color blanco con el escudo identificatorio y pantalones largos o cortos de color azul y las niñas la misma remera y las clásicas polleras tableadas, con motivos escoceses que usábamos muy cortas dado que, por entonces, en nuestra inocencia ignorábamos que eran motivo de excitación para los alumnos y otros varones mayores.

Mis amigas y yo formábamos un cuarteto muy unido. Éramos compañeras en el equipo de Hockey, soñando con ser algún día jugadoras de Las leonas. Solíamos tener reuniones nocturnas en casa donde nos pasábamos las horas jugando videojuegos o viendo documentales, películas en la computadora y leyendo, porque mis padres nos habían inculcado el amor por los libros. Nuestros paseos eran a la plaza, el cine o el teatro acompañadas de mi madre y las madres de Alma y Cielo. También acostumbrábamos a salir a andar en bicicleta o concurrir al Mc Donalds más cercano. Y en las vacaciones de verano tampoco nos separábamos pues viajábamos invitadas por la familia de Cielo a su casa en la costa. Maxi, por otro lado, solía juntarse con un grupo de amigos a jugar al futbol.

Mi padre es alto, delgado, sin musculatura visible, pero a pesar de ello fuerte y ágil. De cabello negro y ojos celestes, producto de una herencia genética de parte de su madre. Tiene un carácter que aparenta ser serio, pero en la intimidad del hogar es risueño y gracioso. Trabaja sin descanso para que a la familia no le falte nada y sobre todo para que mi hermano y yo pudieramos terminar nuestros estudios, algo que tanto él como mamá consideraron siempre lo más importante. Podrás ser linda o fea, pero tu bien más preciado es la educación, siempre me repetía.

Mi madre es un hermoso exponente de la belleza árabe. No porque lo sea de nacimiento, su ascendencia, al igual que la de mi padre, es española, aunque puede suponerse algún antepasado musulmán de aquellos que conquistaron la península en tiempos remotos. Su cabello negro azabache es frondoso y largo, y sus enormes ojos negros siempre fueron motivo de elogios y asombro. Posee un cuerpo atractivo y exuberante que es la envidia de las amigas y que conserva a pesar de los años

Los rasgos genéticos se repitieron en nosotros. Mi hermano se parece a papá, incluidos sus ojos claros y yo a mamá, siendo la característica más mencionada por mis amigas y sus madres el largo asombroso de mis pestañas. Aunque, en el momento en que se inicia esa historia, todavía no estábamos desarrollados.

 

 

 El inicio

 Esta historia comienza cuando mi hermano y yo estábamos en los once y doce años respectivamente. En aquella época de total inocencia acostumbrábamos andar por la casa en prendas íntimas, sobre todo en los meses de verano, sin que nuestra madre lo cuestionara.

Solíamos estar en mi dormitorio o en el de Maxi, estudiando o jugando con la computadora. Yo de corpiño y bombacha y él vestido solo con un slip. No sentíamos ninguna clase de culpa pensando que podríamos estar haciendo algo malo. Era algo natural. Claro que eso sucedía solamente cuando estábamos solos con mamá en casa. Si venía alguna visita e incluso cuando papá regresaba de su trabajo nos vestíamos adecuadamente

También se convirtieron en algo natural los besos en los labios después de haber visto una película en donde la pareja protagonista se besaba apasionadamente.

- ¿Cómo se sentirá besar en los labios? - Me preguntó un día mi hermano.

-Probemos- Respondí sin pensarlo mucho.

Y esa fue nuestra primera experiencia.  Del primer beso de solamente el rozar de los labios pasamos a entrecruzar nuestras lenguas penetrando cada uno en la boca del otro. Tal vez por la edad aun no sentíamos el hecho como un goce sexual pero la circunstancia de saber que era algo no permitido nos alentaba a seguir haciéndolo como una trasgresión. Se hizo costumbre y nosotros lo hacíamos sin culpa. Al fin y al cabo, era una muestra de amor entre hermanos. Pero, por las dudas, no solíamos besarnos en cualquier lugar de la casa, sino solamente estando ocultos en nuestras habitaciones.

Todo se hubiera mantenido sin mayores novedades. Nuestro juego no pasaba de ser inocente pero un tiempo después sucedió algo inesperado, al menos para mí. Una tarde, estando en mi habitación, vestidos como siempre, mi hermano me dijo.

-Es muy linda la ropa de mujer-

-Si, lo es- Respondí.

-Se debe sentir suavecita, como una caricia- Insistió

Y después de unos segundos en que seguramente estaba tratando de tomar la decisión de lo que iba a decir, me preguntó.

- ¿No me prestarías algo para ponerme? -

Lo miré a los ojos. Era evidente que le había costado hacerme esa pregunta y no podía defraudarlo. Fui hasta el ropero, tomé un corpiño, una bombacha y un vestido y le dije.

- ¿Sabes cómo ponértelos? -

- ¡Seguro! Te he visto siempre como lo haces-

Y con una destreza que no me imaginaba se puso las prendas. Lo miré de pies a cabeza. Realmente el chico era muy bonito. No me había dado cuenta antes, pero cubierto con mis prendas parecía toda una mujercita. Y se lo manifesté.

- ¿Realmente crees que puedo pasar por una niña? - Me preguntó.

-Totalmente-

-Me haces muy feliz al decirlo. No sabes cuanto tiempo tardé en decidirme a pedirte que me prestes tu ropa- Manifestó

Y ese pasó a ser nuestro segundo secreto. En cada ocasión que podíamos lo dejaba ponerse prendas mías e incluso, cuando nuestros padres no iban a regresar pronto me tomaba la tarea de maquillarlo en labios y ojos lo que lo feminizaba mucho más. Y eso le encantaba al punto que se entristecía cuando debía volver a su realidad de prendas masculinas.

Por otro lado, yo había comenzado a sentir un cosquilleo especial cuando observaba a mi madre. No entendía en ese momento la causa, pero con el tiempo me fue develada. Solía entrar a su dormitorio cuando se cambiaba de ropa en ocasiones en que iba a visitar clientas y me fascinaba verla mientras solo la cubría un conjunto de corpiño y tanga, que solían ser siempre de colores llamativos como violeta o rojo. Mas de una vez le pregunté cuándo podría usar ese tipo de lencería pues mis prendas íntimas eran casi infantiles y ella me contestaba

-Muy pronto, tal vez antes de lo que imaginas-

Así paso el tiempo hasta que, casi obviamente, sucedió lo que inevitablemente tenía que suceder. Eso fue el día que nuestra madre regresó antes de lo pensado por que se había olvidado uno de sus trabajos cuando fue a visitar a una clienta y encontró a mi hermano con ropas mías mientras yo lo peinaba para que tuviera una forma de cabello más femenino.

Ello ocurrió cuando yo andaba por los dieciséis años y Maxi por los quince. O sea que habíamos logrado mantener el secreto por un tiempo bastante largo, al menos comparado con nuestras todavía cortas vidas.

Contrariamente a lo que esperábamos y mientras ambos estábamos tratando de pensar alguna excusa creíble, nuestra madre ni se inmutó. En lugar de eso se sonrió mostrando toda su hermosa fila de blancos dientes y dijo señalando a mi hermano.

- ¡Vaya! ¡Que hermosa nena tenemos acá! -

Y luego mirándome a mi agregó.

- ¿Así que ahora tenes una hermanita? -

Dudando todavía como iba a reaccionar mi madre contesté en voz baja.

-Si. ¿No es linda? –

Nuestra madre volvió a sonreír y luego manifestó.

-Ahora debo ir nuevamente a lo de mi clienta a llevar estos trapos. Cuando vuelva vamos a conversar- y dirigiéndose a mi hermano agregó -Y ni se te ocurra sacarte esa ropa-

 

 

La revelación

 Maxi y yo nos quedamos sin saber que hacer. Lo único indubitable era que debía permanecer vestido con mis prendas. Y así se mantuvo hasta que una hora después mamá regresó. Entró a mi habitación, ya sin sorpresa, y sentándose en el borde del a cama nos invitó a hacer lo mismo.

Una vez que nos acomodamos dijo.

-Lo que les voy a contar es una larga historia que trataré de resumir. Deben saber que su padre y yo nos casamos por conveniencia. No económica, sino para poner a salvo nuestro futuro. El hecho fue que, en nuestra juventud ambos teníamos unos pequeños problemas. Su padre había sido acusado de abusar de un menor, algo que nadie pudo probar porque no era cierto En tanto mis padres habían descubierto que soy lesbiana y estaban a punto de echarme de la casa sin ningún sustento monetario. Su padre y yo fuimos presentados en una fiesta, hablamos de nuestros problemas y se nos ocurrió que un matrimonio sería una excelente solución para esquivar ambos nuestras respectivas situaciones…-

Mi hermano y yo nos mirábamos asombrados de tamaña confesión. Nuestra madre continuó

-…Nos casamos, nos dimos cuenta que nos llevábamos bien y los tuvimos a ustedes, formando una familia respetable. Lo que no significó que no continuáramos con nuestros deseos sexuales, eso sí, con mucho más cuidado. Su padre volvió a tener relaciones con los llamados femboys, siempre confirmando que fueran mayores de edad y yo tuve algunos encuentros amorosos con señoras que no pertenecen a nuestro círculo de amistades…-

- ¿Qué son los femboys? - La interrogué

-Chicos bonitos que se visten con prendas femeninas y que suelen tener relaciones sexuales con hombres mayores. Así como Maxi-

-Yo no tengo relaciones con hombres mayores- Aclaró mi hermano.

-Todavía no, pero tendrías una gran oportunidad de aprender con tu padre. Estarías a salvo de cualquier desconocido que te pueda dañar, serias tratado con mucho amor y tu padre no tendrá que andar corriendo aventuras peligrosas teniendo a un femboy en casa- Manifestó nuestra madre con total desparpajo.

- ¿Papá lo sabe? - Volví a preguntar.

-Si, y está encantado. Lo llamé recién, cuando iba a lo de mi clienta-

Y poniendo la mano sobre la cabeza de Maxi agregó.

-Te va a gustar. - Esta noche, cuando regrese tu padre lo vas a recibir así vestido, o mejor aún, te voy a dar algo de mi lencería para verte más sexy-

Y el asunto quedó resuelto. Maxi no manifestaba miedo ni repulsión. Hasta llegué a pensar que le estaba gustando por anticipado lo que podía suceder

La primera noche

 

Papá llegó temprano. Evidentemente impaciente de saber lo que iba a encontrar. Abrió la puerta y mamá salió a recibirlo. Luego nos llamó. Maxi tenía puesto un conjunto de corpiño y bombachita color negro con voladitos y un baby doll también negro transparente. Cuando lo vio papa exclamó.

- ¡Vaya, pero si está más hermoso de lo que me imaginaba! -

Sin más preámbulos lo tomó de la mano y lo llevó al dormitorio principal. Entraron y cerró la puerta. Mama y yo nos quedamos unos segundos en el pasillo. Ella me tomó de la cintura y dijo.

-Tu hermano se encamina a la felicidad-

-Espero que así sea- Respondí.

-No lo dudes- Aseveró y tomándome de la mano comenzó a llevarme hasta el baño principal.

La seguí obediente y cuando entramos al recinto pude ver que estaba preparada la bañera con agua tibia y sales aromáticas. Mi madre comenzó a sacarse la ropa. Por primera vez la veía totalmente desnuda y debo confesar que me parecía bellísima. Hasta estuve a punto de acariciar su suave piel, pero me contuve. Ella se metió en la bañera y ordenó.

-Desnúdate y ven conmigo-

Nuevamente le obedecí sin protestar. Me saqué toda la ropa y me introduje. El espacio no era para dos personas por lo que quedamos muy apretadas una contra la otra. Pasó su brazo sobre mi hombro y dijo.

-Sos hermosa. Los chicos del colegio se deben morir por vos. Pero sos demasiado linda para esos atorrantes. Tu felicidad estará con otras mujeres y vas a tener conmigo la oportunidad de conocerla-

- ¿Y si me gustara un chico? - Pregunté.

-Si te gustara yo ya lo habría sabido. Nunca hablas de muchachitos. Ni vos ni tus amigas. Las he oído conversar. De todas maneras, esa será tu elección cuando sea el momento. Por de pronto vas a recibir todo el amor de tu madre-

Y atrajo mi cara a su cara y me dio el beso más hermoso que recibí en mi vida. Su lengua se entrecruzó con la mía y no quería ni podía separarme de su cuerpo. Comenzamos un mutuo y frenético intercambio de caricias en todas nuestras extensiones.

-Sabes besar muy bien. No me digas que estuviste practicando- Manifestó.

-Si, con Maxi- Respondí.

Ella rio.

- ¡Debi habérmelo imaginado! - Exclamo y siguió riendo.

Salió de la bañera, se secó y me arrojó otra toalla.

-Veni, vamos a tu habitación. Te voy a enseñar lo que hace una verdadera lesbiana-

Y yo sentí que me esperaba la felicidad al igual que a mi hermano.

Desnudas, como estábamos, nos acostamos en mi cama. Mi madre comenzó a apretarme los pezones de mis pechos y yo comencé a experimentar por primera vez el placer del dolor. Pero mi madre estaba dispuesta a continuar. Comenzó a besarme en los labios y luego, lentamente fue bajando a mis senos, besando luego mi vientre para culminar en los labios de la vagina. Los abrió e introdujo su lengua. Comencé a temblar. No podía detenerme. Sentí un calor intenso bajando por mi cuerpo y de pronto advertí que me desarmaba totalmente.

El temblor aumentaba de tal manera que me retorcía como una serpiente. Mi madre no dejaba de mover su lengua y de pronto sentí la necesidad de gritar de placer. Cuando deje de moverme una intensa sensación de relax me invadió y me quede quieta.

-Acabas detener tu primer orgasmo, mi niña- Dijo mi madre

Y tras sus palabras me ordenó que me acostara boca abajo. Su lengua comenzó a invadir el espacio entre mis glúteos. El placer era aún mayor. Recomenzó el temblor. Ya esperaba lo que seguía y volví a gritar. Tuve mi segundo orgasmo.

Tras ese momento mi madre me pidió que hiciera lo mismo con ella y mi lengua se convirtió en exploradora. Ella también tuvo sus orgasmos. Y así fue que me di cuenta que me sentía toralmente adherida a ella. Que la amaba. Y me pregunté que estaría sintiendo mi hermano respecto de papá.

Seguimos besándonos un rato hasta que ella se levantó de la cama y de una caja sacó lo que después supe que era un dildo con un arnés. Se lo puso y ordenándome que me acostara boca arriba manifestó.

-Querida hija, es hora de que pierdas tu virginidad-

Yo me mantuve en silencio esperando lo que ella quisiera hacer. La sensación de sometimiento y sumisión me estaba resultando muy placentera. Ella embardunó el dildo con crema y muy lentamente, abrazándome con mucho cariño me fue penetrando. Yo volvía a los temblores. No recuerdo cuantos, pero tuve varios orgasmos siendo sometida por mi propia madre.

Y la frutilla del postre llegó cuando me volvió a dar vuelta y me penetró por el ano. Yo deseaba que eso no terminara nunca.

-Esto es lo que está gozando tu hermano- Dijo ella.

Y yo supe que la estaría pasando muy bien. Nos vestimos y salimos al pasillo. Papá iba camino a la cocina y preguntó si había comida preparada. Mamá le dijo que si y que la pusiera a calentar en el horno.

Fui hasta la puerta del dormitorio para buscar a Maxi. Salió vestido todavía con la lencería de nuestra madre.

- ¿Qué tal estuvo eso? - Le pregunté.

-Maravilloso. No te imaginas-

-Algo. Mamá y yo estuvimos teniendo relaciones en mi cama- Afirmé.

Tomados de la mano fuimos hasta el comedor. Mamá ya estaba sirviendo la comida. La cena fue como la de todas las noches, como si no hubiera pasado nada diferente. Papá contó lo sucedió en el día en el trabajo y mamá también contó su jornada. Nos preguntaron como íbamos en el colegio. Se interesaron como siempre en nuestros avances en los estudios y nos estimularon para seguir progresando. Ambos teníamos muy buenas notas.

El único momento en que se trató el tema fue cuando nuestros padres nos recomendaron no hablar de lo sucedido. Yo no necesitaba esa recomendación. Para mi estaba bien claro que no se trataba de algo normal. Ignoraba si en alguna otra familia sucedía algo parecido, pero si era así nadie hablaba.

De todas maneras, me sentía tranquila. Podía no ser normal pero mi hermano y yo habíamos aprendido lo que ninguno de nuestros compañeros tenía ocasión de conocer a nuestra edad. Lo que me tranquilizaba era que nuestros padres nos trataron con mucho amor sin el riesgo de hacerlo, sin experiencia, con alguien, desconocido o no, que nos pudiera dañar.

Tras la cena Maxi y yo nos juntamos en su dormitorio. Estuvimos conversando acerca de la experiencia de la tarde. Yo le manifesté mi idea sobre la recomendación de nuestros padres y él estuvo de acuerdo.

-La pasé muy bien. Papá me trato con mucha dulzura. Nunca me sentí abusado-

Y pasó a relatarme su experiencia. Lo escuche atentamente.

Una vez a solas en mi habitación hice un análisis de la situación. A la edad de mi hermano y la mía otros chicos son asesinos de sus compañeros en las escuelas, o de otras personas cuando intentan robar, son soldaditos de los narcos y se drogan arruinándose la vida para siempre. Generalmente es producto de padres indolentes, ignorantes e incluso delincuentes. A mi edad muchas chicas terminan embarazadas como consecuencia de tener relaciones con sus jóvenes novios que no usan preservativos por falta de dinero o por ignorancia.

En cambio, mis padres nos daban amor. Y si ese amor llegaba hasta lo sexual era normal para nosotros. Aprendimos todo lo que debíamos aprender cuidados y protegidos. Respetaron nuestras orientaciones sexuales que, como sabemos, no son de elección libre. Se nace así y no es pecado. No es una elección. No es producto de abusos ni engaños.

 

 El después

 En la mañana siguiente nos levantamos y desayunamos como todos los días. Cuando llegué a la escuela me encontré con mis amigas. O ellas son muy perceptivas o yo demostraba de manera notable mi felicidad. Pero no hicieron comentarios preguntando por algún posible amor heterosexual. Era cierto, como decía mi madre, que jamás hablábamos de chicos, lo que yo no había notado hasta ese momento.

Me interrogaron, curiosas, si mis padres me habían regalado algo valioso o si había sacado alguna nota excelente en los últimos exámenes. No les contesté, evadiendo cualquier respuesta que pudiera delatarme y las dejé pensando solo diciendo.

-Nada, solo me levanté feliz hoy. Será porque el día esta hermoso-

La vida continuó igual. La familia vivía en total armonía. Las relaciones sexuales no eran una obsesión. Se producían si había ganas y siempre estábamos de acuerdo en tenerlas. Maxi se vestía con la ropa sexy de mamá y nosotras jugábamos erotizándonos mutuamente.

Una tarde de sábado papá llevó a mi hermano a jugar al futbol, algo que no dejó de hacer, y por lo tanto mamá y yo nos quedamos solas en casa. Nos acostamos en la cama matrimonial, desnudas. Luego de las caricias y los besos mamá comenzó a apretarme los pezones y yo gozaba del dolor, eso hizo que ella me preguntara si estaba dispuesta a disfrutar un poco más y le dije que sí. De pronto comenzó a morderme los pezones y cuando comenzaron los temblores me di cuenta que iba a tener un orgasmo. Y no fue uno, sino varios durante el tiempo en que mi madre continuó haciéndolo.

En otra ocasión comenzó a enseñarme a hacer fellatio, algo que nunca había imaginado hasta entonces. Para ello usó otro dildo, se lo colocó en el arnés mientras me decía.

-No sé cuál va a ser tu definitiva orientación sexual, pero deberías aprender algo que les gusta a los hombres-

Y me ordenó abrir la boca introduciéndome el dildo. A continuación, me enseñó como debía besarlo y lamerlo. Como anteriormente, gocé con la situación a pesar de ser un objeto artificial. Al repetirlo varias veces en nuestras relaciones comencé a pensar cómo se sentiría un pene verdadero y se lo pregunté a mi madre.

- ¿En verdad quieres saberlo? - Me preguntó.

Como le respondí afirmativamente insistió.

-Con la única persona que lo puedes aprender es con tu padre-

- ¿Puedo? - Pregunté.

-Seria cuestión de averiguarlo- Dijo mi madre siempre comprensiva.

Esa noche mamá, acompañada por mí le preguntó a papá si estaba dispuesto a tener relaciones conmigo y él aceptó.

-Sería bueno un cambio para ver que cuanto le enseñaste- Respondió papá.

-Lo único que te voy a pedir es que la penetres analmente. No queremos que quede embarazada- Afirmó mamá.

Antes de la cena fui con mi padre al dormitorio principal. Me vestí con lencería de mi madre. Mi padre se desnudó totalmente y me esperó acostado en la cama. Ver su cuerpo cubierto de vello, aunque no muy abundante me produjo asombro acostumbrada a ver a mi madre y a mi hermano con sus pieles suaves y tersas. Comenzamos un juego de besos y caricias que culminaron cuando me aferré a su pene y me lo introduje en la boca. Sentir la carne erecta casi me produce un orgasmo inmediato.

- ¡Parece que tu madre te ha enseñado bien! - Exclamó papá

Tras eso me puso boca abajo y dilatando mi ano me penetró. También sentí por primera vez como se produce el orgasmo masculino. Sus temblores y su grito de placer. Otra experiencia fascinante.

Fue la única vez que tuve relaciones con mi padre. Tras satisfacer mi curiosidad y su placer volví a los encuentros con mi madre donde me sentía más mimada. Además, mi padre prefería a Maxi con sus ojos y sus labios pintados y la lencería de mamá.

 

 El gran paso de Maxi

 Llegó el día del cumpleaños de mi hermano. Nuestros padres decidieron darle un inesperado regalo. Entre mamá y yo lo vestimos con una minifalda y una blusa casi transparente por lo que se podía entrever el corpiño. Completamos el atuendo calzándolo con unas sandalias mías de taco escaso para que pudiera caminar cómodo y como gran sorpresa mamá había comprado una peluca de color negro, larga que le colocó y peinó.

Todos esos preparativos fueron para que, por primera vez, Maxi pudiera a la calle travestido. El plan era ir a cenar los cuatro al Mc Donalds que quedaba cerca de casa. Debo confesar que se lo veía hermoso. Yo, con un vestido muy corto y sandalias con taco alto no me veía tan esplendida como él.

En el local de comidas rápidas nos sentamos a cenar hamburguesas con gaseosa y papa fritas. Mirando a mi alrededor pude observar que algunos chicos de mesas vecinas miraban a Maxi y se lo hice notar lo que provocó que se sonrojara. Pero estaba feliz.

Cuando regresamos a casa volvimos a nuestra costumbre de tener relaciones papá con Maxi y yo con mamá. Fue un cumpleaños distinto y realmente hermoso.

Pero era recién el comienzo de la gran decisión de mi hermano. Un día dijo que quería ir al colegio con pollera. Nuestros uniformes eran iguales, pero se diferenciaban en ese detalle, ellos iban de pantalón y las chicas de pollera mini tableada con motivos escoceses. Él estaba decidido a dar el gran paso ante todos nuestros compañeros. Y no hubo manera de convencerlo. De manera que ambos salimos para la escuela ya que estábamos a muy pocas cuadras y solíamos hacer el recorrido caminando.

Durante el trayecto, porque nadie se dio cuenta o por que se cuidaron de decir algo, no hubo inconvenientes. Pero cuando ingresamos al patio para formar se convirtió en objeto de todas las miradas. Aunque, sorpresivamente no hubo ninguna burla.

En el momento de la formación lo vio uno de los preceptores, lo sacó de la fila y le dijo que fuera a la dirección. De paso también me ordenó que fuera yo también. Y ahí fuimos.

En el recinto de la dirección estaban el jefe de preceptores y el director. Su mirada era una mezcla de dureza y sorpresa.

- ¿Qué le dio por vestirse con pollera? - Preguntó el director.

-Me gusta- Respondió Maxi.

- ¿Y no pensó que podría traer problemas? -

-Hasta ahora no ha habido. Porque ustedes nos han enseñado siempre en respetar la diversidad y no hacer bullyng. - Respondió mi hermano.

Yo pensé, gol para para Maxi. Los directivos acusaron el golpe de la respuesta.

-Muy astuto- Dijo el director.

- ¿Usted sabia de esto? - Me interrogó el jefe de preceptores.

-Obvio, vine con él desde nuestra casa- Contesté.

- ¿Y qué opina? -

-Lo mismo que él-

- ¿Y sus padres lo saben? -

-Si- Dije lacónicamente.

-Ambos directivos respiraron hondo y tras unos segundos que se tomaron para pensar el director manifestó.

-Bien, vamos a hacer algo. Lo dejaremos vestir como quiera, siempre y cuando sus compañeritos no hagan ningún escándalo. Si llega a haber problemas olvídese de andar en pollerita-

-De acuerdo- Contestó mi hermano.

Y salimos de la dirección. Nadie hizo escandalo alguno. Ni ese día ni los siguientes. Los compañeros de mi hermano lo aceptaron sin hacer ningún tipo de burla o agresión. A medida que pasaban las semanas yo seguía asombrada por el respeto de los alumnos y por la audacia de mi hermano.

 

 

El veraneo final

 Pasó ese año y el siguiente. Y llegó el momento de graduarme. Mis amigas Luna, Cielo y Alma y yo no teníamos deseo de ir con el resto del curso en el viaje de egresados a Bariloche. Éramos como una pequeña comunidad y deseábamos pasar el ultimo veraneo, una vez recibidas, en algún sitio tranquilo.

El padre de Cielo nos ofreció su casa de Pinamar por diez días y además tuvimos la suerte de que ella ya había sacado el registro de conducir por lo que nos pudo llevar hasta la costa en el auto de su mamá.

El plan era sencillo. Pasarnos el día en la playa disfrutando del sol, luego por la tarde regresar a la casa, prepararnos nosotras mismas la comida y continuar con alguna salida a caminar por la calle principal viendo vidrieras para, finalmente, quedarnos conversando en la sala hasta que el cansancio nos venciera.

Pero, inesperadamente, algo sucedió la primera noche. Después de la playa, la cena y el paseo nos sentamos en la alfombra a conversar sobre nuestros futuros planes en la vida.

Cielo y Alma tenían en claro que ingresarían en la Facultad de Medicina. Y hablaron de su vocación con gran entusiasmo. Yo conté sobre planes concretos que ya tenía encaminados. Estudiar arquitectura en Barcelona y trabajar en un estudio que se dedicaba a reciclar pueblos abandonados para convertirlos en sitios turísticos. Ya había gestionado mi ingreso en la Universidad y en cuanto al trabajo, me estaban esperando con los brazos abiertos. Conté que tenía hablado del tema con mis padres y que ellos estaban muy contentos con mi decisión apoyándome totalmente.

Pero cuando Luna quiso comenzar a contar su sueño de futuro, en lugar de ello se largó a llorar de una manera casi inconsolable. Nos quedamos sin saber que decir hasta que reveló la causa de su desesperación.

-Hace dos semanas mi hermano me violó- Dijo entre sollozos.

En principio nos quedamos mudas, pero fue Alma la que le preguntó.

- ¿Lo saben tus padres? -

-Si, lo saben-

- ¿Y que hicieron al respecto? - La interrogué yo.

-Nada. Dicen que yo fui la que lo provocó. Que soy casi una ramera y que me lo tengo merecido-

- ¡Pero, que hijos de puta! - Exclamamos las tres al unísono.

-Y eso no es nada. A él lo enviaron a estudiar a una universidad de Boston con todos los gastos pagos. En cambio, a mí no me ayudaran más económicamente. Tendré que buscarme un empleo para sobrevivir. Vine aquí con ustedes porque me quedaban unos pequeños ahorros y no me iba a perder esto por nada del mundo-

Le pasé el brazo por el hombro y la atraje hacia mí. Continuaba sollozando y la apreté contra mi pecho. Debo confesar que su cercanía me producía una sensación de afecto que iba creciendo. La besé en la frente, en las mejillas, en los ojos. Y terminé besándola en la boca. Un segundo pensé que me había extralimitado, pero ella se aferró a mí y correspondió mis besos. Casi sin darme cuenta culminamos acostadas en la alfombra besándonos desaforadamente.

Estábamos en eso cuando pude observar con el rabillo del ojo que Alma y Cielo estaban haciendo lo mismo. Era como si todo el lesbianismo se hubiera despertado de golpe.

“Con razón nunca hablamos de chicos” Pensé en ese momento recordando las palabras de mi madre. Ahora sabía cuál era mi verdadera orientación sexual.

Ya calmadas nos quedamos mirándonos las cuatro.

-He aquí la verdad. Somos cuatro lesbianas- Dije haciéndolas reír, incluso a Luna.

Cielo se levantó de la alfombra, fue hasta la heladera y trajo una lata de cerveza.

-Festejemos esto. Y luego nos ocupamos de ayudar a Luna- Dijo mientras servía el líquido en cuatro copas.

-De eso me ocupo yo- Manifesté, y luego tomando a Luna por la cintura le dije

-Ahora dedícate a disfrutar de este inigualable momento. Cuando regresemos te venís a mi casa a hablar con mis padres. Luego vamos a tú casa a buscar tus tesoros y ahora te hago la pregunta más importante de tu vida-

- ¿Cuál? -

- ¿Te casarías conmigo y nos vamos juntas a España? -

- ¡Si! Pero no tengo un peso-

-No te preocupes. Eso también lo vamos a solucionar. –

Esa noche Luna tuvo un intensivo curso de lesbianismo. Le enseñe todo lo que había aprendido con mi madre. De todas maneras, la traté con toda delicadeza para no recordarle el mal rato pasado por culpa de su hermano. Y así pasamos las noches siguientes. Mi nuevo amor gozaba de toda la experiencia que le brindaba. Cielo y Alma tampoco se privaban de nada. Y en cada mañana, durante el desayuno nos veíamos felices como nunca antes.

- ¿Cómo no nos dimos cuenta antes de que era esto lo que deseábamos? - Preguntó Alma.

-Creo que estuvo latente en nosotras y teníamos miedo de revelarlo- Afirmé, yo que era la única que sabia bien de que se trataba, aunque nunca conté sobre las relaciones con mi madre.

 

El desafío.

Llegó el momento de regresar a Buenos Aires. Fue un viaje tranquilo en el que cada una se dedicó a meditar sobre el futuro. Cielo y Alma todavía tenían dudas sobre como tomarían sus padres la nueva revelación, pero yo estaba segura de la aprobación de los míos y de que actitud tomarían con respecto a Luna.

Cielo nos dejó en la puerta de mi casa. Ingresamos y nos encontramos con mamá y papá que estaban almorzando en el comedor. Entré primero tomando de la mano a Luna les dije sin dudar.

-Mamá, papá, les quiero presentar a mi novia y futura esposa-

Ambos sonrieron. Se pusieron de pie y la abrazaron con tanto entusiasmo que hasta a mí me sorprendió. Luna estaba feliz por el recibimiento. Luego nos sentamos a la mesa, nos ofrecieron algo para comer y le pregunté a mi novia si podía contar lo que pasó. Ella asintió.

Y les relaté el lamentable suceso que tenía a Luna acongojada. Ellos exclamaron a dúo cuando supieron la reacción de sus padres.

- ¡Pero, que hijos de puta! -

De inmediato mi madre preguntó que íbamos a hacer.

-Mi plan es que Luna se venga a vivir con nosotros hasta que viajemos a España porque eso es lo que le propuse. El problema es que ella no tiene dinero para viajar. Por de pronto iremos a su casa para que retire todo lo que se quiera llevar…-

-Eso va a generar un problema con los padres- Opinó papá interrumpiéndome.

-Veremos, Luna ya es mayor de edad y no pueden prohibirle que se vaya- Respondí.

-Bien, haremos eso, yo las voy a llevar. Tomen las valijas que necesiten- Afirmó papá y continuó – Si es preciso entro con ustedes-

-No creo que sea conveniente. Pueden acusarte de intromisión. Mejor entramos las dos solas- Afirmé.

-De acuerdo- Aceptó papá.

Y mientras mamá fue hasta la buhardilla a buscar varias valijas papá tomó las manos de Luna y le dijo.

-Por el pasaje y el dinero no te preocupes. Nosotros te vamos a ayudar.

-Gracias, son ustedes muy buenos- Contestó Luna al borde del llanto.

Cargando con cuatro enormes valijas subimos al auto de papá y en pocos minutos estuvimos frente a la casa de mi novia. Entramos y nos encontramos de pronto con sus padres sentados en el living. Ya nos habían visto descender del auto y estaban visiblemente mal dispuestos.

-Era hora que llegaras- Fue lo primero que dijeron sin saludarla a ella ni a mí.

Luna no contestó, siguió camino a su habitación y yo la seguí. De inmediato comenzó a guardar en las valijas todo lo que podía de ropa y sus libros y recuerdos. Los padres se pararon en la puerta del dormitorio.

- ¿Se puede saber que estás haciendo? - Preguntó la madre.

-Yéndome de sus vidas para siempre-

- ¿Y te trajiste a esta atorranta para que te ayude? - Preguntó el padre señalándome.

-Esta atorranta es mi novia y es justo que la respeten-

Los padres abrieron los ojos como platos. No podían creer lo que oían.

En tanto terminamos de guardar todo lo que Luna quería llevarse. Cuando nos dirigimos a la puerta los padres no se movieron. Entonces mi novia dijo.

-Me voy. Ustedes están muertos para mí y espero que me olviden. Para que sepan tengo grabado en mi celular toda la violación que sufrí de parte de mi hermano. Si ustedes vuelven a molestarme subiré el video a las redes y les juro que se hará viral en muy poco tiempo. Y no queremos arruinar la carrera de mi hermano. ¿No? -

Lo padres palidecieron. Corriéndose de la puerta nos dejaron pasar. Bajamos al living, sacamos las valijas al jardín anterior y antes de cerrar la puerta Luna les arrojó el llavero al piso. Sin decir nada más llevamos las valijas al auto donde esperaba papá.

- ¿Todo bien? - Nos preguntó.

Respondí afirmativamente. Y arrancó.

-Creo que por primera vez soy feliz. Mis padres nunca me quisieron, siempre valoraron a mi hermano por ser varón. Porque iba a seguir con el negocio familiar, pero a mí siempre me consideraron una estúpida solo por ser mujer- Relató Luna

-Ahora vamos a organizar el viaje de ustedes. Mañana sacamos los pasajes de avión- Dijo papá.

Esa noche, después de la cena Luna y yo nos acostamos en mi cama. Papá con Maxi en la cama matrimonial y mi madre durmió sola. Pero yo podía observar que no lo lamentaba. Estaba feliz por mí.

-Esto es lo que soñaba para vos- Me dijo después de la cena.

Estando acostadas y abrazadas en mi cama le pregunté a Luna

- ¿Es cierto que tenes la violación grabada? -

-No, se me ocurrió decirlo en ese momento. Pero no te preocupes. Se van a cuidar muy bien de dar un paso en falso-

 

 

El viaje

Pocos días después estábamos en Ezeiza listas para abordar el avión de Iberia a nuestro destino. En la despedida estuvieron presentes mis padres, Cielo y Alma y sus respectivos padres que, luego nos enteramos, aprobaban totalmente la relación entre ambas. También estaba Maxi, luciendo como una verdadera dama y contándonos que había comenzado con la transición, inyectándose hormonas. Los que no estuvieron, obviamente, fueron los padres de Luna a los que lógicamente ni esperábamos ver.

Cargábamos cuatro valijas cada una llevándonos todo lo que pudimos cargar. Mientras esperábamos la partida papá se acercó a Luna y a mí y nos dio un sobre a cada una.

-Esto es para ustedes. No queremos que pasen privaciones. Y recuerden, lo primero que tienen que conseguir en un lugarcito para vivir. Esto sobra para que se paguen el alquiler y sobrevivir hasta que cobren su primer sueldo-

Abracé a papá y a mamá. También lo hice con mi hermano. Iba a comenzar una nueva vida con la esperanza de que todo me iba a ir bien. Todo lo que hicieron mis padres fue para apoyarnos y educarnos, aunque tal vez muchos moralistas piensen lo contrario.

Después de las largas trece horas de vuelo en el que aprovechamos a dormir y ver alguna película aterrizamos en Barcelona. En la calle tomamos un taxi. Yo tenía la dirección de una inmobiliaria que me habían recomendado en mi nuevo trabajo. Allí fuimos. Sin demasiado papeleo ya que estaban avisados de mi llegada conseguimos un departamentito amueblado frente a las Ramblas. Era pequeño, pero ideal para nosotras dos y muy acogedor, en un tercer piso.

No quise perder tiempo y nos presentamos en el estudio. Me recibieron con mucho entusiasmo y cuando les dije que traía conmigo a una persona que también deseaba trabajar la aceptaron de inmediato.

Una vez en la calle le propuse pasar por la Universidad.

- ¿Tenes pensado estudiar algo? - Le pregunté a Luna.

-Si, artes plásticas, en especial pintura- Dijo resuelta.

De manera que nos presentamos en ambas facultades, la de arquitectura para mí y artes plásticas para ella. Ya estábamos organizadas el primer día de nuestra llegada. No era cuestión de perder tiempo.

Tiempo que fue pasando lentamente, quizá por la paz en la que vivíamos Luna y yo. A pesar de ello nos manteníamos ocupadas. Durante el día trabajamos en el estudio. Yo estaba en el sector de las grandes reformas estructurales y Luna, debido a su capacidad e ingenio comenzó a ocuparse de las decoraciones interiores.

Por la tardecita íbamos a nuestros respectivos cursos y a la salida nos encontrábamos para volver juntas a nuestro nido de amor. Allí cocinábamos y terminábamos en la cama jugando nuestros juegos lésbicos.

Un día recibí una caja con una encomienda de mi madre. Cuando lo abrí no pude menos que sonreír ante el contenido. Mi madre me enviaba dos hermosos dildos con sus correspondientes arneses.

“Para que lo disfruten” Decía en una tarjeta.

Hasta ese momento yo había sido bastante tradicional en las cosas que hacíamos en las relaciones, pero ante el envío decidí compartirlo con mi novia. Y eso motivó que le confesara como había sido iniciada sexualmente por mi madre

- ¿Y eso no te generó un trauma? - Me preguntó.

-No, mi madre me lo enseño con mucho amor. No soy lesbiana por eso, es algo con lo que se nace, no es una “construcción social” como dicen algunos idiotas-

- ¿Y tu mamá se dio cuenta de ello? -

-Si, por eso prefirió iniciarme ella misma sin que corra ningún tipo de riesgo-

-Que grande tu mamá. Ya veo por qué sabes tanto-

 

 

Novedades de Argentina

 En todo este tiempo nos mantuvimos en contacto con nuestras amigas y familiares.

De Cielo y Alma supimos que seguían entusiasmadas con sus estudios. De vez en cuando realizábamos videollamadas y nos prometieron que en las vacaciones vendrían a visitarnos.

En un zoom con mis padres les pregunté como continuaban en su relación. Estaban contentos. Nos contaron que habían concurrido a una reunión de matrimonios swingers solo para saber de qué se trataba y que consiguieron relacionarse en una gran amistad con una pareja con la que siguieron manteniendo relaciones por fuera del grupo. En esas relaciones tenían toda clase de combinaciones posibles. Mi padre con la otra mujer, mi madre con el otro hombre y hasta entre ellas y entre ellos. Me quedé contenta por mis padres.

Cuando les pregunté por Maxi me dijeron que estaba de novia, así en femenino, y que no la llamara más con el nombre antiguo porque había obtenido el nuevo documento con el nombre de Noelia.

Intrigada llamé a mi hermano (¿Hermana, debía decir?) y lo encontré, videollamada por medio, junto a su novio. Estaba hermosa, tenía una abundante cabellera color castaño y una carita muy dulce y sexy. El novio era un muchacho muy varonil.

Cuando les pregunté donde se habían conocido nos contó que el joven era el hijo del matrimonio swinger amigo de nuestros padres.

-Así que queda todo en familia- Le dije riendo.

También me puso al tanto de que estaba trabajando en alta costura con mamá y que estaban por abrir un local en una zona comercial de la ciudad. Y que el novio estaba estudiando ingeniería.

Los felicité. Me sentí contenta por ver que mis familiares habían encontrado sus caminos y seguían siendo felices.

 

Epilogo

Luna y yo seguimos manteniendo relaciones aprovechando todas las enseñanzas de mi madre. Nuestra vida es la normal de cualquier pareja. No somos nada diferente a un matrimonio heterosexual. La elección de una persona de nuestro mismo sexo es una decisión personal, íntima y única.

Por ello no entiendo a quienes se manifiestan orgullosos de ser homosexuales y lo manifiestan en las bizarras Marchas donde se exponen como freaks.

No entiendo a quienes se ponen una remera con la cara del homofóbico Che Guevara.

No entiendo a los seguidores de la cultura woke que terminan apoyando naciones donde no podrían sobrevivir diez minutos, ejecutados y torturados de manera horrible.

No entiendo a las feministas que se quejan de todo cuando, en realidad, gozan de todas las prerrogativas que les otorga la sociedad que ellas llaman “patriarcal”

En cuanto a la actitud de mis padres no tengo nada que reprocharles. Se que esto suena escandaloso, pero nos permitió a mi hermano y a mi poder conocer todo lo que se necesitaba acerca del sexo en un ambiente sano y seguro. Yo sentí su amor, sobre todo el de mi madre y la fugaz experiencia con mi padre me sirvió también. No tengo duda alguna que no fue su actitud las que nos convirtió en persona trans a él y en lesbiana a mí. Eso ya estaba dentro nuestro, en nuestra alma y en nuestro cerebro. Solo había que sacarlo a la luz.

Después de todo en civilizaciones como la de Sambia en Papua Nueva Guinea los varones son iniciados por varones adultos y en la región de Malawi las niñas son iniciadas por sus mayores en el momento en que tienen su primera menstruación. En el antiguo Egipto las relaciones incestuosas entre hermanos y padres e hijas eran absolutamente normales como en los casos de Ramses II y Akenaton. En la Europa medieval al no haber sitios para la intimidad matrimonial los hijos veían a sus padres tener relaciones y aprendían observando.

Y ahora los dejo… tengo que ir al dormitorio por que Luna vestida con un camisón transparente rojo me está haciendo gestos insinuantes desde la cama

 

FIN