Velocidad
Por Alexia Montes
22 da parte de “Mi aventura en Tokio”
Capítulo 1
Estaba sentada a una mesa del Mc Donalds de Los Muergos y Gorlero, uno de mis sitios preferidos al salir de compras por la ciudad, cuando se me acercó un señor que después del saludo me dijo que era un gran placer verme.
En principio no me di cuenta quien era hasta que le sentí bien la voz. Se trataba del policía de tránsito que me había perdonado dos multas por exceso de velocidad con mi Torino. Le hice seña de que se sentara y se acomodó de inmediato
-Usted perdone pero ya que la vi no podía dejar pasar esta oportunidad-
-Le escucho, no hay problema-
-Bien, el hecho es que ya hemos tenido un par de veces la ocasión en que la encontré pisando fuerte el acelerador con su imponente automóvil y me pregunté ¿a esta señora no le gustara correr deportivamente?-
-Le confieso que alguna vez tuve ese sueño-
-Perfecto, ¿Qué le parecería correr karting?-
-Estoy un poco grandecita para karting-
-No se preocupe usted, tengo unos amigos que tienen un taller de preparación de vehículos y andaban necesitando un piloto.-
-Debe haber montones de chicas y chicos que se morirían por correr-
-Sí, pero al taller le daría lustre una personalidad famosa-
-¡Ah! ¡Se trataba de eso!-
-Claro. Dígame la verdad ¿no le gustaría?-
-De acuerdo, usted gana. Dígame donde veo ese juguetito-
-En el Autódromo Borrat Fabini, en Canelones. Es una hora y veinte por la Interbalnearia-
-¿Cuándo?-
-Mañana al mediodía, si puede-
-Ok, ahí estaré-
Cuando les conté esa noche a mis novias y amigas la novedad, como siempre quedaron encantadas. Marga y Keiko iban a estar muy ocupadas pero las arquitectas se sumaron para hacerme compañía. Por lo que al otro día las subí a mi Torino y marchamos hasta el autódromo. El recorrido lo hice en menos de sesenta minutos por que pise el acelerador sin culpa. De modo que a la hora indicada estaba entrando en las instalaciones.
Estacioné y caminamos hasta la pista. En un box nos estaba esperando el dueño del taller y un par de ayudantes. En cuanto me vio se acercó a saludarme con efusividad, al igual que a Esther y Silvia.
-¡No sabe la alegría que nos da que haya venido!- Exclamaba entusiasmado.
En la pista estaban estacionados dos kartings. Nos acercamos y el hombre comenzó a darme algunas explicaciones con respecto al manejo. Las entendí prontamente. Vestida como estaba con un pantalón elastizado de jean y un buzo negro, me senté. Me alcanzaron un casco y me lo puse. La primera sensación fue que había perdido ángulos de visibilidad pero me acomodé enseguida experimentando que moviendo la cabeza podía tener un amplio campo de visión.
Aceleré el motor. Entre los dos mecánicos me empujaron y me largué a la pista. El autódromo tiene varios recorridos pero me mostraron un plano con el que debía transitar pues era con el que podían comparar tiempos de giro.
Di una, dos, tres vueltas y sentí que iba bajando tiempos. Era solo una sensación pero a cada vuelta iba tomando más confianza y buscaba mis límites. Hice dos giros más y me detuve. Los mecánicos corrieron hacia mí, detuve el motor y baje del vehículo.
El dueño del taller, cronometro en mano, saltaba de alegría.
-¡Ha bajado usted el récord vigente!- Exclamó.
Yo no lo podía creer. Silvia y Esther aplaudían.
-En dos semanas hay carrera en el Circuito callejero de Punta del Este. ¿Se anima?-
-Supongo que sí, pero no sé cómo pueda manejarme en carrera contra otros competidores-
-No se preocupe por eso. Vengase un par de veces aquí, el martes y el viernes próximos porque tenemos prácticas con debutantes y los hacemos correr como si fuera una competencia. Usted enseguida se va a adaptar-
Y en esos días indicados fui nuevamente hasta el autódromo. Keiko y Marga se hicieron un tiempo y me acompañaron. Fue una experiencia fascinante. Hubo dos carreras por día y gané tres de ellas. Algunos participantes protestaron porque creían que era una profesional pero en cuanto supieron mi nombre se dedicaron a pedirme autógrafos.
Mis novias estaban exultantes. Saltaban y bailaban de alegría. Estábamos sentadas en las tribunas mirando el panorama cuando se me acercó otro señor, que se presentó como Marcos González, miembro del Automóvil Club de Uruguay
-¿Señora Alexia Montes?-
-Si-
-Disculpe mi atrevimiento pero estimo que el kart le queda chico. Hay un pequeño torneo de damas en varios autódromos. ¿No le gustaría participar?-
-No tengo auto para correr-
-Creí que tenía uno-
-Si se refiere al Torino, ni loca lo arriesgaría en una competencia-
-Pero alguien me ha dicho que la vio manejando un mini Morris-
-No tiene ninguna preparación-
-No se preocupe. Todos los autos son estándar-
-Lo voy a pensar, pero ya me comprometí con los dueños del kart-
-La esperamos, le dejo mi tarjeta-
Me extendió su presentación y se marchó
-Me parecer que vas a tener un año entretenido- Dijo Marga.
-Sí, y tema para otro libro- Respondí.
La noticia corrió como reguero de pólvora. Llegó hasta Japón, contada no sé por qué lengua floja. El hecho fue que me llamó todo el mundo para felicitarme por la decisión. Tampoco faltó mi editor que dijo lo que yo ya había pensado.
-Espero que escribas un libro sobre esto-
-Llegaste tarde- Respondí.
Capítulo 2
El día viernes, de la segunda prueba con el grupo me sirvió también, junto con otros debutantes, para tramitar las licencias de piloto que otorga la Federación Uruguaya de Karting. Fue un trámite muy rápido. Evidentemente los dejé impactados. Era la primera persona que debutaba en una categoría para mayores de 32 años. Por lo general los pilotos de karting comienzan en edades infantiles.
En la semana anterior a la carrera tuve que hacer un rápido viaje a Montevideo para comprar en PSS RACING el traje, zapatillas, guantes y casco. Estaba haciendo la compra cuando me reconoció una señora que esperaba ser atendida. Como era de esperar me pidió un autógrafo. Cuando la vendedora vio esa escena le preguntó quién era yo y ante su respuesta sacó de debajo del mostrador mi libro sobre la relación de Yuzu y Mei.
-¿Me lo firma, por favor?- Me dijo.
Tomé el ejemplar y lo di vuelta, tal como me imaginaba allí estaba mi foto.
-Raro que no me reconociste- Manifesté.
-Es que no hubiera imaginado nunca verla por aquí comprando ropa para competir-
-En la vida hay que probar de todo- Respondí.
-¿Participará en el GP de Punta del Este el próximo fin de semana?-
-Sí, allí debutaré-
Y me fui del local con mi compra, teniendo que firmar dos autógrafos más a niñas de colegio secundario que justo pasaban por la vereda.
La jornada de la competencia se realizaba en tres días, el viernes para la clasificación y el sábado y domingo para las carreras. Había doscientos participantes entre todas las categorías pero en la de mi edad éramos pocos por lo que solo había que clasificar para ubicarnos en la largada.
El dueño del karting me hizo llegar un plano del circuito y en base a ese dato me tomé tiempo para estudiar la manera de tomar las curvas por lo que busque videos en You Tube.
No sé si era por la expectativa pero toda la semana, a la hora del mate, no solo regresaban mis novias de sus trabajos sino que se acoplaron las arquitectas. Por supuesto el tema de conversación era el evento próximo. Resultaba gracioso oírlas pues todas opinaban como si hubieran sabido siempre cual era la forma de conducir un karting.
El viernes fui a la sesión clasificatoria. Las chicas del grupo Scissors fueron en manada para verme. No había más público que algunos transeúntes esporádicos. Le comenté al dueño del karting que parecía haber poco interés en la carrera y me respondió.
-No crea, el viernes, como es laborable no viene mucha gente pero mañana y pasado esto se va a llenar como si estuvieran corriendo en Mónaco-
De manera que vestida con el anti flama y el casco monté el karting y salí a clasificar entre los de mi categoría. Los chicos manejaban rápido en verdad y yo era la única mujer del grupo. Algunos se quisieron pasar de vivos y me encerraban en las curvas mientras yo intentaba encontrar el radio de giro ideal. Sucedió unas tres veces hasta que se dieron cuenta que no iba a aflojar el pie del acelerador y comenzaron a respetarme. Por supuesto que no iba a hacerme la víctima feminista. Pero tampoco me iba a dejar amedrentar.
De manera que cuando encontré la vuelta ideal, sin tráfico a mí alrededor logré marcar el tercer tiempo para la largada. Bajé del vehículo, el dueño estaba más que satisfecho. Al otro día, sábado teníamos la primera carrera de verdad.
El circuito callejero de Punta del Este está formado por la rambla Lorenzo Batlle Pacheco y calles paralelas a la altura de la Parada 2 de La Brava y frente a la clásica escultura de los dedos emergiendo de la arena.
Para mí era como jugar de local. Por supuesto que tenía un público adicto que se estaba organizando para ir a ver la carrera. Por allí andaban los Nogueira, mi editor, Jacobo, los Yamura y gran parte de sus empleados.
La carrera era por la mañana para luego habilitar el paso del tránsito normal, por lo que nos levantamos temprano y después de un suculento desayuno que compartimos con las arquitectas que se habían quedado en la noche, partimos hacia el circuito.
Esta vez el público se había dado cita en grandes cantidades. No solo a lo largo del circuito sino también en todos los balcones de los edificios cercanos. Después que corrieron algunas categorías de jóvenes más pequeños nos tocó a los “mayorcitos”.
Me ubiqué en la largada. Tenía dos competidores adelante y uno a mi costado. La primera curva me favorecía por lo que cuando nos dieron la largada aceleré a fondo. Al que estaba mi lado lo deje rápidamente atrás pero los primeros seguían allí adelante.
Y no estaban dispuestos a dejarme pasar, por lo que jugaron por todo el ancho de la pista para entorpecer mi avance. Fueron veinte tremendas vueltas. Los tres nos alejamos del resto que se había quedado en un compacto pelotón compitiendo entre ellos. Finalmente, en la última vuelta logre pasar a uno de mis competidores con riesgo de irme de la pista. Pero lo hice y eso arrancó aplausos en el público que ya estaba tomando partido por mí.
De modo que terminé segunda. Agotada pero feliz. Fue como uno de esos largos orgasmos que tengo con las chicas del grupo. Me baje del karting y con sorpresa para mí, se acercaron mis dos más enconados rivales y me felicitaron.
-Bienvenida, guerrera- Me dijo uno de ellos.
Regresé caminando a la tribuna donde estaba mi gente. Por el camino todos me felicitaban. Nos quedamos viendo el resto de las competencias y luego el grupo se reunió en nuestro edificio. A la noche fuimos a cenar a Kitty´s. La idea fue de las arquitectas y yo acepté complacida pues deseaba ver que sucedía con los habitués del restaurante.
Y fuimos recibidas con un fuerte aplauso cuando ingresamos. Yo alimentaba mi ego. Como si no tuviera otros motivos para hacerlo, como la literatura o la pintura. Pero ahora tenía mis quince minutos de fama a nivel popular.
Al otro día debía correr otra carrera y después de la cena, las chicas respetaron mi deseo de ir a descansar temprano. Debo confesar que todavía me dolía todo el cuerpo.
Capítulo 3
Y llegó el domingo. Mi público me acompañaba. Hasta los empleados de Yamura se acercaron a pesar de ser domingo de asado. Solo quedaron en edificio los asadores preparando el menú para el regreso de todo el grupo después de la carrera.
En esta ocasión compartíamos el desafío con pilotos de la categoría inmediata inferior, de modo que éramos casi cuarenta kartings en la pista. Puesto que la clasificación se organizaba con los mejores tiempos logrados en las carreras del sábado quedé en cuarto lugar, lo que me dejaba en el lado de afuera de la primera curva.
A pesar de la posición desventajosa aceleré al máximo y pude pasar al tercer puesto. La gran cantidad de público nos alentaba. En esta ocasión se vivía la sensación de una carrera importante. Después de varias vueltas logré pasar al segundo puesto y cuando estábamos en el último giro ataqué decididamente al primero, logrando superarlo en los últimos metros a pesar de su resistencia.
Al detenerme y bajar del karting sentí el cerrado aplauso de toda la gente que me conoce. Saludé con el brazo en alto y me dirigí adonde estaban reunidos los Yamura, mis novias y amigas y los empleados. Me abracé con mis chicas y me senté a su lado a esperar el resto de las carreras.
Luego de que terminara la sucesión de competencias se hizo el acto de premiación en donde obtuve dos copas, una por el sábado y otra por el domingo. Cuando bajé del podio y me dirigía a mi automóvil para concurrir a lo de Yamura por el clásico asado me encontré con el dueño de los kartings.
-Quería agradecerle inmensamente lo que ha hecho usted por mí-
-Bueno, no es nada, solo estaba divirtiéndome-
-El hecho es que un empresario de Montevideo quiere invertir una suma importante en mi taller porque quiere que sus hijos, un varón y una mujer, compitan con mis vehículos-
-¡Genial, lo felicito!-
-¿Seguirá usted con nosotros?-
-No, lo lamento, ya fue suficiente-
-De todas maneras esto se lo debo a usted-
-Fue un placer, créame-
Y seguí caminado hasta que me abordó aquel mismo señor que me ofreciera participar de la Copa de Damas.
-¿Y, lo pensó?- Me dijo.
- Tal vez si, tal vez no-
-Venga, se va a divertir más que con estos autitos de juguete. Ford nos ha provisto de quince modelos K equipados con jaula antivuelco. Están interesados en promocionar la categoría pero hasta ahora no hay un gancho fuerte-
-¿Y ese gancho seria yo?-
-Obviamente. Usted es una persona famosa, no como todo ese conjunto de ilustres desconocidas que se tiene que conformar en competir los sábados por que no las dejan los domingos. Su presencia puede influir en eso-
-Es un buen desafío-
-Y más lo será cuando tenga que enfrentarse en la pista a un montón de feministas retrogradas-
-¡Ja, ja! ¡Eso no lo imaginaba! Cuente usted conmigo-
-Ok, el viernes próximo en el Autódromo de El Pinar. ¿La espero?-
-Allí estaré, como un solo hombre-
Y reímos de mi ocurrencia.
Minutos después llegué a lo de Yamura. El recibimiento fue apoteósico. Tuve que atravesar una marea de personas entre los que estaban los padres de Keiko, los empleados y sus familias. Pero realmente lo que deseaba era ir al baño de la fábrica, sacarme la ropa de correr y darme una ducha reparadora.
Una vez que logré mi cometido me senté junto a mis novias y los Yamura en una larga mesa. Allí, mientras degustaba un sabroso choripán les conté lo de la Copa de Damas.
-¿Al final decidiste competir?- Preguntó Marga.
-Sí, pero la razón no es correr sino porque el señor González dice que todas las corredoras son toda una caterva de feministas recalcitrantes-
-¡Aaaaaaaah!- Exclamaron todas al unísono.
-Debí imaginármelo- Comentó Keiko.
Durante toda la semana me dedique a hacer un esbozo de lo que deseaba escribir acerca de mi aventura automovilística. Estaba claro para mí que no participaría más que en las cuatro carreras que completaban el campeonato de damas pero estimaba que me resultaría divertido competir rueda a rueda contra ese grupo de mujeres cuya actitud fascista me parece detestable.
Mientras tanto matizaba también mi actividad, desde que mis novias se iban a sus trabajos hasta la hora del regreso y el mate, pintando algunos cuadritos. Se me había hecho costumbre copiar paisajes de viejas postales que encontrara en una casa de antigüedades descubierta en una de mis recorridas por la ciudad. Adriana, mi marchand estaba muy de acuerdo con esta elección y no cesaba de animarme. Siempre tenía un tiempito para pasar por el edificio y tomar juntas un café.
A pesar de toda la actividad que tenía comencé a leer detenidamente los diarios locales y nacionales. Mi interés era ver como se desarrollaba la política del nuevo gobierno de carácter socialista que había reemplazado al de mi viejo amigo Lacalle Pou. El fantasma del populismo barato me persigue y no quería concluir que nos habíamos mudado de país en vano. De lo que estaba segura era de que no volvería jamás a Sudacalandia. Es muy probable que los peronistas o cualquiera de sus metástasis vuelva al poder después del experimento Milei y confieso que prefiero al zurdo de Orsi que a cualquier “peroncho”.
Otra de mis actividades era conversar con mis amigas del Lejano Oriente. La que mejor me comprendía con respecto a las carreras era Mitsuko, quien, como creo haberlo contado alguna vez, es una cultora ferviente de las motos y su velocidad. También intercambiaba largas charlas con el solcito Yuzu y con Mei. Y la que solía contactarse conmigo para pedirme consejo era la bella Harumi. Ella creía que por ser ambas del mismo signo del zodiaco, de hecho del mismo día, yo podría ser como una madre protectora que la entendiera. Y no le faltaba razón. Tengo un gran cariño por la simpática hermana de Mitsuko y procuraba que fuera feliz dentro de su, todavía, indecisión sexual.
En los diarios también encontré, aunque obviamente no en primera plana, una reseña de las carreras del domingo anterior en Punta. La satisfacción fue saber que no había pasado desapercibida. Decían algunas notas que yo era muy arriesgada pero segura y que había dado un gran espectáculo superando a mis rivales varones.
También mencionaba mi próxima participación en la Copa de Damas. Evidentemente a alguien se le soltó la lengua, y, presumo, para publicitar la categoría. Ya les daría tema para las próximas semanas. Estaba dispuesta a jugarme para superar a mis enemigas, las feministas.
Capítulo 4
Esperé ansiosa el viernes en que conocería a mis rivales. Debo decir que no fue sorpresa que me trataron fríamente. En realidad era visible que me detestaban, pero me hice la desentendida.
Dado que todos los autos eran iguales la organización había dispuesto que los vehículos se sortearan y que cada uno de ellos tuviera un par de jóvenes mecánicos que se ocuparían de las reparaciones necesarias. En cuanto se hizo el sorteo me dirigí al vehículo que me tocó en suerte y los chicos que lo atendían estaban felices de ayudarme. Ellos también estaban hartos del maltrato de las otras competidoras. De todas maneras ya tenían decidido ser ellos mismos protagonistas pues estaban preparando un auto para correr en Súper Turismo el año siguiente y dejar de ser ignotos mecánicos.
De a poco todas las corredoras fuimos saliendo a la pista para marcar los tiempos que nos ubicarían en la grilla de partida. Previamente convenido con mis mecánicos hice tiempos altos. No quería asustar a las demás pilotos (¿o pilotas?). De modo que al final de la jornada estaba decima entre quince participantes. Prefería arrancar de atrás, observarlas y no tener que darles la espalda. No hice el último puesto para que no sospecharan. Mis ayudantes me contaron que las demás opinaban que finalmente yo no era gran cosa como rival y que no debían preocuparse.
El sábado había, como era de esperarse muy poco público. Los fanáticos estuvieron atentos a las jornadas de clasificación de las categorías de varones y en cuanto se anunció nuestra competencia desapareció para ir a comprar algo de comer. Las tribunas estaban vacías cuando largamos.
La competencia era a veinte vueltas y pronto no me aguanté, apretando el acelerador a fondo, lo que daba el auto. Pasé de decima a quinta en solo dos vueltas. Al principio no se dieron cuenta y tardaron en reaccionar pero ni bien vieron mi maquina detrás de las cuatro primeras comenzaron a taparme el paso como podían. Yo amagaba por derecha e izquierda, frenaba más allá de lo debido en las curvas y hasta hubo un roce con la que iba cuarta.
A medida que pasaban los giros noté que el público estaba regresando y algunos llamaban a otros más rezagados para que vieran el espectáculo.
Y se lo dimos, en la quinta vuelta pasé a la cuarta y mientras las tres primeras se colocaban tapándome todo el ancho de la pista yo me puse tan cerca de ellas que cualquier frenada súbita podía producir una catástrofe.
El público se seguía sumando. Ya estaban vitoreando a alguien, no sé si a mí o a mis rivales. El hecho fue que en una curva cerrada superé a la tercera. Ya tenía solo dos adelante y no podían taparme tanto el camino. Las tres estuvimos lidiando hasta la vuelta dieciocho cuando dejé atrás a la segunda. La primera, de nombre Antonella, la más audaz y arriesgada de todas no me dejaba paso. Y así continuamos como si un auto estuviera pegado al otro. La apuré casi sobre la línea de llegada y la organización tuvo que decidir, en base a una foto, que me había superado solamente por unos pocos centímetros.
No había ganado la carrera pero ya sabían que conmigo no se jugaba fácil. Ese domingo hubo nuevo festejo en lo de Yamura. Yo me sentía feliz pero mi decisión de solo correr las carreras que quedaban de la temporada era firme. Y, si bien se lo confesé a mis novias y amigas, lo guardé como secreto ante mis rivales y la dirección de las competencias.
El señor Gonzales, miembro de la dirección del Automóvil Club, me escribió una mail comunicándome que ya estaba en estudio el pase de las carreras de la Copa de Damas para el domingo aunque no había nada definido aún.
El próximo evento sería en el Autódromo de Tarariras. Un verdadero desastre de pista despareja, en partes de tierra y casi sin señalizaciones. Cuando lo vi no podía creer que pudiéramos correr ahí y rogué al cielo, o a quien corresponda, que no llueva.
Ese sábado, como de costumbre me siguieron mis amigos más cercanos, además de, obviamente, mis novias. Aparecieron los Yamura y los Nogueira. Jacobo incluido.
En cuanto llegué noté que había una cantidad de público bastante numerosa. Pensé que era por la clasificación de los Súper Turismo pero advertí que me saludaban desde más atrás de los alambrados y comencé a pensar si era por la competencia de la Copa de Damas.
Y no me equivoqué. El público se mantuvo en las improvisadas gradas y a lo largo del circuito cuando nos tocó correr. El día anterior había marcado el segundo tiempo, pues ya no estaba dispuesta a perder, La única que me superaba era Antonella, quien me había ganado en la carrera de El Pinar.
Largamos. En la primera curva la muy maldita me encerró de tal manera que tuve que bloquear lo que me hizo perder preciosos segundos. Dos rivales que venían detrás de mí me pasaron y quedé cuarta. Pero no estaba dispuesta a renunciar.
El polvo que se levantaba entorpecía bastante la visual y me costó llevar el ritmo de quienes me superaban. Ellas ya conocían el circuito y eso las favorecía pero no les perdía pisada. Finalmente me hice del tercer puesto cuando promediaba la carrera y retomé el segundo faltando solo dos vueltas.
El público se mantenía expectante. No sé si deseaban que yo ganara o perdiera pero era evidente que el señor González había acertado. Un personaje diferente, como yo, atraía espectadores. Me sentía como los pilotos de los Ford GT 40 En Le Mans venciendo a las Ferrari.
Y así fue, cuando entramos en la anteúltima curva pasé a mi enemiga, pero en la última volvió a pasarme y trató de encerrarme con tan mala suerte que patinó sobre el borde de la pista. Trató de acelerar pero yo la había superado y llegue primera a la meta.
Ahí corroboré que el público vivaba por mí. Cuando bajé del auto el aplauso fue unánime. Saludé levantando el brazo y me dirigí al podio donde me entregarían otra nueva copa para mi colección personal. Algunas personas se acercaron y sus comentarios me alegraron el día aún más.
-Era hora que alguien les gane a esas soberbias- Dijo uno.
-Que se vayan con su feminismo a llorar a la iglesia- Dijo otro
Y así varios más.
Sin siquiera cambiarme pase a felicitar a mis mecánicos que no cabían en sí de alegría.
-Vamos terminar el año de la mejor manera. Dejamos a esa manada de locas y nos vamos a una categoría superior- Exclamaron.
Y yo me alegré por ellos.
La noticia corrió, como siempre, alimentada por mis novias, amigas y alguien que lo comunicó al otro lado del mundo. Me llamaron todas mis amigas de Japón y también mi editor, que volvió a insistir con que escribiera el libro de mis experiencias automovilísticas.
Cuando salía del autódromo me vio quien me incitara a esta aventura, el policía de tránsito que me hizo señas al paso de mi Torino.
Bajé la ventanilla y cuando estuvo a mi lado manifestó.
-¿Vio que no me equivocaba? Usted tiene sangre de corredora en las venas-
Saludó y se fue caminando. Probablemente esta noche se daría corte de que había sido mi descubridor.
Capítulo 5
El tercer evento sería en Concepción del Uruguay. En esta ocasión se trataba de un trazado mucho más prolijo que el anterior. La pista estaba en muy buen estado y las señalizaciones eran visibles.
Apenas bajé de mi Torino el viernes, día de entrenamientos, me encontré en el pasillo de boxes con Antonella. Se plantó delante de mí y dijo.
-Más te vale que esta vez no te quieras pasar de lista. Te va a costar caro-
La miré fijamente a los ojos y repliqué, como se verá, muy astutamente.
-Me parece que hace rato que no te cogen. ¿Es por tu carácter de mierda?-
Levantó el casco que tenía en la mano e hizo el ademan de pegarme con él pero un comisario deportivo que vio la escena la detuvo amenazándola con retirarla de la competencia. Ella se alejó unos pasos y cuando estaba a suficiente distancia se dio vuelta y me hizo el gesto de fuck con el dedo levantado. Me sonreí desdeñosa. Mis mecánicos se acercaron pretendiendo protegerme pero el huracán había pasado. Al menos eso pensaba.
En esta ocasión volví a mi táctica de largar de atrás. Ni mis rivales ni el público entendían por qué mi andar en las pruebas de clasificación era tan dispar. Pero yo solamente trataba de proteger mi integridad. Si volvían a pensar que lo de la semana anterior era solo suerte no se iban a preocupar por mí.
El sábado, nuevamente acompañada de mi incondicional público que alquiló un micro para viajar todos juntos hasta el autódromo, largué en décima posición. La carrera se puso interesante. No me dedique a atacar a mis rivales hasta que promedió la competencia. A partir de ahí comencé mi tarea. Cuando faltaban solo tres vueltas ya estaba segunda con Antonella en la cabeza delante de mí.
Comencé a acosarla y para mi sorpresa no me tapaba la pista sino que se abría ante cada embate mío. Esta actitud me llamaba la atención y comencé a sospechar que había alguna razón. Por lo que decidí mantenerme detrás suyo pero siempre pegada a su cola, maniobra de la que ella intentaba despegarse.
Y finalmente supe el porqué. Cuando en una larga recta apreté el freno para entrar en la siguiente curva me di cuenta que no funcionaba. Mi auto volaba sin poder pararlo así que detuve inmediatamente el motor y me pegué a mi rival tocando mi trompa con su cola. Ella no tuvo más remedio que frenar y eso logró que disminuyera mi marcha. Cuando salimos de la curva aceleró pero yo ya estaba frenando por la propia inercia. Como pude detuve el auto a orilla de la pista y me bajé. En las tribunas hubo un silencio agobiante. Nadie sabía lo que pasaba hasta que llegó corriendo un comisario deportivo y me preguntó por lo sucedido. Le mostré la mancha que el líquido de frenos había dejado en el pasto. El hombre se agachó y miro debajo del vehículo
-Perdió líquido de frenos- Dijo.
-Es sugestivo- Afirmé yo.
-¿Usted cree que fue sabotaje?-
-Si no lo fue anda cerca- Respondí.
La competencia había terminado. La ganadora, mi rival enconada, estaba festejando con sus seguidoras. En tanto levantaron mi auto con una grúa y constataron lo esperado. La manguera del líquido de frenos había sido cortada, muy sutilmente, como para que sintiera la falta de frenos cuando estaba muy acelerada.
El comisario me miró. Adivino de inmediato lo que yo pensaba. Señalando a Antonella dijo
-¿Usted cree que fue ella?-
-Probablemente, pero no la voy a acusar. Prefiero demostrarle en la pista quien es mejor. Espero que ustedes sepan darle seguridad a mi auto para la próxima carrera-
-No lo dude usted. Pondremos guardia especial en el próximo Parque Cerrado-
Mi rival ni siquiera apareció para saludarme o putearme. No se atrevió. Sabía que la tenía en la mira y no podía permitirse un exabrupto. Mis novias y amigos se acercaron para saber lo ocurrido. Después de contárselo subí a mi Torino, no sin antes verificar que también lo hubieran saboteado. Y regresé a Punta del este, seguida por el ómnibus con todo mi público.
Esa noche me enteré que el Automóvil Club había decidido que las carreras de la Copa de Damas se realizarían los domingos. Ya lograron el espectáculo que buscaban. Pero yo tenía mi decisión tomada. No iba a ser su atracción sangrienta.
Keiko, Marga, Silvia y Esther estuvieron toda la semana tratando de convencerme de que no compitiera en la próxima carrera pero yo me mantuve firme.
-Recuerden cuando fuimos a Huaschan. Sabíamos que estábamos corriendo un gran peligro y ustedes no se amilanaron. Esto es lo mismo. Trataré de ir con el mayor cuidado posible pero no quiero que piensen esas imbéciles que soy una cobarde-
Y el asunto quedó zanjado.
También me llamaron mis mecánicos pidiendo disculpas por no haber notado el sabotaje. Debo reconocer que sospeché de ellos pero no les había dicho nada y les manifesté que se quedaran tranquilos pero que antes de la competencia revisaran todo con mucho más cuidado. Quedaron satisfechos con mi respuesta.
El próximo evento era en Mercedes, pueblo de Soriano. Era más cerca de Punta del Este y por ser la última carrera se vino prácticamente toda la fábrica de Keiko y su padre nuevamente en varios ómnibus. Este autódromo era parecido al de Concepción. Muy bien asfaltado y con toda la infraestructura.
Cuando me vieron aparecer el día de los entrenamientos todas mis rivales se quedaron mirándome. Evidentemente pensaron lo que yo suponía. Que iba a abandonar
En esta ocasión mi estrategia tenía dos factores. Quería demostrar que podía hacer el record pero al mismo tiempo jugar con la posibilidad de que Antonella estuviera delante de mí. La razón era simple, la quería adelante para acosarla toda la carrera y sacarme la duda sobre otro posible sabotaje. Si me tapaba la línea era porque no sucedería nada, si se corría era porque temía que la chocara nuevamente. Ella se jugaba el campeonato, no contra mí, sino contra una tercera corredora, y no podía darse el lujo de arriesgar el auto nuevamente.
Además, el que va adelante siempre es el que pone más nervioso.
Tal como lo deseaba conseguí el segundo puesto en la clasificación y el sábado largué en la misma línea que mi rival pero del lado opuesto de la cuerda. Tal vez supuso que la iba a tratar de pasar en la primera curva y tuvo un ligero desliz del auto por lo que supongo que fue un error por los nervios. Pero no la pasé. Estuve detrás de su vehículo todo el tiempo. Y ella trataba de taparme la marcha. Evidentemente esta vez no tenía los frenos saboteados. Y ella lo sabía, y si no era ella sabía que no sucedería nada.
Al inicio de la última vuelta la superé, pero volvió a la punta metros adelante. El público estaba de pie en las tribunas. Pocos metros antes de la llegada le gané la primera posición. Había ganado la carrera. Pero ella consiguió los puntos para ser campeona.
Ambas festejamos, cada una con su público y sus allegados. A varios metros de distancia nos miramos. Inesperadamente me hizo un gesto levantando el pulgar. Para sorpresa del público comenzamos a caminar una hacia la otra.
El silencio era agobiante. En cuanto estuvimos frente a frente dejamos los cascos a un lado y nos fundimos en un fuerte abrazo. Solo se oyó un cerrado aplauso.
-Esta noche te llamo y te digo quien saboteó tus frenos- me dijo al oído.
Capítulo 6
Y esa noche me llamó. Pero no voy a adelantarme a los hechos. Regresé al edificio con mis novias y amigas. Nos duchamos y vestidas con ropa cómoda pero elegante fuimos a cenar a Kitty´s invitados por los dueños.
En la puerta nos encontramos con los Nogueira, los Yamura, Jacobo, mi editor, la señora Azumi y mi marchand, Adriana. Dentro del restaurante, como era de imaginar, fui recibida con una ovación. Un notero de un canal local intento entrevistarme. Lo único que llegó a preguntar era si iba a seguir compitiendo.
-No, ya tuve suficiente. Quiero volver a mis actividades normales-
Y la noticia fue conocida en los medios antes de hubiéramos terminado la cena. Estábamos ya en el brindis final con champagne cuando me sonó el celular. Era Antonella. Le había dado el número de móvil que uso para mis tratos “oscuros”.
-Hola princesa- Saludó.
-Hola. Supongo que llamas para contarme lo que me prometiste-
-Tal cual. Antes que nada quiero decirte que, como habrás notado, no fuiste bien recibida en el grupo, quizá porque tuvimos celos de pronto o porque conocemos tus opiniones sobre el feminismo. En realidad nosotras no somos feministas pero sabemos que el señor González nos hizo aparecer así como idea para conseguir público y como no le funcionó recurrió a vos…-
-Y yo caí como una idiota-
-…Bueno, no quise decir eso. El hecho fue nuestra reacción, como te dije, por celos, pero ninguna de nosotras tuvimos jamás la más mínima intención de hacerte daño. El que ordenó que te cortaran la manguera del líquido de freno fue González. Vio que la rivalidad se estaba poniendo caliente y comenzaba a interesar al público que se le ocurrió esa idea…-
-Pudo haberme matado-
-Sí, pero el muy cretino calculó que podías salir sana y por eso lo hizo. Vos estuviste genial apoyándote en mi auto para la frenada. Yo estaba medio asustada y quería salir de tu camino y no lo lograba. Por suerte en esa carrera no perdí los puntos para ser campeona y vos saliste ilesa-
-¿Cuándo supiste lo de los frenos?-
-El viernes pasado, cuando estábamos en los entrenamientos. Me lo contó uno de los mecánicos que había escuchado una conversación entre Gonzales y otra persona que le preguntaba si en la carrera de hoy debía también sabotear tu auto y el muy maldito le dijo que no era necesario. Por eso no te avisé nada y vos corriste muy bien, sé que me estuviste siguiendo por si pasaba lo mismo, pero observé que te diste cuenta que todo estaba bien cuando decidiste pasarme en la última vuelta-
-¿Y ustedes van a seguir corriendo a pesar de González?-
-No hay problema, parece que hubo otra persona, un comisario de pista, que también supo lo que pasaba y lo han denunciado-
-Mejor para ustedes. Te agradezco la información-
-No es nada. Te lo debía. Fuimos muy malas con vos, pero demostraste ser una mujer con pelotas. Te admiro. Es una lástima que no vas a correr más, recién lo escuche en las noticias-
-Vuelvo a mi vida tranquila de libros y cuadritos. Es más sana-
-Ja, Ja. Una pregunta… ¿Qué tan lindo es ser lesbiana?-
-De lo mejor, tendrías que probar-
-Ja, ja, Por ahí…Te mando un gran abrazo. No me guardes rencor-
-No te preocupes. Te mando un gran abrazo y felicitaciones por el pase de la categoría a los domingos-
-Gracias-
Y cortamos. Ya tenía el final feliz para mi nueva novela.
Pero no todo iba a quedar así sin las debidas aclaraciones. En la semana el comisario deportivo que había oído la conversación entre González y otro sujeto debió declarar ante un juez que intervino de oficio. El juez citó luego a González y le hizo saber que había un cargo contra él por presunto intento de sabotaje con riesgo de vida.
Posteriormente me llamó a mí. Yo actué lo que me sale mejor. Me hice la tonta. Dije que no tenía idea de nada. Que había podido salvarme gracias a la idea de frenar mi auto contra el de Antonella y que fue lo único que se me ocurrió en ese segundo. Y que lo había hecho tratando de no dañar a mi rival que finalmente pudo terminar la carrera en primer puesto.
Cuando me preguntó el juez si sabía quién podía haberlo hecho contesté que no y que para mí habiendo salvado mi vida y no perjudicando a Antonella me daba por satisfecha pues de todas maneras tenía decidido no correr más.
Ni remotamente iba a comprometer a mi rival en esa investigación. No valía la pena. De modo que todo quedó circunscripto al comisario deportivo y su denuncia. González y su socio fueron a prisión, no sé por cuanto tiempo y además expulsados del Automóvil Club.
Todas estas noticias que ocurrieron dentro de la semana siguiente a la última competencia fueron difundidas en los canales de televisión a nivel nacional. Pasado el temblor jurídico yo regresé, esta vez sí, a mi computadora y mi atelier. Y por supuesto a volver a tener sexo de manera desenfrenada con mis novias y amigas.
El epilogo fue un llamado de Antonella. Me agradeció enormemente que no la hubiera involucrado y volvió a decir que me admiraba.
-No hay muchas minas como vos- Me manifestó.
El domingo siguiente continuó el festejo en lo de Yamura. Llevé al asado todas las copas que había obtenido en estas fugaces y a la vez interminables cinco semanas de competencias. Las chicas del club vecino nos desafiaron a un partido y nos dedicamos, a deportes menos riesgosos. Aunque de todas maneras nos pasaron por arriba. Poética forma de decir que nos ganaron 5 a 1.
Mi editor ya andaba detrás de mí tratando de saber si me había puesto a trabajar con el libro sobre mis andanzas en las cuatro ruedas. Le dije que aprendiera a esperar. Pero, como suponía, ya había abierto la boca con el editor en Japón, el jefe de Yuzu. Pues fue por ella que me enteré que el señor Akiyama comenzaba a refregarse las manos imaginando nuevas ganancias y ni qué decir de mis amigos del Estudio Wit.
Además del texto me hice de una significativa cantidad de fotografías que me enviaron amigos, conocidos e incluso desconocidos y medios gráficos. En realidad la historia no era para tanto y no iba a tener una aceptable cantidad de páginas sino las rellenaba con material gráfico. De manera que también me tomé el trabajo de seleccionar lo recibido y mandárselo a mi editor para que lo fuera guardando en sus archivos y si era posible la mejora de las imágenes en algunos casos que no eran debidamente claras.
Así que mi aventura sobre las cuatro ruedas alumbró otro libro. Y ya sabía que luego del trabajo en el escritorio iba a tener que pasearme por algunos sitios presentándolo. Una buena manera de evadirme del mundo.
Capítulo 7
El regreso a la vida normal también supuso un retorno a las relaciones sexuales un tanto desmedidas. Un día se me aparecieron por casa Silvia y Esther. Se ve que me estaban extrañando y, por supuesto, terminamos en la cama en una orgia sin freno.
Además del sexo también estuvimos conversando acerca de temas menos mundanos. Ambas estaban exultantes por la cantidad de trabajos que estaban tomando. No solo los edificios del padre de la rubia sino también varias viviendas particulares, tanto en Punta como en Maldonado, José Ignacio y Piriapolis.
Entre la conversación surgieron varias preguntas acerca de lo que había sentido mientras corría y les tuve que confesar que era lo más parecido a uno de esos interminables orgasmos que tanto disfruto.
-Pero… decidiste dejar de correr- Dijo Silvia.
-Si, por que desde un principio no me interesaba tenerlo como otra actividad sumada a todas las que tengo. Es muy extenuante y demandante. Y además me estaba quitando todos estos preciosos momentos que pasamos juntas-
Esa tarde Marga y Keiko llegaron, como de costumbre, a la hora del mate. Durante la conversación supe que estaban enteradas de la visita de las arquitectas. Obviamente no les molestaba. Ese era nuestro pacto con todo el grupo pero Marga no pudo dejar de hacer un chiste que resultó relacionado con la conversación que había tenido más temprano con las otras chicas.
-Para mí que no seguís corriendo por que te quitaba tiempo para las orgias-
-¿Sabes que tenes razón?- Le contesté.
-El tema es que esperamos que estés descansada porque esta noche te vamos a coger hasta que digas basta-
-Sabes que yo nunca digo basta, al menos en estas situaciones- Respondí riendo.
A la noche cocinamos entre las tres. En estas ocasiones la cocina queda hecha un desastre. Pero, al menos no era la mía. Lo hicimos en el piso de Keiko. De todas maneras después del aluvión dejamos todo reluciente.
Mientras cenábamos Marga volvió al ataque.
-¿Y si vamos a Abu Dabhi a ver la última de la Formula Uno?-
Keiko la miró interrogante.
-¿Desde cuándo te interesan las carreras de autos?- Le preguntó
-Bueno, desde que comenzamos a ver a esta irresponsable acelerar a fondo- Respondió Marga.
-Tu anterior idea acerca de hacer una gran fiesta salió bastante bien. No insistas…- Manifesté y luego continué
-…y además no pienso ir ni loca a un lugar lleno de tipos con turbantes. Me dan miedo-
-Pero fuimos a Turquía- Insistió Marga.
-Turquía es otra cosa. No están tan locos…todavía-
-A mí tampoco me gustan los turbantes- Agregó Keiko.
Después de unos segundos dije
-La voy a ver en la televisión, como siempre-
Aquí voy a aclarar algo. Desde hacen muchos años soy fanática de la Formula Uno. Suelo verla en la televisión, en lo posible en el monitor más grande. Mis novias, al menos hasta ahora, jamás demostraron interés en compartir mi gusto. O se iban a otra habitación o, si se quedaban conmigo para hacerme compañía, tomaban un libro o se ponían a jugar con la Tablet. Pero ahora estaban manifiestamente interesadas.
Tanto así que se acoplaron a ver la última carrera del año en tierras árabes como si el automovilismo fuera su vida. Y me di cuenta que se habían estado informando acerca que quien es quién en este circo veloz pues era casi insoportable escucharlas alentar a los pilotos, como si ellos las pudieran escuchar.
Ambas hinchaban por Norris. El que al final salió campeón. Y esta situación me lleva a un pequeño comentario.
Primero, los Mc Laren ganaron el campeonato de pilotos y de marcas porque demostraron ser un equipo consistente. Y las fallas de estrategia que tuvieron no fueron muy groseras.
Segundo. Este Verstappen es un monstruo. Estuvo a punto de robarles el campeonato con un auto que ya no es lo que era. Pero el tipo lo lleva como si fuera el mejor. Otros pilotos, me vienen a la mente Alonso o Hamilton, quedan desdibujados una vez que cambian de marca o sus autos pierden potencia. Pero el holandés no. Tiene cara de amargo todo el tiempo. Digamos que no es simpático pero es un monstruo.
Tercero. Nuestro Colapinto. Espero que en el 2026 le vaya mejor a Alpine, se pongan a trabajar en serio y dejen de hacer macanas. Que dejen de ser el pariente pobre de la Formula Uno. Que tengan mejores motores y que la nueva reglamentación los ayude un poco. Sino el pibe va a tener que cambiarse el nombre. Por ahí es un karma que arrastra llamarse “Cola” pinto.
Cuarto. Dicen que las nuevas reglamentaciones harán que los pilotos sean más protagonistas. Por lo que escuché solo es cambiar una tecnología por otra. Si quieren que sean los pilotos los verdaderos protagonistas lo ideal sería que le saquen toda la telemetría y la radio, que las indicaciones sean por carteles al borde de la pista y que les dejen un volante que solo sea para cumplir las funciones de volante. Una verdadera palanca de cambios y los tres clásicos pedales, como era en los sesenta.
En fin. Ahora saben cuan fuerte es mi pasión por la velocidad.
Pero debía volver a mi libro. Todavía no me terminaba de gustar lo que estaba haciendo. En realidad contar la experiencia de una carrera de karting y cuatro carreras con autos que, salvo la jaula antivuelco, eran como los que usan las señoras para ir al supermercado no era suficientemente atractivo.
Seguía con las dudas mientras armaba en un Word no solo el texto sino también las fotos. Al final, por la profusión de imágenes, parecía una vulgar revista de automovilismo.
Mi editor me acosaba. Literariamente hablando, claro está. En Japón estaban entusiasmados. Y yo seguía con mi indecisión.
El rumor de que estaba escribiendo un relato de mi aventura automovilística trascendió por varios sitios. Y uno de los que se enteró fue el señor Yamura. Lo supe en uno de los clásicos asados en su edificio.
Estaba saboreando un choripán, como de costumbre, cuando se me acercó.
-¿Cómo anda esa nueva historia?- Me preguntó
Y le conté acerca de todo lo que me pasaba por la cabeza.
Me miró. Estuvo, quizás, buscando las palabras y de pronto arrancó.
-Usted está viendo el problema desde el lugar equivocado. No se trata de contar una aventura automovilística. Es más que eso. Es Alexia Montes contando que tuvo el valor de subirse a un auto con poca experiencia y que les pasó el trapo a todos. Son sus seguidores los que darán valor al libro. Dirán: Esta mujer sí que tiene valor, como cuando subió al Monte Huaschan. No es cualquier persona. Es usted-
Y comprendí lo que me decía.
Capítulo 8
Antes de continuar con mi historia quisiera insertar otro comentario. Hablando de velocidad además de las carreras siempre me interesaron las películas sobre automovilismo.
He visto varias. Algunas buenas y otras regulares. Debo confesar que la de la Categoría Nascar con Tom Cruise me pareció intrascendente, la de Indy Car con Stallone y la de la rivalidad entre Lauda y Hunt estaban mejores pero derrochaban efectos especiales notorios por todos lados. Se veían falsas y sospecho, porque aún no la vi, la de Brad Pitt debe ser bastante parecida.
Mucho más me agradó la de la lucha de Ford contra Ferrari. Aquí los efectos eran más reales y la historia era buena. La de las 24 horas de Le Mans de Steve mc Queen era solo para adictos a los autos. El argumento era inexistente pero se podía disfrutar de muy buenas escenas de carrera.
Pero, debo detenerme en la mejor película de autos de carrera de toda la historia: Grand Prix. La he visto montones de veces. De hecho la estoy viendo en estos días y descubriendo que el personaje de Toshiro Mifune, el supuesto dueño de Honda, se llamaba Yamura igual que el padre de Keiko. Y hasta podría decir que en cierta forma son parecidos. Ya casi me aprendí los diálogos de memoria y las escenas de competencias son geniales. Los efectos absolutamente creíbles a pesar de la completa inexistencia, en 1966, de todo truco que no fuera hecho a mano. Se ve real. Y las actuaciones magnificas.
En fin. Debía decirlo. Ahora ya saben mi opinión aunque no les interese ni un rábano.
Como conté antes sigo interesada en la situación política de Uruguay. Este comentario surge que una mañana, durante el desayuno, Marga me mostró su notebook donde suele ver las noticias de la mañana. Y la noticia no es nada buena. Se ha detectado un importante aumento de villas miserias lo que conlleva pobreza e inseguridad.
No creo que sea obra del gobierno de Orsi, que, de todas maneras, podría verse tentado de utilizar a los pobres como sabemos que sucedió en Sudacalandia con los Kirchner. Hace poco que está en el poder y el fenómeno viene registrándose desde hace tiempo.
-Algo de eso observé cuando llevé a nuestros amigos japoneses de paseo por los alrededores de Punta del Este. Había una ruta o avenida, llamada Aparicio Saravia que sale de la Barra del Maldonado hasta el centro de Punta que ya tenía bastantes construcciones precarias a su largo pero no creí que fuera un fenómeno tan masivo- Dije.
-Sí, pero al menos parece que Uruguay todavía sigue siendo el país más seguro de Latinoamérica, por ahora…- Agregó Marga.
-Están quedando pocos lugares en el mundo que sean seguros- Opinó Keiko.
-¿Suiza?- Preguntó Marga.
-Sí, pero hace mucho frio en invierno y no me banco el frio. Además Europa ya está demasiado contaminada de africanos y tipos con turbantes- Manifesté.
-Cierto- Dijo Keiko.
Y nos quedamos unos minutos en silencio cada una cavilando para sí misma.
Cuando me quedé sola me propuse darle final al libro sobre mi escasa experiencia automovilística. Las palabras de Yamura habían logrado convencerme de que debía presentarlo como una aventura que, alguien como yo, al que muchos imaginarían metida tras la notebook y rodeada de libros, no sería capaz de realizar. Al fin y al cabo había corrido cinco carreras, algo de lo que no muchos pueden aladear.
Le di los últimos retoques al texto, modifiqué la posición de algunas imágenes y se lo mande a mi editor.
“Hace lo que puedas con esto” Le escribí en el texto del mail.
Pero, según parecía, las carreras de autos no me querían largar. En esos días recibí un mensaje de mail de la Asociación de Súper Turismo, la categoría más importante de Uruguay.
Decían que había un par de equipos que deseaban invitarme a competir cuando comenzara la temporada del año siguiente.
“Estos son vivos” Pensé. Y en verdad no lo ocultaban pues el texto manifestaba:
“Dado que usted ha dado relieve a un fabricante de kartings que ahora está encarando nuevos proyectos en su fábrica y su participación también ha hecho popular la categoría Copa de Damas, sería un gran honor de tenerla en nuestras filas”.
Era tal cual me lo había descripto Yamura (Ahora, desde que redescubrí que se llama igual que le personaje de la película Grand Prix, no dejo de asociarlo).
El padre de Keiko me había iluminado. No era que tuviera una gran experiencia como piloto. Era mi apellido y mi fama anterior. Por ello también iba a volverse popular mi libro.
Al menos esperaba que fuera así, para la salud monetaria de mi editor.
No contesté inmediatamente. Si iba a hacer un esfuerzo por el hecho de participar en las competencias quería hacerlo a mi manera y con mis condiciones. Fundamentalmente porque no quería abandonar mis actividades que me habían llevado a la fama (modestamente).
En realidad todavía me dominaba la idea de que esa aventura automovilística ya estaba terminada. Y que la categoría Súper Turismo no era para improvisados. Era competencia de primer nivel dominada por hombres aunque ya se habían destacado algunas mujeres.
Más pronto que rápido mi editor le pasó la novedad de la existencia del incipiente libro a mi editor en Japón, el jefe de Yuzu. Ni que decir que en el Estudio Wit también se enteraron y ya estaban pensando en un animé. Cuando le comenté estas novedades al señor Yamura me dijo
-¿Ha visto? Yo siempre tengo razón-
Y hablando de libros, mientras procuraba pintar algo para relajarme y salir del vértigo me llegó una llamada por celular.
-Hola- Saludé.
-¡Ciao cara!- Dijo la reconocible voz de mi amigo Ricardo.
-Ciao. ¿Dove estei qui mi parla cosi?- pregunté en italiano (que no sé) versión cocoliche.
-En Roma. ¿Dónde si no?-
-Me lo imaginaba. ¿Y qué estás haciendo en Roma?-
-Presentando el libro sobre ustedes. ¿Qué otra cosa?-
-¿Todavía estas robando con ese libro?-
-¡Sí! Y no te imaginas como se vende. Recordaras que mi editor en Argentina estaba remiso, luego aceptó… algo. Finalmente se tuvo que rendir ante la evidencia del suceso del libro y negoció con otro editor en España. Llevo meses por montones de ciudades españolas presentándolo-
-¿Pero en qué idioma lo estas presentando en Italia?-
-¡En italiano! ¿En qué idioma iba a ser? ¿En latín?-
Me reí de la ocurrencia y él continuó hablando
-Te tengo una sorpresa. Ayer estuve en el Palacio de Gobierno-
-¿Haciendo que?-
-Le llevé un ejemplar a Giorgia Meloni. Había visto una presentación mía en la RAI y me llamaron de inmediato para una entrevista con ella. Jamás me había recibido antes un jefe de gobierno. Y te lo debo a vos. ¡Ah! Te mandó saludos y me preguntó cuándo irías a visitarla-
Capítulo 9
Realmente una sorpresiva noticia la de Ricardo. Pero cuando me preguntó qué estaba haciendo de mi vida le conté mis aventuras automovilísticas lo que le produjo la reacción de exclamar.
-¡Ahora voy a tener que hacer una nueva edición contando todo esto del automovilismo!-
-Ni se te ocurra, al menos por ahora. En este momento tengo en edición mi libro sobre el tema-
-Ok, reina. Tú eres quien manda-
-Noto un cierto sarcasmo en tu comentario, pero lo voy a ignorar. Eso sí, si publicas algo antes que yo…te mato-
Después de la risa que le provocaron estas palabras seguimos conversando sobre temas banales. En realidad estaba contento con la repercusión del libro. Se había jugado por su edición pero nunca imaginó que tendría semejante éxito. Me contó que iba a seguir su gira por Francia, Portugal y finalmente en el Reino Unido.
-¿A todos esos idiomas lo van a traducir?- Le pregunté
-Sí, princesa, no sé qué pasó pero es que de pronto se dieron cuenta que eras bastante popular en Europa y yo, por supuesto, me llevo los laureles por haber descubierto eso-
-Bien, que te dure- Afirmé y luego de los saludos cortamos.
Cuando les conté a las chicas del grupo acerca del suceso del libro estaban entre asombradas y contentas.
-Jamás creí que un libro así iba a tener éxito- Dijo Marga.
-Sí, debo reconocer que yo tampoco- Manifesté.
-Ni nosotras- Exclamó Keiko hablando por ella y por las arquitectas.
Y la conversación paso al tema central, donde pasar las fiestas de Navidad y Año Nuevo.
-Para mí la Navidad es solo una buena excusa para atiborrarse de comida- Dije.
-Eso es porque sos atea- Manifestó Silvia.
-Ajá, ¿Y ustedes?-
-¡Nosotras también!- Exclamaron a coro.
-Bien, entonces propongo una gran fiesta de familias en el edificio- Reiteré.
-¿Con quiénes?- Preguntó Esther.
-Ahí vamos…los Yamura, los Nogueira, mi editor y Jacobo, la señora Azumi, nosotras cinco obviamente, Adriana, mi marchand, para que no la pase sola. Nos reuniríamos en Nochebuena y para Navidad cada uno la pasa donde quiere-
-Es una buena idea pero en cuanto a mis viejos debería consultarlo con ellos. Por lo general son de ambiente familiar en Nochebuena y eso estaría bien. Sus grandes festejos son para año nuevo- Dijo Esther.
-Eso ya lo sabemos- Dijo Keiko y creo que todas rememoramos la gran fiesta del año anterior.
-Y estoy segura que este año también hará una gran recepción en su casa de La Brava- Insistió Esther.
-Y allí iremos aunque no nos invite- Afirmó Marga.
-Ja, ja, ya saben que siempre son bienvenidas- Rio Esther
Pero antes de las fiestas recibiría otra sorpresa. Fui invitada al programa A puro Deporte del Canal 7 en el que me entrevistaron acerca de mi fugaz participación en la Copa de Damas.
Cuando ya terminaba la entrevista le avisaron al periodista que había otra participante. Y la hizo pasar. Se trataba nada menos que de Antonella, mi rival en las pistas.
Estaba esplendida. De inquietante minifalda y top que marcaba sus senos turgentes podría decir que se veía muy sugestiva. Acostumbrada a verla de antiflama para correr no me la imaginaba tan bella con su largo cabello teñido de rojo cayéndole en cascada.
Se acercó y nos dimos sendos besos en las mejillas. Le pusieron un asiento a mi lado. El periodista que también estaba sorprendido por la aparición de Antonella continuó el reportaje a las dos. Supe entonces que mi rival se había auto invitado al programa, pero no para opacar mi aparición ante las cámaras sino porque deseaba hacerme un desafío amistoso.
Después de elogiarme ampliamente y confesar que se estaba haciendo de mis libros para leerlos dijo que, siendo que el sábado siguiente había actividad zonal de karting en El Pinar, podíamos realizar una competencia solo entre las dos a unas pocas vueltas. Accedí de inmediato. Debo confesar que me encantó la idea.
Nos dimos un apretón de manos para sellar el acuerdo y el periodista se vanaglorió de haber tenido la primicia. Luego se dio por terminado el reportaje y ambas permanecimos unos minutos en el estudio. En cuanto nos quitaron los micrófonos ella se tomó de mi brazo y salimos a la calle.
Una vez afuera se paró frente a mí y me dijo.
-Si yo gano tu colita es mía y viceversa-
Realmente fue sorpresiva la propuesta pero no pude evitar sonreírme.
-¿Te gustaría, no?- Me preguntó
Yo seguía sonriendo.
Ella continuó.
-Pero no es lo que te imaginas. Tengo en mi casa un hermoso latiguito que bien usado puede causar mucho placer-
-Creí que te habías vuelto de pronto lesbiana- Respondí.
-No tanto, pero amo castigar. ¿Estamos de acuerdo?-
-Totalmente- Afirmé
-Ok-
-Eso sí, no se te ocurra dejarme ganar. La carrera es a cara de perro-
-Contá con ello- Manifesté.
Antonella me tomó del brazo y dijo.
-Dale, te invito a una hamburguesa en el Mc Donalds-
Cuando llegué al edificio estaba en duda si contarles o no a mis novias lo sucedido. Pero, tal como les confesé mis relaciones con Mitsuko y con la travesti japonesa, decidí hacer lo mismo. Ambas festejaron la ocurrencia como si hubieran sido para ellas.
-¿Te vas a dejar ganar?- Preguntó Keiko.
-No. Realmente me gustaría darle una buena azotada a la yegua esa- Respondí.
Y llegó el sábado. Estuvimos en el Autódromo mis novias y yo lo suficientemente temprano para ver el karting que me iban a dar. Antonella ya estaba allí. Fuimos hasta donde guardaban los vehículos.
-Son muy similares. Para que ninguna otorgue ventaja, pero para hacerlo más transparente los vamos a sortear- Me informó.
A media mañana, entre carrera y carrera se anunció por altavoces que la campeona de la Copa de Damas y yo íbamos a tener una competencia amistosa. El público estuvo atento.
Largamos una al lado de la otra. La competencia estaba pactada a cinco vueltas. En la primera y la segunda me mantuve levemente adelante. En la tercera me pasó pero no pudo alejarse. Seguíamos casi rueda a rueda en la cuarta vuelta pero en la quinta, pocas curvas antes del final aceleró y me dejó unos metros detrás.
Y así terminamos. Estacionamos los kartings y cuando nos sacamos los cascos ella me dio su dirección y dijo.
-Te espero hoy a las cinco del a tarde-
Capítulo 10
A la hora señalada estuve en lo de Antonella. Me sentía impaciente y curiosa. La casa era un hermoso chalet del barrio San Rafael. Bastante imponente, por cierto.
Toque el timbre y abrió ella. Me aclaró de entrada que vivía sola así que nadie nos molestaría. Tenía puesto un sugerente body negro y zapatos con taco aguja.
-¿Trajiste alguna ropita erótica?- Me preguntó.
-Ni se me ocurrió- Respondí.
-No te preocupes-
Y sacó de un cajón un body similar al que tenía puesto pero de color blanco. Fui al vestidor y me lo puse. Cuando regresé al dormitorio ella me esperaba sentada en el borde de la cama con su látigo en la mano. El adminiculo era similar al que usamos en nuestras orgias con mis novias y amigas.
-Acóstate boca abajo- Me ordenó.
Sumisa, le obedecí.
En cuanto estuve estirada en la cama comenzó azotarme, primero muy suavemente y luego más fuerte. Yo gozaba de puro placer.
-¿Te gusta Ale?- Me preguntó.
-¿Por qué te crees que acepté el desafío?- Respondí y siguió castigándome.
No sé cuántos minutos pasaron pero cuanto más me azotaba más me gustaba. De pronto cesó. Me ordenó darme vuelta y acostándose encima de mí me dio un largo beso de lengua.
-Es la primera vez que me como una yegua. Esto lo hago siempre con hombres- Aclaró.
Luego me dio el látigo y se acomodó boca abajo.
-Dale, castígame que debes tener unas ganas locas de hacerlo-
Y realmente las tenía por lo que la azoté bastante tiempo. Ella gritaba de placer. Así fue que nos fuimos turnando entre azotes y besos. No hicimos otra cosa.
Agotadas de tanto ejercicio nos quedamos abrazadas en la cama.
-Esto de estar con mujeres me está gustando- Dijo ella.
-Bienvenida al club- Le manifesté.
Me saqué el body y me puse mi conjunto de corpiño y tanga color violeta. Tomé la prenda que me había prestado e hice el gesto de devolvérsela.
-Te la regalo. Así te acordas de mi-
-Gracias- Respondí.
Luego, mientras nos tomábamos un café me contó acerca de su actividad oculta. Era una especie de dominatriz que sometía a hombres a los que les gustaba ser castigados. Me confesó que nunca había tenido una clienta mujer. Por ello, sabiendo de mi lesbianismo, se tentó conmigo. Quería experimentar y realmente consideraba que había sido muy satisfactorio.
-¿Ya habías sido sometida a azotes?- Me preguntó.
-Sí. Lo hacemos habitualmente con mi gente- Contesté
-Para mí fue la primera vez. Nunca hubiera dejado que un hombre me pegara. Pero a vos te dejaría hacerme de todo- Me dijo.
-Bueno, gracias- Manifesté.
-Nos veremos de vez en cuando, si quieres-
-Veremos- Respondí.
Nos despedimos. Guardé el body en la cartera y subí al Torino.
En pocos minutos estuve en casa ya que no nos separaban muchas cuadras. Entré el auto y subí al piso de Marga. Allí estaban todas porque era la hora del mate sabatino.
-¿Qué tal?- Preguntó Esther.
-Se ve que muy bien. Mírale la cara de felicidad- Agregó Silvia.
Les conté todo lo que había sucedido en casa de Antonella. Sobre como la habíamos pasado y su actividad clandestina. Mis novias y amigas solo exclamaban palabras de asombro. Como si fuera una novedad para nosotras.
-Decime la verdad. ¿Te dejaste ganar?- Preguntó Marga.
-No. Ni remotamente pensaba en ello. En verdad tenía ganas de darle una buena azotada- Respondí.
-Bueno, al final te dice el gusto- Comentó Esther.
-Sí, de veras me sorprendió. En el fondo creo que esa su verdadera intención. Ser la sumisa- Comenté
-Claro, ser siempre dominante cansa un poco- Afirmó Keiko.
Después de una ronda de mate sorpresivamente Marga me dijo
-Te queremos ver con ese body-
Fui a mi habitación y me cambié. Regresé al living de Marga vestida solamente con el sugerente body blanco.
-Querida, así te doy toda la noche- Exclamó Marga.
-Yo también- Se unió Keiko y luego todas las demás.
Las cinco terminamos en el dormitorio de Marga. Yo atada a la cama y amordazada. Y todas ellas, por turnos azotándome con ganas. Luego, mientras yo permanecía inmovilizada, se dedicaron entre ellas al lujurioso juego de meter sus lenguas y dedos en cuanto orificio encontraban.
Semejante tarde terminó en una suculenta cena pedida por delivery. Sabíamos que a la sobremesa seguiríamos la orgia.
Pero antes de ello llamé a mi editor y le conté lo sucedido, sin el tema de los azotes, claro está. Lo que deseaba era incluir un nuevo capítulo al libro donde contaba sobre la competencia con Antonella.
-Todavía estás a tiempo. Mándame el texto y fotos, si tenes- Me respondió.
Así fue que al otro día busqué si en Internet o publicaciones graficas había alguna imagen de tan singular competencia. Encontré dos. En una estamos ambas tomadas de la cintura antes de comenzar la carrera y otra donde ya se nos ve sentadas en los kartings antes de largar. Se las envié con un texto escrito rápidamente. Por supuesto sin contar nada acerca del hermoso evento que vivimos posteriormente mi rival y nueva amiga y yo.
Pero ya era hora de pensar en las fiestas de fin de año.
Finalmente se decidió pasar la Nochebuena en el edificio con todos los invitados mencionados. La consigna para el vestuario era informalidad y comodidad. La cena la encargamos por delivery y compramos las bebidas en un supermercado cercano para lo que mis novias y yo fuimos personalmente a elegirlas.
La navidad seria en lo de Yamura. Un gran asado con todo el personal. Luego fin de año en la lujosa mansión de los Nogueira, en esta ocasión de riguroso vestido de fiesta, largos y suntuosos para las mujeres y saco y corbata para los hombres ya que no solo estaríamos todos nosotros sino también importantes invitados de Montevideo, empresarios, políticos y artistas.
Y finalmente el año nuevo seria para el grupo, en la intimidad de nuestro castillo.
Para Nochebuena armamos, a instancias de Keiko, un arbolito en el living de Marga, que a estas alturas, aunque no dice nada, ya debe estar cansada de que le usen su departamento por ser el más alto y por ende el más cercano a la terraza, sobre todo, en este caso en que se anunciaba altas temperaturas y muchos invitados podrían desear pasar la noche en la terraza para conversar y para ver los fuegos artificiales.
Todas las chicas del grupo Scissors decidimos vestirnos igual. Una muy corta y ajustada minifalda de jean y una musculosa negra acompañadas por botitas negras con muy poco taco para caminar sin agotarnos. Esther había logrado con un fabricante de joyas de fantasía que nos hicieran para las cinco un colgante con forma de tijera pendiente de una cadenita de pequeños eslabones
Y así nos preparamos para los festejos.
Capitulo 11
Eran las siete de la tarde. El sol todavía estaba en lo alto, cuando recibimos a los primeros invitados que fueron mi editor y Jacobo. La parejita feliz. Siempre estuve tentada de saber quién se cogía a quien pero nunca me atreví a preguntar.
Más tarde fue llegando el resto. Keiko trajo a sus padres y a la señora Azumi. Adriana vino por su cuenta en remise y luego aparecieron las arquitectas. Los últimos en llegar fueron Nogueira y su esposa.
Fue una velada excepcional. Logramos olvidarnos de todas las preocupaciones, las mundanas, las locales y las internacionales. La comida era abundante y la bebida suficiente. Para una mayor fluidez de diálogos organizamos, como siempre, que la comida estuviera en la mesas y que cada uno se sirviera y se acomodara donde quisiera. Por lo tanto, la reunión se desparramó por los varios sillones y cada uno conversó con quien lo deseaba sin imposiciones de puestos fijos en la mesa.
Cantamos, reímos, disfrutamos. Hice un pequeño concierto de órgano y citara Guquin y bailamos todas con todas y con todos.
A las doce hicimos el brindis de costumbre y luego nos instalamos en la terraza a ver los fuegos artificiales que fueron bastante profusos a pesar de las recomendaciones gubernamentales. Luego continuaron las conversaciones un poco más apagadas. Los Nogueira se fueron inmediatamente después del brindis por que debían viajar a Montevideo el día siguiente. Los Yamura se acomodaron en la habitación que Keiko tiene preparada para ellos y así podían dormir un poco.
La parejita feliz también voló rauda en el auto que Jacobo se compró con el cobro de las comisiones de sus ventas inmobiliarias. La señora Azumi no pudo con su genio y nos ayudó al limpiar el comedor y la cocina y luego se fue a descansar en la habitación de huéspedes del departamento de Marga.
Así fue que quedamos en el enorme living, las cinco Scissors y Adriana. Seguimos con el buen vino y conversamos hasta que casi amanecía.
Con el sol ya en lo alto nos dispusimos a preparar el desayuno. Los padres de Keiko se acercaron al comedor y también la señora Azumi. Keiko se tomó una pava de café para despertarse pues tenía decidido llevar a los Yamura y a la señora Azumi, dejando de paso a Adriana en su casa.
Esther y Silvia optaron por marchar a su departamento para cambiarse de ropa y luego ir a la fábrica de Yamura donde se realizaría el clásico asado con el personal.
En el edificio nos quedamos Marga y yo, que terminamos de ordenar todo y partimos luego, en mi Torino, que manejé también después de una buena ingesta de café.
En la reunión de Navidad estaríamos las cinco, mi editor y Jacobo. Por suerte el clima nos acompañaba, aunque hacía bastante calor.
Mientras esperábamos el asado, niños, hijos de los empleados hicieron una hermosa representación en el escenario del salón de un pesebre viviente que fue sorpresa hasta para los padres de Keiko pues se lo habían mantenido en secreto.
Y seguimos con la comilona como si fuera el fin del mundo. En tanto un grupo de empleados interpretó varios temas navideños, con dos de ellos tocando la guitarra y cantando en coro. El sol ya caía cuando se fueron apagando los sonidos de la fiesta. Todos estábamos felices. Los Yamura, sus empleados, Azumi, la parejita y nosotras cinco.
Después cada uno partió a su rumbo. El grupo Scissors decidió seguir la reunión en el edificio. Estábamos agotadas como para tener sexo, pero fue hermoso quedarnos abrazadas y juntas.
Para la celebración de fin de año en la mansión de los Nogueira había que vestirse elegantemente. Ester y Silvia se presentaron con vestidos iguales de satén brillante. Negro para la rubia y blanco para Silvia. Marga vistió algo parecido a un traje de bailadora de flamenco, rojo intenso, muy ceñido hasta la cadera y luego más amplio hasta el suelo. Keiko lució uno de esos clásicos vestidos ceñidos con largos tajos a ambos lados y cuello tipo Mao. Yo me puse un vestido holgado, sin breteles pero con una sujeción al cuello y estampado con el dibujo de una enorme flor color bordó.
En la caso del padre de Esther todo era muy serio. Sabíamos que, luego, al acercarse el fin del día se convertiría en un ruidoso jolgorio, pero, en principio, los asistentes solo formaban casi silenciosos corrillos en donde todos se miraban para criticar la vestimenta o la pose de las otras personas.
La crema y nata del empresariado y la política estaban presentes y todo era muy formal. Al acercarse las doce campanadas del fin del año comenzó el baile. Las parejas, en un principio estaban formadas por quienes se conocían de antemano o había alguna relación como noviazgos o matrimonios. Pero luego los hombres comenzaron a sacar a bailar a cuanta mujer les resultaba interesante. Y alguna que otra fémina, que ya sabían de nuestra orientación sexual, tampoco se privaba de invitarnos a nosotras.
Pero el momento gracioso fue cuando, en un rincón conversábamos animadamente Esther y yo. Se acercaron dos muchachos y comenzaron a emitir piropos acerca de nuestra belleza. Estaban en esa situación en la que orillaban entre ponerse pesados o causar risa. Lo verdaderamente insólito fue cuando se acercó un tercero y los tomó de los brazos a ambos, llevándoselos aparte. A pesar de haberse retirado unos pasos oímos la reprimenda que les largó.
-¿Ustedes están locos? ¿No saben que la rubia es la hija del señor Nogueira y la morocha es la famosa escritora Alexia Montes?-
-¿Y que tiene?- Preguntó uno de los jóvenes.
-¿No saben que las dos son lesbianas? ¿Cómo se creen que les iban a dar bola (atención)?-
Y dicho esto se los llevó más lejos.
-Discúlpenlos- Atinó a decir mientras se alejaban-
Y casi de inmediato estallaron los fuegos artificiales. En el jardín de la mansión el señor Nogueira tenía preparada una gran batería de luces y estruendos. Realmente disfrutamos del espectáculo.
La gran fiesta continuó hasta la madrugada. Cuando el sol comenzó a asomarse tímidamente por el horizonte ya estábamos desayunando. Muchos de los invitados ya se habían ido. Keiko se ocupó nuevamente de llevar a sus padres a su casa y la parejita feliz (Mi editor y Jacobo) alcanzaron a mi marchand Adriana a la suya.
Ya estaba el sol en lo alto cuando regresamos a nuestro edificio. Nueva reunión de Año Nuevo, sólo para el grupo Scissors. Nos pusimos cómodas de ropa y nos desparramamos por los sillones. No teníamos muchas ganas de comer más pero no nos privamos de un buen vino.
Y así comenzó un nuevo año.
Pero la gran sorpresa fue cuando dos días después nos enteramos que el presidente Trump había logrado apresar al tirano Maduro. Fue una noticia inesperada y pronto muchos comenzaron a creer que algo iba a cambiar en Venezuela pero, al parecer, todo sigue igual.
Por otro lado las novedades de las revueltas en Irán también parecen haber prendido una lucecita de libertad aunque en este caso tampoco me hago ilusiones. El régimen teocrático es muy fuerte y sanguinario y no va a dejarse voltear así nomás.
Como me gustaría ver caer a todos esos regímenes totalitarios y terroristas pero el mundo sigue siendo el mundo y la violencia es su ley.
Y la libertad solo un sueño.
Capítulo 12
Tras los festejos de fin de año me dedique a descansar. Los últimos meses habían sido de una actividad intensa que ni me hubiera imaginado. Tomando mate, sola, en el balcón que da al mar (rio) de mi departamento me dedique a meditar sobre los últimos acontecimientos.
Aunque el descanso no duró mucho pues mi editor, haciéndose un tiempo entre sus aventuras amorosas, me envió la prueba de galera de mi último libro. Después de echarle una mirada en la computadora me di cuenta de lo pobre que era, aunque las fotos eran numerosas y tenía una buena recopilación de anécdotas junto con un detallado análisis de la situación de la Fórmula 1. Me conformé recordando lo que me dijera el señor Yamura y para mis adentros pensé que el resumen de sus palabras era: No importa que publiques una porquería, la gente te va a leer igual solo porque eres Alexia Montes.
Pero mi editor no solo se había quedado en su labor específica, sin preguntarme siquiera ya había organizado la presentación en el castillo de Montevideo y como colorario de su idea me llamó un día y me preguntó si estaba dispuesta a deshacerme de mi traje antiflama, las botitas y el casco pues se le había ocurrido que podía sortearlos entre los presentes. La idea me pareció buena y como no pensaba volver a las pistas le di mi aprobación.
Pero era evidente que el libro atraía pues del otro lado del planeta el jefe de Yuzu ya se mostraba interesado y ni qué decir de los directivos del Estudio Wit. Eso me ponía en la obligación de tener que viajar nuevamente al Imperio del Sol Naciente. Por un lado se me presentaba como otra tarea difícil de sobrellevar en cuanto a tiempo pero que me posibilitaba volver a ver a todas mis amigas japonesas y al abuelo.
Y para mayor satisfacción supe también que en Europa, sobre todo España, Italia y Francia había editores interesados, sobre todo después del éxito del libro de mi amigo Ricardo.
Contrariamente a lo que me hubiera maginado la concurrencia a la presentación en la capital fue muy numerosa. Sobre todo eran notoriamente mayoría las niñas jóvenes.
Viajamos de Punta del Este a Montevideo como de costumbre en un taxi aéreo. Nos alojamos en el mismo hotel y esa noche caminamos los pocos metros hasta el Castillo sin que nadie nos detuviera para pedirnos autógrafos. El público estaba agolpado en la entrada para vernos llegar. En el ingreso tuve que acceder a firmas y selfies.
Una vez en el escenario el primero que tomó la palabra fue el dueño del lugar que, como siempre, agradeció que lo eligiéramos para la presentación. Luego se hizo cargo del micrófono mi editor quien muy acertadamente elogió el libro, por su valor literario pero más aún por el hecho de que yo me animara a tener una aventura automovilística y contarlo. También elogio mi análisis sobre la Formula 1. Escuchando sus palabras casi se podría decir que fue inspirado por el señor Yamura.
Tras mi editor pronuncié un pequeño discurso en el cual expliqué las motivaciones para animarme a las carreras de autos. Conté de esa pasión, que llegaba desde tiempos lejanos, por las competencias automovilísticas. Y manifesté que no esperaran nada maravilloso del libro. Que solamente era un entretenimiento.
Luego comenzaron las preguntas. Algunos bien informados me interrogaron acerca de que si iba a competir en Gran Turismo y respondí que había recibido la oferta pero que me interesaba seguir con mis actividades artísticas.
Algunas niñas me preguntaron que se sentía correr y también contesté sobre eso.
En el final mi editor anuncio que, como prueba de que yo tenía decidido no volver a las pistas, se iba a sortear mi vestimenta de competición.
Lo ganó una joven mujer que se la pasó dando gritos de placer al saber que iba a ser la poseedora. Se acercó a mí, me beso en ambas mejillas y me pidió que se lo autografiara.
Antonella y el policía de tránsito que descubrió mi pasión por la velocidad también fueron solicitados por el público para selfies y autógrafos. Mi ex rival estaba acostumbrada al asedio de los fanáticos pero el policía estaba en verdad cohibido por la situación. Las fotos más solicitadas eran en las que aparecíamos Antonella y yo tomadas de la cintura y sonriendo para las cámaras. Ella con su rojo cabello que contrastaba con el negro azabache del mío. Algunos fantasiosos imaginaron que ya teníamos un romance. Nunca dijimos ni sí ni no para dar pasto a la prensa. De todas maneras nos habíamos convertido en amigas.
Así terminó esa primera presentación que fue particularmente agradable para mí.
Ahora me esperaba, seguramente, el largo viaje al otro lado del mundo.
Mientras tanto me dedique a pintar y tocar el órgano o la citara guquin en mis ratos libres que, afortunadamente, manejaba a mi antojo a diferencia de mis novias y amigas que debían trabajar duro. También solía pasear por el centro de la ciudad haciendo compras o simplemente mirando vidrieras. En esos paseos no faltaba quien me pidiera un autógrafo no tanto por mi antigua fama de escritora sino por mis andanzas automovilísticas.
Una tarde me llamó Yuzu para avisarme que en Japón el libro estaba en imprenta, pero rápidamente me di cuenta que no era solo para darme esa noticia. El solcito se despachó sin demora con el verdadero motivo preguntándome si me animaba a participar de una competencia de karting en Tokio.
Me reí largamente. Después de respuesta de la risa le contesté que sí. Que por ella hacia todo. Así como había realizado anteriormente mi demostración de iaido y tocar el órgano. A la hora del mate puse en antecedente a mi grupo.
-No podes con el genio- Dijo Silvia.
-Y…si me lo pide Yuzu- Argumenté.
-Esto te va a convertir en una piloto internacional. ¡Tiembla la Formula 1!- Agregó Marga.
-Debo confesar que me encanta la idea. No pensaba competir más pero una exhibición tan lejos creo que me va a resultar divertido- Manifesté.
-El tema es que te quedaste sin vestuario para correr- Indicó Keiko.
-Cierto- Dije recordando que había sido sorteado.
-Entonces te vamos a comprar un equipo nuevo, pero, eso sí, con la condición de que lleves un logo de nuestro grupo, Las Scissors- Dijo Esther.
-¡Por supuesto! ¿Qué otro podría llevar?- Exclamé encantada por la idea.
-¿Te imaginas a los japoneses preguntándose que es Las Scissors?- Preguntó Marga.
-Ya les vamos a enseñar- Dijo Silvia riendo.
-¿Cuánto tiempo estimas quedarte en Japón?- Interrogó Keiko.
-Solo lo necesario, no más de una semana. Estoy temiendo que de Europa me van a solicitar también- Respondí.
-Yo creo que es un evento que no podemos perdernos. Tenemos que organizarnos para ir todas- Indicó Marga.
Y así quedó pactado el viaje al Imperio del Sol Naciente.
No estaba errada en cuanto al interés en la vieja Europa. Pronto me llegaron invitaciones para Italia y España. Además de la presentación del libro me encantaba la idea de tener la oportunidad de volver a reencontrarme con Giorgia Meloni y Santiago Abascal.
En tanto mis novias y amigas encargaron a Marga la compra de mi nueva indumentaria para correr pues ella debía viajar a Montevideo por razones de negocios. Fue y volvió en el dia trayendo un antiflama de color rosado intenso y botitas negras con un casco de color azul oscuro brillante con dibujos de estrellas.
Silvia y Esther encargaron a una modista conocida el logo de Las Scissors en dos tamaños. Uno, el más grande, para pegarlo en la espalda y el más pequeño en el frente a la altura del pecho. Debo confesar que quedó muy vistoso. Ahora, como dijo la misma Marga, habría que aclarar a los curiosos de que se trataba.
Y quedó todo listo para el gran viaje.
Capítulo 13
Seria ocioso relatar el viaje a Japón por lo que voy a describir lo más importante. Las cinco nos embarcamos en el Aeropuerto de Punta del Este en Laguna del Sauce. Vuelo a Montevideo donde trasbordamos a un avión de Iberia con destino a Tokio. Las horas se hacen largas pero matizadas con amenas charlas y la vista de un par de películas pasan volando, valga el chiste.
No hubo nadie que me reconociera y por tanto no hubo firma de autógrafos. También aprovechamos para dormir y nos despertó la voz del comandante anunciando el aterrizaje en Narita.
Nos estaba esperando una Van enviada por el patrón de Yuzu que nos llevó directamente al hotel Shibuya Excel cerca del emblemático cruce y la estación del ferrocarril. Estábamos acomodándonos cuando recibí el llamado de Yuzu de bienvenida. Me informó que teníamos ese día de descanso y que en la jornada siguiente iríamos al autódromo de Tsubuka para conocerlo, ver el karting y a mis ocasionales rivales, un día después tendría la competencia (evidentemente no había mucho tiempo para aclimatarme) y finalmente la presentación en la tarde siguiente. Evidentemente era un programa bastante ajustado pero estaba entusiasmada.
Pero como nuestro grupo de amigas estaba impaciente por vernos ya habían decidido para esa noche una cena en el departamento de Yuzu y Mei donde estarían varias conocidas.
Después de semejante actividad y luego de otra jornada de descanso nos esperaban en el Estudio Wit y para culminar la infaltable cena en lo del abuelo.
Mis novias y mis amigas estaban también encantadas de semejante ajetreo. En tanto esperábamos noticias de la próxima gira por Europa.
Cuando estábamos por dedicar el día a caminar viendo vidrieras el gerente del hotel, sin saber que actividades nos llevaban a Tokio, nos informó sobre la posibilidad de poder circular en karting en la ciudad. Lo miramos sorprendidas y ante nuestra reacción nos mostró un video en su celular sobre esa actividad permitida legalmente en la que se organizan grupos que siguen a un líder por carriles apropiados para no correr riesgo de chocar con otros vehículos. Se circula a una velocidad máxima de 40 kilómetros por hora y los kartings son similares a los de competición.
No lo dudamos dos veces. Todas quisimos hacer la experiencia. Por lo tanto fuimos a un local frente al cruce de Shibuya y nos anotamos. La diversión aumentaba por el hecho de elegir un traje de disfraz de algún personaje de animé para ponerse y una vez armado el grupo salimos a transitar por la calles de la ciudad más poblada del mundo.
En pocos minutos estuvimos en el sitio, una especie de enorme garaje, donde pudimos elegir el vehículo que deseábamos aunque todos eran iguales. Como vestimenta escogimos disfraces de Pikachu de la serie Pokemon y una vez acomodadas en nuestros puestos partimos. El recorrido era por calles e incluso autopistas, algunas bastante congestionadas, por lo que debíamos seguir al líder sin salirnos de la fila y tratar de no cometer ninguna infracción de tránsito. Fue una experiencia realmente novedosa e interesante. Hay un gran respeto, como es normal en Japón, por parte de los otros conductores. Y me resultó de mucha ayuda para aclimatarme a los pequeños rodados japoneses. Nunca me hubiera imaginado poder hacer algo así entre medio de tanta gente yendo y viniendo por la ciudad que, a pesar de ser locales, nos miraban con curiosidad pues la mayoría de quienes participábamos de la diversión éramos turistas extranjeros.
De regreso al hotel nos báñanos y vestimos para ir a lo de la parejita Ahiara. Puntualmente nos pasó a buscar la Van que nos llevara a su edificio.
En el departamento de la parejita feliz de Mei y Yuzu estaba nuestro círculo más cercano de amistades. Las hermanas Taniguchi, Mitsuko con su novia Maruta, la bella Harumi y la inquieta Matsuri que, de paso, nos invitó a ver la obra de teatro que representaba, basada en Sueño de una noche de verano de Shakespeare y también, se encontraban Ume y Shou, que está viajando menos al exterior porque considera que el mundo se está poniendo peligroso a lo que ciertamente le doy la razón. Ume, feliz por ello.
Como íbamos a ser trece en la reunión, a las chicas se les ocurrió invitar también a Udagawa, quien anda por la vida feliz y soltero.
Fue una hermosa reunión. Cada vez que nos encontramos con el grupo de Japón disfruto enormemente de su compañía. Es muy agradable conversar con ellas y saber de cómo se desarrollan sus vidas, cumpliendo todos sus sueños.
Mei dirigiendo la Academia Ahiara, Yuzu trabajando con entusiasmo como profesora y asistente del Centro cultural que edita mis libros, Ume escalando en su trabajo y Shou ayudando a Mei. Matsuri con su vocación teatral y la hermosa Harumi también ingresando al mundo de la enseñanza siguiendo los pasos de Yuzu. Maruta trabajando como administrativa en el emprendimiento de comercio de Mitsuko.
En un momento tuve una charla con Udagawa al que le pregunté sobre lo que estaba haciendo. Me contó que seguía con la posada que nosotras habíamos ayudado a publicitar y que le estaba yendo muy bien.
-¿Has pensado en casarte?- Le pregunté
-No, ni remotamente- Respondió
-¿No te arrepentís de no haberlo hecho con Mei?-
-Para nada. Además de la vergonzosa situación que me hizo pasar mi padre con la imposición de un matrimonio arreglado estoy muy feliz de ver a Mei y Yuzu llevándose muy bien-
-Por lo que he leído, el no casarse se está convirtiendo en una tendencia entre los jóvenes en Japón- Comenté.
-Sí, algo he oído sobre eso, pero parece ser una tendencia mundial, es como que mucha gente ya no quiere traer niños a este mundo tan convulsionado-
-Esa parece ser la idea-
Luego Yuzu me puso al tanto de lo que encontraría al día siguiente en el Autódromo. Me informó que tras los ensayos, en la jornada siguiente la competencia era de carácter internacional y que no sería la única mujer pues dos chicas alemanas también se habían anotado.
-Después de lo que hicieron hoy están listas para cualquier cosa- Manifestó Mitsuko riendo.
Después de tan agradable reunión regresamos al hotel en taxi, un poco apretadas en el vehículo pero felices. Esa noche tuvimos sexo aunque no todas juntas. Silvia se acostó con Marga y Keiko mientras Esther y yo nos revolcábamos en la otra cama. De todas maneras procuramos no hacer demasiado ruido pues no sabíamos si podíamos ser escuchadas de las habitaciones vecinas.
En la mañana, luego de un suculento desayuno que tomamos en el restaurante del hotel, volvió a pasar la Van a buscarnos. El chofer estaba contento de llevarnos de un sitio a otro por que, dado que hablaba español, se divertía con nuestras ocurrencias.
No tardamos mucho tiempo en llegar al Autódromo. De inmediato noté que nuestra presencia no pasaba desapercibida, sobre todo porque minutos después llegaron dos fotógrafos munidos de sus cámaras, enviados por el señor Akiyama para que tomaran imágenes de los entrenamientos y, como supe después, de la carreara.
Estos fotógrafos, como era de esperar, me siguieron por todos lados desde el momento en que fui presentada al resto de los participantes. Algunos tenían idea de quien era, por mis antecedentes literarios aunque no sabían que poseía alguna experiencia como piloto de carreras lo que los sorprendió.
Así fue que recibí un hermoso karting color rojo con el que salí inmediatamente a la pista. Estaba entusiasmada y apreté el acelerador a fondo. Ya iban a saber que era tan buena corriendo como escribiendo.
Capítulo 14
En las primeras vueltas me mantuve al a expectativa. Era importante tomarle la mano al karting y al circuito. Debía tener en cuenta que la mayoría de los corredores ya poseían experiencia. Había también algunos extranjeros, entre ellos las dos chicas alemanas y una francesa sobre la que me informaron cuando ya estaba por salir a la pista.
Después de tres vueltas comencé a apretar el acelerador y fui buscando el radio correcto. Tenía la sensación de que bajaba mis tiempos uno tras otro giro. Hice doce recorridos del trazado y me detuve. Estimé que había llegado a mi límite. En cuanto se me acercaron los mecánicos japoneses, que afortunadamente hablaban español, me informaron que había logrado el décimo puesto, entre veinte participantes, en la clasificación. Realmente creí que había sido más rápida y cuando se lo comenté dijeron.
-Se puede decir que todos los corredores que le antecedieron eran conocedores del circuito, los quedaron por detrás de usted son los más novatos, algunos locales que recién empezaban y las extranjeras. Su tiempo, en esas circunstancias, es muy bueno-
Y me conformé.
Regresamos al hotel para cambiarnos ya que habíamos quedado comprometidas para ir a ver a nuestra amiga Matsuri al teatro. En esta ocasión la función se realizaba en el Nuevo Teatro Nacional que, debo confesar, era muy grande.
Allí fuimos en taxi y en la entrada nos encontramos con Mei y Yuzu, Ume y Shou. Al parecer las Taniguchi ya la habían visto unos días antes.
Matsuri hacia el personaje del duendecillo travieso Puck y era innegable que el personaje parecía escrito a su medida. Disfrutamos del espectáculo que estaba hablado en japonés pero al costado del escenario estaba colocado una pantalla con la traducción al inglés, aunque era bastante difícil de seguir, pues leerlo distraída seguir con lo que sucedía en escena. Al finalizar esperamos a la diablilla de cabello rosado y la felicitamos. Ella estaba muy contenta con nuestra presencia y nos agradeció el haber asistido. Pero como tenía programado ir a cenar con el elenco, nosotras, acompañadas con nuestras amigas japonesas, fuimos a cenar a Denny¨s un restaurante que estaba a una cuadra. Luego cada cual tomó su rumbo y con mis novias y amigas regresamos al hotel. Al día siguiente me esperaba una importante actividad y decidí irme a dormir rápidamente.
Una vez en el circuito pude observar que las tribunas estaban llenas. Primero hubo una competencia de jóvenes entre doce y catorce años que se dieron batalla como profesionales y ofrecieron un buen espectáculo. Luego me tocó el turno de participar. Largaba en la quinta fila del lado exterior y en cuanto se encendió la luz verde del semáforo Salí “arando” como se dice en el automovilismo argentino. En la primera curva ya estaba séptima y a medida que pasaban las vueltas fui escalando posiciones pero con una de las alemanas pegada a mi espalda como estampilla.
Restaban solo dos giros cuando yo alcancé la segunda posición sin haber podido despegarme de la alemana que marchaba tercera. En la última vuelta intenté pasar al primero, del que luego supe era el campeón nacional, pero la maniobra me quitó unos segundos y la alemana nos superó colocándose primera. Unos metros más adelante le gané la posición al campeón y me acerqué a mi rival femenina aunque no pude rebasarla y llegamos casi juntas a la meta con ella en primer lugar.
Una vez en el podio recibimos las copas. Los fotógrafos enviados por Akiyama filmaban y sacaban fotos sin descanso. De pronto y sin que yo lo advirtiera la alemana me levantó el brazo y dijo.
-Congratulations. I like womans whit black hair-
Sonreí y me acordé de Antonella.
Descendimos del podio y cada una se fue por su lado. Marga, Keiko, Silvia y Esther y nuestras amigas japonesas me rodearon felicitándome. En ese momento advertimos que el logo del grupo Scissors no le había llamado la atención a nadie. Tal vez alguno lo imaginó y no se atrevió a preguntar.
Esa noche festejamos mi casi triunfo en el barrio de Shinjuku, en el restaurante Volks. Estábamos todos y todas las posibles, Yuzu, Mei, Harumi, Matsuri, Maruta, Ume, Shou, Udagawa, el señor Akiyama y el director del Estudio Wit.
Coloqué la copa en el centro de la larga mesa lo que llamó la atención de los otros comensales. Algunos se acercaron a preguntar a que se debía y luego de las explicaciones tuve que firmar una gran cantidad de autógrafos. Una chica en edad escolar me reconoció por mis otras habilidades y me dijo.
-Quisiera ser como usted-
-No es que alardee pero lleva trabajo y dedicación. Y una gran fe en el futuro- Le respondí.
Ella se alejó feliz con mi firma en un cuaderno de clases.
Todas estábamos felices. Yo por mi logro personal y mis amigas y novias por contagio. El señor Akiyama aseguró que la presentación del libro al día siguiente seria un éxito. Y me confirmó lo que imaginaba. Todas las fotografías y filmaciones sobre los entrenamientos y la carrera estaban siendo editados para un video que pasarían en el principio del evento.
Esa noche hubo sexo. Yo me acosté con Silvia y Esther con Keiko y Marga. Luego de los múltiples orgasmos no bebimos el wiski de la heladerita y nos fuimos a dormir rendidas de cansancio. Por suerte la presentación del libro era a última hora de la tarde y tendríamos tiempo de dormir lo suficiente.
De a poco nos fuimos despertando. Silvia y yo nos habíamos dormido con las piernas entrelazadas de modo que cuando quise levantarme la desperté. Era el mediodía y después de una ducha reparadora bajamos al restaurante del hotel a tratar de conseguir algo para el almuerzo. Era evidente que el sexo nos dio hambre pues comimos de manera abundante. Luego de los postres salimos a caminar. Como era la idea que teníamos previamente nos habíamos vestido con ropa cómoda, shorts muy cortos, remeras holgadas y zapatillas. A pesar de que los japoneses son bastante apáticos pudimos observar que atraíamos las miradas, no solo masculinas sino también femeninas.
Recorrimos Shibuya y Akiabara. Como de costumbre me compré un par de imágenes de monas chinas. En este recorrido decidí hacer conocer a Silvia y Esther a aquella travesti con la que mis novias y yo mantuvimos relaciones sexuales. Las arquitectas se entusiasmaron con la idea y allá fuimos. Cuando nos vio entrar a las cinco, Hanaku puso cara de asustada y sorprendida a la vez.
-¿Vienen todas juntas?- Preguntó.
-Sí, pero no te asustes, no te vamos a violar- Respondió Marga.
Más tranquila, nos hizo pasar al fondo del local donde nos convidó con gaseosas y sándwiches de miga.
En un momento se le acercó Esther y la interrogó.
-¿Es cierto que tuviste una orgia con estas tres pervertidas?-
-Sí, absolutamente cierto-
-¿Y qué tal estuvo?- Siguió preguntando la rubia.
-¡Extraordinario!- Exclamo la travesti que luego preguntó -¿Ustedes también tienen orgias con ellas?-
-Sí, casi todos los días- Agregó sonriendo Silvia.
-Las envidio- Manifestó Hanaku.
Después de la agradable recepción que nos hizo la dueña del local para responder a su amabilidad cada una de nosotras le compro una imagen de mona china. A pesar de que no tuvo la orgia que se imaginaba estaba contenta por haber hecho una buena venta. Todas la abrazamos y besamos en la despedida.
-No se pierdan, pasen por aquí cada vez que vengan a Tokio- Dijo al final.
Capítulo 15
Y llegó el momento de la presentación. Como de costumbre la Van nos pasó a buscar por el hotel y nos llevó hasta el Centro Cultural. Cuando descendimos del vehículo en la puerta del edificio notamos que no había ninguna persona esperando.
-Esto es un fracaso- Dije.
Pero no era así. Entramos al recinto por el hall principal y una de las empleadas nos guio hasta la sala donde acostumbramos esperar antes de hacer la salida formal al escenario. En ese recorrido pude espiar entre el cortinado y vi que el salón estaba lleno.
El señor Akiyama nos recibió en la sala y convidándonos una copa de vino manifestó.
-Para ir entrando en calor-
En el momento en que lo indicó una de las empleadas hicimos nuestra entrada. Mis novias y amigas se sentaron en la primera fila en los sitios reservados para ellas. Yo subí al escenario acompañada del señor Akiyama y la hermosa Yuzu a la que el director hace subir para presentarla como su mano derecha y eficiente colaboradora.
Luego de los saludos nos sentamos en amplios sillones y comenzó el video con las escenas de los entrenamientos y la carrera del día anterior. Era evidente que los fotógrafos y camarógrafos no se perdieron detalle de todo lo que yo había hecho. Incluso tomaron el momento en que mi rival alemana me levantaba el brazo y aunque no había sonido se veía claramente cuando dijo que le gustaban las mujeres con el cabello negro.
Luego del video, largamente aplaudido, el señor Akiyama tomó la palabra e hizo, como es su costumbre un largo elogio sobre el libro. Claro, tiene que venderlo.
Tras su discurso me tocó a mí decir algunas palabras. No me extendí demasiado porque sigo sintiendo que este libro no da para tanto. Pero igualmente tuve que contestar muchas preguntas, sobre todo cual era la razón por la que había tomado ese desafío.
Luego llegó la firma de los libros. Creo que autografié centenares. No me imaginaba que causara tanto interés y termine, como de costumbre, con la mano casi acalambrada.
Y también como de costumbre fuimos al restaurante vecino donde festejamos el lanzamiento del libro. Las mismas persona de siempre, mis estimados amigos de Japón, que siempre me hicieron sentir como en mi casa.
A la noche, mas distendidas volvimos a tener sexo. Como homenaje, Silvia y Esther se acostaron conmigo mientras mis novias hacían su juego en la otra cama. Son esos momentos que quisiera que no terminaran nunca.
En la jornada siguiente nos esperaban en el Estudio Wit.
En el Estudio nos recibieron como siempre. El director y su secretaria nos esperaban en la puerta y transitamos con ellos hasta la oficina principal. En el recorrido, por el que atravesamos las salas de dibujo, Marga me hizo notar que había bolsas de dormir dispuestas en el suelo al lado de los escritorios.
-Alguna vez oí hablar de eso. Los dibujantes duermen junto a su escritorio y no van a su casa para poder trabajar más horas. Pero nunca antes lo había visto aquí- Respondí.
En realidad el tema me causó una sensación desagradable y cuando entramos a la oficina del señor Nakatake no me demoré en comentárselo.
-Es cierto, es una práctica que suelen hacer varios estudios cuando están al tope de trabajos. Hasta ahora no lo hicimos nunca pero por suerte estamos trabajando a destajo y los muchachos y las muchachas prefieren quedarse pues hacen muchas horas extras y se ahorran varias horas de viaje, la mayoría. Pero se trata de momento que no se prolongará en el tiempo. En realidad objetamos esa costumbre- Me contestó el director.
Tras la explicación pasaron a mostrarnos los dibujos que tenían preparados para un anime corto con mis andanzas automovilísticas. Me gusto la manera en que me retrataron, delgada, de largas piernas y con una frondosa cabellera negra que volaba con el viento. Mis novias y mis amigas se mofaron.
-Al menos te mejoraron un poco- Dijo Silvia.
Terminamos la visita almorzando en el comedor de los empleados. Varios se acercaron a pedirme autógrafos y cuando nos íbamos a retirar toda la concurrencia estalló en un prolongado aplauso que agradecí elogiando su trabajo.
Luego salimos a caminar por la ciudad que nunca deja de asombrarme. Ya casi caía el sol cuando entramos en el hotel, subimos a darnos una ducha y nos preparamos para ir a lo del abuelo. Estaba impaciente de volver a verlo.
La Van nos dejó en la puerta de entrada de la mansión, después de haber traspuesto el portón principal abierto por los guardias que nos reconocieron de inmediato. Bajamos del vehículo. Todas nos habíamos vestido con ropas elegantes para estará tono con el lujo en el que vive el patriarca del a familia.
Una vez que el mayordomo nos hizo pasar entramos en aquella famosa sala donde convencí al abuelo sobre el romance de Yuzu y Mei. Allí estaban todas y todos. Mei, Yuzu, Matsuri, Harumi, Mitsuko, Udagawa, Ume, Shou y la inefable Maruta. Ya casi formábamos una familia.
-Bienvenida, leona- Me saludó el abuelo.
-Gracias, siempre es un honor que usted nos reciba- respondí.
-Sí, claro, es que todo se está poniendo muy aburrido por aquí- Dijo riendo.
-Sospechaba que esa era la causa- Agregué riendo también.
Luego saludó a mis compañeras, una a una, y se detenía unos segundos para comentarles algo o hacerles preguntas, pues era evidente que conocía detalles de la vida de todas nosotras.
La velada fue tan gratificante como todas las anteriores. Poder conversar con el abuelo es darse un baño de cultura japonesa y un profundo conocimiento de lo que sucede a nivel global. Esta permanentemente informado, aun estando mucho tiempo en su casa escribiendo sus libros. Pero también da conferencias en las universidades que, según me ha contado Mei, sus jóvenes oyentes siguen con profunda atención, casi religiosa.
Y es gratificante para mí que una persona de su nivel intelectual me distinga como amiga y lo que me enorgullece más, como un par.
Luego de la charla en el salón pasamos al comedor donde estaban servidas las más atractivas exquisiteces. Seguimos conversando entre todos, intercambiando opiniones y también chistes. El buen humor campeaba en la mesa cuando se acercó uno de los guardaespaldas y le dijo algo al oído al abuelo.
Tras marcharse el hombre, el abuelo se dirigió a todos y dijo
-Me temo que le infierno ha comenzado, Estados Unidos e Israel han comenzado el ataque a Irán-
Se hizo un profundo silencio. Y fue el abuelo mismo quien exclamó.
-Pero, sigamos, la vida no se va a detener-
Para la sobremesa nos trasladamos a la biblioteca donde hay un enorme televisor y allí estuvimos viendo las noticias. Realmente Trump hizo lo que debía hacer. Es necesario cortar la cabeza de la serpiente.
Finalmente la despedida fue larga. Todos nos abrazamos y besamos, prometiéndonos volver a vernos. La Van paso a buscarnos y luego de un corto trayecto por las calles atestadas de gente a pesar estar avanzada la noche, llegamos al hotel. Nos desvestimos y nos arrojamos a la cama. Todavía teníamos una jornada antes de embarcarnos para el regreso.
Y en ese instante recibí dos mensajes de WhatsApp. Mire sorprendida la pantalla y más me sorprendí cuando vi que eran de Abascal y la Meloni.
-¿Qué les pasa a estos? ¿Se pusieron de acuerdo?- Dije extrañada.
Mis novias y amigas me miraron interrogativas. Les mostré los mensajes.
-Ambos nos invitan a que pasemos por España e Italia de visita- Manifesté.
Capítulo 16
Antes de que llegara a preguntarles a mis compañeras si deseaban hacer el cambio de viaje todas exclamaron casi al unísono que estaban de acuerdo.
-Bien, pero lo haremos lo más rápido posible. No quiero quedarme mucho tiempo en Europa con los vientos que soplan- Manifesté
Y me dispuse a contestar los mensajes haciendo la salvedad del tiempo escaso que teníamos para regresar a nuestro hogar. Me contestaron de inmediato su aprobación y mensaje va, mensaje viene quedamos en que pasaríamos primero por Madrid donde Abascal me invitó a dar una charla en la sede de Vox y luego volaríamos a Roma para visitar a mi adorada Georgia quien nos ofrecía una cena en la sede del gobierno.
Tras la decisión hice llamados a la empresa de aviación Iberia para cambiar los pasajes. Afortunadamente no había mucha gente con ganas de volar pues conseguimos vuelo para la noche siguiente.
Ese día no salimos del hotel. Preferimos descansar. Aunque no mucho pues casi sin darnos cuenta comenzamos a juguetear entre nosotras lo que derivó en una larga sesión de relaciones sexuales, matizadas con algunas de nuestras perversiones favoritas y numerosos orgasmos. Nos detuvimos solo para el almuerzo y la merienda que pedimos a la habitación.
A la noche, previo aviso a Yuzu, nos pasó a buscar la Van que nos dejó en Narita donde embarcamos. El vuelo de Iberia seria de quince horas pasando por China y los países al norte de la zona de conflicto. Realmente no era un viaje muy tranquilo en el sentido de que ni siquiera dormimos mirando constantemente por las ventanillas temiendo la aparición de algún misil extraviado.
A pesar de la prevención llegamos al Aeropuerto de Barajas en Madrid. Nos acomodamos en dos taxis y nos dirigimos al hotel llamado casualmente Madrid, que ya teníamos reservado situado frente a la Plaza Mayor. Inmediatamente me comuniqué con el señor Abascal que me pasó la dirección del sitio donde nos veríamos esa noche.
En medio de nuestro viaje nos enteramos que habían sucedido algunos desencuentros entre el presidente Trump y el impresentable de Sanchez debido a que este último se negaba a dejar usar sus bases a los norteamericanos. Pero la novedad fue que el presidente español se dio cuenta que arrodillándose ante los terrorista no iba a conseguir paz y seguridad para su pueblo y finalmente envió una nave de guerra a Medio Oriente.
Durante el día paseamos por la ciudad. Estuvimos en el Parque El Retiro, en el Prado y en el Museo Reina Sofía y la estación Atocha. También pasamos frente al Palacio Real y la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena y otros sitios interesantes.
En la tardecita llegamos con tiempo suficiente al lugar donde nos citara el señor Abascal. Fuimos muy bien recibidas y después de tomar unos gratificantes vinos con bocadillos salados subí al estrado. El salón estaba lleno y algunas personas recordaron que ya habían estado en mi visita anterior.
Después de los aplausos de bienvenida comencé a hablar
-Estoy aquí, invitada por el señor Abascal para que les dirija algunas palabras. Y eso es un gran honor para mí. Vivimos tiempos difíciles. El futuro es incierto. Escuche que el presidente Sanchez le negó el uso de las bases a Estados Unidos. Tal vez crean que esta guerra no les concierne pero ya no hay guerras en el territorio. Hoy se dirimen por misiles de largo alcance y por acciones terroristas. Muchos de ustedes recuerden tal vez Atocha. En Argentina sufrimos dos ataques de la guerrilla financiada por Irán, la Embajada de Israel y la sede de la AMIA y tampoco olvidemos las Torres Gemelas en Nueva York. Hoy cualquier país del globo puede ser víctima de esta guerra y no poniéndose de rodillas ante el terrorista como se consigue la paz…-
Los aplausos se hicieron estruendosos.
-…Ahora parece que el presidente Sanchez ha pensado un poco y envió un barco al Mediterráneo. Es de esperar que abandone su nefasta ideología y tome conciencia de que no se trata de izquierdas o derechas. Hay asesinos diseminados por el mundo y cualquier cosa puede pasar en cualquier sitio. Ruego por ustedes y por todos los europeos que esta ola de violencia no los afecte. Pero deben estar alertas…-
Y continué hablando, interrumpida por momentos por los aplausos que se hicieron más notorios al finalizar mi discurso. Abascal subió al escenario y me levantó la mano como a un boxeador vencedor. Yo estaba feliz de poder expresarme.
Luego fuimos a una cena con los referentes de Vox. Estábamos contentas de sentirnos entre gente con nuestra misma forma de pensar. Pero debimos ir a dormir pues al otro día teníamos vuelo a Italia.
De Barajas a Fiumicino hay solo dos horas y media de viaje. De modo que estuvimos en el aeropuerto de Roma en el mismo día, donde nos esperaba una limusina enviada por el gobierno. Nos llevaron directamente al hotel Nazionale, frente a la Piazza del Monte Citorio, tan solo a una cuadra de Piazza Colonna, frente al Palacio Gubernamental. Por lo que esa noche, estando invitadas a la cena con la Primera Ministra, solo debíamos caminar unos pocos metros.
Nos preparábamos para salir a pasear un rato cuando se presentaron dos simpáticas damas que dijeron ser de la casa de modas Punt Roma anunciándonos que tenían una gran variedad de vestidos y calzados para que los usáramos esa noche. Eran vestidos largos por debajo de la rodilla, de gasa y tules, colores pastel y además de calzado con poco taco haciendo juego con el color de la prenda. Después de elegir el color que nos gustaba nos probamos todo y quedamos satisfechas. Las damas nos solicitaron sacarnos unas fotos que publicarían en una revista de modas.
Preguntamos acerca de cómo nos habían ubicado y elegido, pensado que era obra del gobierno italiano, pero una de ellas nos mostró una nota de un diario romano donde anunciaba que íbamos a reunirnos con la Primera Ministra contando además sobre las actividades de cada una de nosotras.
-Mira vos. Parece que somos famosas- Dijo Esther.
Una vez que las señoras se marcharon habiendo quedado que las prendas las devolveríamos entregándolas en la recepción del hotel salimos a caminar un rato.
No nos alejamos del hotel, recorriendo la Piazza Venecia, el monumento a Víctor Emanuelle, el Foro de Trajano, la colina del Campidoglio y los foros imperiales, terminando el paseo en el Coliseo.
Regresamos al alojamiento, nos duchamos y nos vestimos. Caminamos hasta el Palacio de Gobierno donde esperaba una secretaria en la recepción que nos guio por largos pasillos hasta el salón comedor privado donde cenáramos en una ocasión anterior.
Una vez dentro llegó a recibirnos la misma Giorgia Meloni en persona. Nos abrazó y besó a todas. Admiro a esa mujer. Luego nos indicó donde sentarnos alrededor de una enorme mesa redonda. Sacó de un pequeño portafolios dos libros y se los pasó a Marga sentada a su derecha.
-Este libro que habla de ustedes cinco quisiera que me lo firmen todas, y este otro “Piu Veloce” me lo firmas tú- Dijo dirigiéndose a mí.
De manera que nos fuimos pasando el ejemplar autoría de nuestro amigo Ricardo y estampamos nuestras firmas.
Tras ello llegó la comida que fue abundante y muy sabrosa. Durante la cena no dejamos de hablar comentando toda clase de temas. Ella se interesó en nuestras actividades y nosotras le preguntamos sobre su situación política.
Incluso preguntó.
-¿Y cómo lo ven a Javier?-
Fue gracioso, pero tuvimos que pensar acerca de quien preguntaba.
Capítulo 17
-Ahí anda. Peleándose con la realidad- Respondí cuando me di cuenta que se trataba del presidente Milei.
-No hay que dejarlo solo- Insistió Giorgia.
-Si, pero yo no estoy muy segura. Cualquier error va a hacer volver a los kirchneristas y el país se va al tacho de basura definitivamente- Aseguré.
- ¿Y cómo ve el tema de la guerra? - Preguntó Esther.
-Muy difícil. No solo es un problema humanitario sino también económico y corre el riesgo de agravarse. De todas maneras, algo había que hacer con esos criminales- Contesto la primera ministra.
Luego pasamos a temas más mundanos.
-No sabia que conocías tanto del tema de las carrearas de autos- Me dijo.
-Es una pasión que tenia oculta, pero siempre me fascinaron- Respondí
Luego acercándose a mí me interrogó.
- ¿No te gustaría conocer Maranello? -
- ¡Si! ¡Obvio! ¿Pero cómo hacerlo? -
-Conozco al señor Benedetto Vigna, gerente general. Te voy a contactar con él para que hagan una visita a la fábrica de Ferrari-
Fue la mejor noticia del día.
Después de la cena hicimos una sobremesa con café en un amplio salón con muy cómodos y mullidos sillones. La conversación siguió girando en torno a la guerra y la situación de Europa, sobre todo de Ucrania y la inmigración.
-Me gustaría conocer la Argentina, y también el lugar que tienen en el mundo ustedes en Uruguay, ambos son países muy bonitos- Manifestó Giorgia.
-Desde ya que seria un gran honor recibirte en nuestra casa- Exclamé.
Cuando ya estábamos por retirarnos la primera ministra hizo un breve llamado y al cortar me dijo.
-Listo, todo arreglado, mañana las esperan en Maranello-
Realmente no sabía como agradecerle tamaña generosidad. Nos despedimos con la promesa de volver a vernos.
-Eres una gran inspiración para nosotras- Le dijo Marga mientras le estrechaba la mano.
-No es para tanto- Respondió ella.
Y regresamos al hotel caminando, felices y entusiasmadas.
En la mañana siguiente una limusina nos llevó al Aeropuerto de Fumicino. Luego tomamos un vuelo privado hasta Bolonia lo que nos llevó una hora de viaje. En la ciudad nos esperaba otro vehículo que nos dejó en las puertas de la fábrica más icónica de la Formula 1, situada en la Vía Abetone.
En las oficinas nos recibió el señor Vigna en persona, trato que no es usual a los visitantes, pero el honor se debía a que llegábamos recomendadas por la señora Meloni.
Guiadas por el gerente recorrimos toda la fábrica, tanto de los vehículos de competición como los de calle. Estábamos asombradas por que no parecía una fábrica sino un laboratorio de especialidades médicas. Hasta los pisos brillaban.
-Esto esta más limpio que nuestra casa- Manifestó Keiko riendo.
Tras la recorrida salimos del predio y cruzamos la calle, siempre siguiendo a nuestro guía y preguntándonos adonde nos llevaba. Tomamos una calle llamada Vía Alfieri y tras unos pocos metros estábamos entrando en el Circuito de Fiorano, la pista de pruebas de la marca.
En un salón había varias máquinas de Formula 1 que nos fue mostrando. Estábamos en ese recorrido cuando el señor Vigna me dijo.
- ¿Se anima a conducir una de estas, unas vueltas? -
No lo podía creer. Aun tenia el rostro denotando mi asombro cuando mire los autos.
-Me temo que no podría. No tengo idea de para que sirven todos esos botoncitos- repliqué.
El hombre sonrió.
-Entonces lo que le vendría bien seria algo con pedales, embrague y acelerador- Dijo mientras se encaminaba al final del salón.
Cuando se detuvo me señaló el más hermoso vehículo de carreras, al menos para mí. Una Ferrari de la Copa Tasmania.
-A eso si me animo- Contesté.
-Bien- Aseveró y dio la orden a dos mecánicos que las sacaran a la pista mientras otro empleado me acercaba un casco.
Por suerte estaba vestida con jeans y zapatillas. Una vez que el auto estuvo en la pista me acomodé adentro. Me costo un poco debido a mi altura, pero lo logré. Encendí el motor gracias a las indicaciones de los mecánicos y salí lentamente.
De a poco le fui tomando la mano y comencé a acelerar, pero no mucho, tenia miedo de estropear el auto. Di cuatro o cinco vueltas. Estaba en la gloria. Imagínense, yo, conduciendo una Ferrari en Fiorano. Juro que no me hubiera bajado más. Era como uno de esos orgasmos interminables que me vienen cuando tengo sexo con las chicas.
Finalmente volví a la realidad. Detuve el auto frente a mis amigas y el señor Vigna. Sali, nuevamente como pude, del auto y dando la mano al gerente le manifesté.
-Me ha hecho una mujer muy feliz-
El hombre sonrió. Marga no dejaba de filmar todo lo sucedido.
-Como te van a envidiar cuando lo subas a tu canal de You Tube- Me dijo
Luego nos invitaron a un agradable almuerzo donde el tema de conversación fueron las carreras y el futuro de Colapinto.
-Es chico tiene futuro. Hay que observarlo bien- Dijo Vigna.
Y regresamos a Roma de la misma manera que habíamos llegado. Yo estaba absolutamente feliz.
De Roma, vuelo a Montevideo, sin escalas. Y de la capital a nuestro refugio en el mundo. Habian sido varios meses en que mezclaron la felicidad de haber cumplido un sueño y la tristeza por la situacion mundial. La caida de Maduro tal vez sea un paso adelante para el pueblo venezolano. La caida del regimen iraní ojala lo sea tambien para su pueblo. Y que pronto se puedean liberar los cubanos de la dictadura castrista. Las guerras son horribles pero por las buenas no se puede conseguir terminar con las tiranías.
FIN
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