Friday, February 08, 2013

Crossdressing, reflexiones


La vida, todos sus estamentos, personas, organizaciones, sociedades, mayorías y minorías, son como el organigrama de una empresa. Uno cree que todo se reduce a un señor que dirige pero este a su vez se ramifica en vicepresidentes, gerentes, oficinas específicas, empleados y cadetes. Todo se subdivide, cada cosa con sus propias características, diversas e irrepetibles en un conjunto mas o menos armonioso.
Y si nos adentramos en la Física Quántica, vemos que los científicos, que antes promulgaban al átomo como último y más pequeño elemento, encuentran que éste esta conformado por partículas más pequeñas que a su vez se dividen en partículas aun más pequeñas.
En la sociedad rige también este aserto. En la necesidad de un sitio de pertenencia los individuos se agrupan a través de intereses comunes a los que etiquetan debidamente para ser reconocidos entre el marasmo de la humanidad. Pero la diversidad, aun en grupos pequeños, subsiste, por suerte, y cada uno rescata en su individualidad lo más profundo de si mismo.
Esta verdad rige también para el Crossdressing. Podemos definirlo según parámetros elementales que cada una de nosotras conoce bien, pero, como dice Karen en su nota de la Revista Soy, “cada crossdresser es un mundo aparte”. Y esta bien que así sea. Eso es lo que nos enriquece.
Podemos decir también que todas hemos pasado por diferentes etapas, que la búsqueda de nuestro estilo, de nuestra personalidad, nos ha llevado por caminos, a veces inciertos y muchas veces placenteros. Lo mas sano es dejar atrás esas etapas como muda su piel la serpiente cada año sin importarle que sucede con la piel vieja.
Yo misma pase por etapas, hoy, con absoluta seguridad me proclamo homosexual, pero estuve casada, en una época de indefiniciones donde creía que me había quedado a medio camino entre ser homo o ser hetero, o ser una travesti “a medio realizar”. El matrimonio pasó, dejando como ilusión una supuesta vida heteronormativa, la de tener hijos, una casita en los suburbios, trabajar toda la vida en el mismo lugar, jubilarme y que los nietos me pasen por arriba teniendo que tolerarle cualquier cosa mientras ellos piensan que soy un viejo que no sabe nada.
Hijos tengo, dos, con sus vidas independientes, afortunadamente no me joden con nietos y del matrimonio solo quedo un placentero almuerzo de vez en cuando con ellos, sosteniendo una buena relación, dos hijos que tomaron mas con gracia que con espanto el video que había filmado con una historia en donde yo hacia tres roles y en uno de ellos aparecía vestida de mujer y mi ex que me manda cuanta boludez encuentra en Internet. El resto es mío. La literatura, la pintura, una relación que va a cumplir diecisiete años con mi pareja hombre, y el crossdressing. Todo mío.
También quedo atrás la época del desenfreno, los últimos siete años de mi matrimonio en que me acostaba con cuanto hombre se me cruzaba y me quedaba a tiro. Todo quedo atrás como la piel de la serpiente.
Hoy soy lo que soy. Crossdresser, si, tal vez. Se que no entro en las definiciones que dio Karen. No soy el hombre hetero que se viste de mujer, no estoy sosteniendo una familia heteronormativa que me impide travestirme salvo muy de vez en cuando. Yo ando montada todo el día en mi casa, así como en la de mi pareja. No llamo “mi hermano o hermana” a mi otra mitad, sino así como lo digo, mi otra mitad. Y no es mi “hermano” quien paga mis gastos, sino yo misma con mi sueldito.Y hace rato que no uso el espejo para confirmar mi identidad.
¿Qué todavía no ando todo el tiempo montada dejando atrás mi “vida como hombre”? Si, es posible que sea una materia pendiente. Pero tampoco quiero renunciar a las cosas que logró mi otra mitad, un cierto nombre como escritora, o escritor, debería decir. Al menos tuve el valor para salir del closet con amigos a los que, afortunadamente, les pareció genial. No esperaba su aprobación, solo decidí que valía la pena decírselo, como así creo que no vale la pena decírselo a otros. Del closet nunca se termina de salir. Siempre hay alguien nuevo, o viejo al que se reencuentra después de muchos años, al que se le podría contar lo que nos pasa.
Hace algunos años sostuve con Karen una pequeña polémica, a través de mail en el grupo de Crossdressing Buenos Aires, no se si ella la recordará, pero el tema era que planteaba todo lo que escribió en la nota de hace una semana y yo, tomándome inevitablemente cono auto referente, intentaba rebatirle sus conceptos. El paso del tiempo, el conocer a las chicas personalmente en la reuniones de La Banda del Golden Cross, y el hecho de tomarme mi tiempo para pensar un poco acerca de todo esto, releyendo la nota comprendí lo esencial. La diversidad. Karen lo deja claro  en un par de frases, no todas son iguales, no todas piensan lo mismo, no todas viven el crossdressing de igual manera. Por eso coincido con ella.
Y por eso yo sigo pensando como individuo, por que digo que soy crossdresser pues es lo que mas se acerca a lo que siento en mi alma, por que cuando conocí esta mágica palabra ¡a los cincuenta y dos años! crossdressing era para mi un mundo uniforme, en estos últimos años comprendí que es también como un átomo, esta lleno de electrones y protones y partículas subatómicas, es decir esta vivo.
Y otra cosa acerca de la Física Quántica, no recuerdo ahora el nombre especifico, pero los científicos descubrieron que hay partículas que pueden dividirse, en realidad no es la definición correcta, pero lo que hacen les permite estar en dos sitios al mismo tiempo creándose de su estudio la Teoría de los Universos paralelos. ¿No seremos las cross como esas partículas, viviendo en universos paralelos, siendo dos y una al mismo tiempo?