Friday, March 30, 2012

Un largo camino



Todas sabemos que en esto del crossdressing cada una sabe de su propia experiencia y aunque parezca presuntuoso no queda mas remedio que volverse auto referencial y esto lo digo por que he sentido que a lo largo de mi vida como cross he experimentado varios hitos importantes

Estos hitos están relacionados con la percepción que tenemos en cuanto al entorno y a nuestro cuerpo y la forma en que esta percepción juega en nuestra mente.

Una vez que tomé conciencia de que deseaba vestir con ropas femeninas y todo era curiosidad y novedad mi compañero mas intimo era el espejo. Claro que el espejo nos acompaña siempre, pero en esa primera etapa era como si solo frente a él existía. Me vestía para verme, de frente, de perfil, haciendo gestos. Mi cuerpo femenino era ese cuerpo que veía reflejado y nada más que eso, o al menos era lo más importante.

El paso siguiente fue sentir la ropa y la femineidad totalmente integrada a mi cuerpo. Ya no era solo el espejo, era todo lo que hacia estando montada, era sentirme mujer sin necesidad de mirarme cada cinco minutos para comprobar como lucía.

Era sentir la piel disfrutando del momento mágico volcando toda la energía de ese goce hacia adentro, hacia el alma, hacia el corazón. Era sentirme persona femenina y no un chico disfrazado.

Continuando con el proceso se produjo el cambio de la mirada. Es decir, no la que tenía sobre mi misma sino la aparición de la mirada del otro. Del que me ve montada. La mirada del otro me legitima, aunque no sea totalmente aprobatoria, eso es lo menos importante, como hombre también estoy expuesta a la mirada de los demás y eso no tiene que ver con mi propia valoración. De todas maneras es la confirmación de mi existencia real.

El nombre. Nada existe sin algún nombre que lo identifique. Es imposible ser sin nombre. Sin poder decir esta soy yo. Por eso me tome tiempo para pensar como quería ser conocida ya que tenemos la suerte de poder elegir como llamarnos contrariamente al otro nombre, el del documento que nos endilgaron nuestros padres.

Cuando llegó la Internet interactiva y todos sus sitios como Facebook, blogs, se me abrió la gran puerta. De ser conocida por tres personas, mi tía, mi pareja y mi amigo fotógrafo pase a ser conocida por miles de personas. De creer que era la única a saber de todas las demás. De ignorar como se llamaba este estilo de vida a conocer a Claudia y su maravilloso Crossdressing Buenos Aires.

Salir a la calle me cambio la mente. No solo la experiencia de poder andar por ahí siendo quien soy, sino toda la percepción de que mi cuerpo es más real que nunca. Es como dejar a mi paso una huella, un recuerdo, una imagen, una palabra, un momento disfrutado como lo hacen todas las personas vivas. Y no solo salir, también recibir viejos amigos que me han aceptado como soy. Y esa experiencia modificó también lo que hago puertas adentro de mi casa. Como tengo la posibilidad de estar montada todo el tiempo comencé a cuidar con más esmero las prendas que uso para salir y utilizo dentro de la casa otras más modestas para no estropear las anteriores.

En suma, que hubo un largo camino desde el espejo hasta la calle, de mi mirada a la mirada de los otros, de la imaginación a la realidad, del anonimato al conocimiento, de la soledad a la interacción, del intentar al ser, del desear al hacer.

Un largo camino de baldosas amarillas para buscar el arco iris (referencia para las que vieron El mago de Oz)

Un largo camino que afortunadamente todavía tiene muchos kilómetros por delante.

Alexia Montes.